El problema universitario chileno

P.D.

El problema de la universidad chilena es el pésimo nivel de sus alumnos, que llegan deformados desde el colegio. Por lo tanto el problema de la universidad chilena está en el colegio. ¿Qué pasa en los colegios? Simplemente no pasa nada, ése es el mayor problema. Un alumno puede pasar diez años de su vida yendo todas las mañanas a un establecimiento, aprobar todo con un cómodo promedio 5,8 y simplemente salir de ahí a los dieciocho años sin saber qué diablos hacer, perdido en el planeta tierra, sin los conocimientos básicos de un ciudadano con derecho a voto, sin una cultura que le haga situarse en la línea de la historia, con mala ortografía y una pobre capacidad de expresarse en su idioma materno, ignorante total en inglés o el idioma extranjero que le tocó (pudo ser el chino mandarín de los colegios del ministro Bitar)  incapaz de estudiar, esto es, de poder sentarse frente a libro por algunas horas e intentar aprehender una idea, y lo que es peor, falto de interés y afán por aprender cualquier cosa. Y no deja de tener razón: si la historia o la ciencia es lo que le enseñaron en el colegio, entonces no vale la pena dedicarles mucho tiempo.

Este alumno ha sido estafado. Durante diez largos años de su vida, cada minuto y cada segundo, ha sido estafado. Desde que la parvularia no lo obligó a comerse la colación a su hora, desde que el profesor de básica se le ocurrió enseñarle a leer y a escribir con métodos más “amigables e intuitivos”, desde que en la adolescencia no le sacaron trote, sino que lo dejaron a merced de su “propia creatividad”, desde que los propios profesores, ya por tedio, por temor o simplemente por un arranque inexplicable de ternura le perdonaron, una y otra vez, sus atrasos, travesuras y faltas de respeto (“es un chiquillo, qué le vamos a hacer, hay que darle una quinta oportunidad”). Desde que el director decidió no dejarlo repitiendo de curso aunque tuviera muchas materias sin aprobar, desde que el profesor de castellano consideró que la ortografía no era importante o que la Ilíada era un libro demasiado largo. Todos los días una estafa nueva. El estafado va creciendo sin hábitos, sin exigencias, sin deslumbrarse con la ciencia o el arte, y por lo tanto sin proyectos personales. Esos profesores que le perdonan todo se han transformado en seres ridículos, útiles para hacer bromas : rara vez un ser

Gaudeamus Igitur. (“Carrete mechón” en Con-cón)

ridículo podrá ser modelo. El estafado cree que el conocimiento es algo fácil: tiene un excelente promedio en filosofía, porque en la última clase el “profe” le puso un 7 al “trabajo en grupo” sobre el amor platónico, sacado de internet. En historia le va bastante bien, sacó un 6,5 en la examen final con alternativas, porque se sentó al lado del mateo y pudo copiar. Yo no tiene miedo a que lo sorprendan copiando: una vez lo pillaron y le dieron otra oportunidad, porque su mamá amenazó al colegio de que si le hacían algo, iba a denunciarlos. En inglés todos los años ven las mismas cosas: los colores, nombres de la ropas y los verbos en pasado. De leer algún libro en inglés, ni hablar.

El estafado llega a 4o medio, ocupa casi todo ese año en preparar la prueba de selección académica, rinde dicha prueba y entra a la universidad que le corresponde por su puntaje. Y los profesores universitarios se sorprenden: tienen en frente a un analfabeto. Si fuera un par, sería una anécdota, pero como son un ejército los estafados, entonces para evitar el desastre hay que hacer muchos ramos introductorios, incluso dar cursos de castellano o de cultura general, armar “5º medios” para evitar la fuga masiva de alumnos. ¿Qué puede hacer la universidad si en el colegio no se aprendieron nociones fundamentales? Nada. Quod schola non dat, universitas non praestat, es el dicho que queda como anillo al dedo.

Se habla mucho de la desigualdad social en la educación, de que la cuna determina la calidad de educación, etc. Pero yo veo que los estafados son una clase transversal, los hay ricos y pobres por igual. Incluso se podría pensar que los que desembolsaron millones durante diez años fueron más estafados, porque además de deformarles la cabeza les robaron la plata.

¿Qué está pasando en nuestros colegios? ¿Son la mayoría de los profesores malos, como se deja entrever en mi relato caricaturesco, o sólo algunos de ellos? ¿Son éstos a su vez víctimas de un sistema perverso, que los obliga a ser mediocres para poder sobrevivir? ¿Existe alguna solución realista a este problema de la estafa? Todo eso en la próxima columna. Hasta entonces.

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24 comentarios

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24 Respuestas a “El problema universitario chileno

  1. Te copio un diálogo experimentado en primera persona que puede ayudar a alumbrar el problema.
    Dramatis Personae:
    D: Coordinadora del Programa de Ética de un conocido instituto profesional, profesora de filosofía por la USACH, Candidata a Magister en “pensamiento moderno” en la UDP.
    A: Lic. en Filosofía por una conocida Universidad cota 1000, MA en guión y candidato a MA en cinematografía.

    La escena se sitúa en la república independiente de Maipú.
    A: D***, acabo de sorprender copiando a dos alumnas en la prueba de ética. Se consiguieron la pauta de correcciones y pusieron todas las respuestas correctas… para la otra forma. Cuando les entregué la prueba me increparon, una me tiró la prueba por la cabeza y salieron de la sala dando un portazo.
    D: A***, ten cuidado con tu evaluación docente.

    Luego de una larga charla de media hora, la conclusión se deja ver.

    D: A***, tienes que tener presente que esto es un negocio.
    A: …

    FIN.

    Epi-logos

    El profesor es un facilitador del aprendizaje, el cual desarrollan los alumnos… por osmosis, es decir, por el mero contacto con la actividad poiética. El profesor está ahí sólo para timbrar papeles que certifican que el alumno sabe. Cualquiera puede hacer clases de lo que sea, porque los conocimientos no son un hábito adquirido por ejercer un acto intelectual sino competencias que te permiten ser contratado por una empresa al salir. El profesor ya no es profesor, es decir, no es alguien que sabe algo valioso y lo comunica, es alguien que certifica, un mero cajero de banco que timbra vales vista: un empleado más en la cadena de productividad de la nación. Educar ya no consiste en alumbrar una realidad sino en vigilar que todas las casillas de verificación de la ficha estén con su visto bueno respectivo.

    Podría decirse que esta es la panorámica que hay en un centro de formación técnica, pero lamentablemente no es así. Esta “visión” de la “educación” se ha extendido hasta la universidad y ha hecho metástasis en la educación secundaria. No se aprende para saber sino que se aprende para hacer. Lógico. Si hay que lograr cualidades técnicas, las virtudes intelectuales o morales son absolutamente irrelevantes, luego no hace falta una experiencia vivida de la verdad o el bien, sólo un “paco de punto” que verifique que las cosas no se salgan demasiado de madre. Pero no tanto, porque los “profes” “mala onda” son mal evaluados.

    Y lo más curioso del cuadro es que salen a la calle los alumnos pidiendo no ser tratados como clientes… y en ese mismo acto, están actuando como tales: maravilloso broche de oro para una comedia absurda francesa del s. XIX.

    • Qué macabro el diálogo educacional. Ahí está el problema: ¿qué es la educación universitaria? ¿un mero negocio? ¿una fábrica de diplomas para desempeñarse en un trabajo? La lógica utilitarista lo termina matando todo.

  2. cd

    Pato, si entiendo bien tu columna, la tesis es que el problema principal es la disciplina (ya sea en conducta o en un método de enseñanza “blando”).
    Hace 30 o 50 años creo que eso sobraba (y probablemente de hecho se iban más hacia lo brutal). Sabes cómo estaba Chile hace 50 años? Me imagino que era más o menos como el Congo Belga de Tintín.

    Los problemas que apuntas son relevantes, pero muy secundarios a mi parecer.
    Salud!

    • Estimado Chino: no, la disciplina (entendido como el atenerse a las reglas de convivencia o el usar métodos estrictos para aprender) es uno de los problemas. El problema de fondo, para mi, es la falta de reflexión antropológica acerca del fin de la educación. La educación charcha de la que hablo (donde las clases de filosofía son auto-ayuda, la historia es un relato caótico de fechas, inglés es aprenderse un par de palabritas y 4º medio es un pre-universitario) es producto , para mi, de la falta de horizonte mental de los “ideólogos” de la educación, de la flojera de los directores de colegio y del ambiente mediocre en general. No se trata de pegar con varilla ni de ponerle orejas de burro al porro, sino de exigir, atreverse a poner un rojo, dar libros de lectura interesantes aunque sean arduos, abrirle al alumno la cabeza a ciertas cosas difíciles (ecuaciones complicadas, textos de Platón, qué sé yo) etc. En Chile, lamentablemente, son pocos los colegios que cumplen con esos requisitos, aunque claro que los hay. En el Grange (perdón por el ejemplo cercano) sí se lee buena literatura inglesa, en el Instituto Nacional tienen buenas clases de historia, en el Tabancura hay buenas clases de literatura y filosofía, etc, etc. Pero la experiencia concreta (como ayudante de ing. comercial y periodismo en una U. privada que pedía más de 600 puntos) y la experiencia de una docena de amigos que hacen clases en muchas universidades me indica que ese tipo de colegios son la excepción.

      Saludos!

      • cd

        De acuerdo contigo, pero creo que la columna se aplica a ese 15% de la población que podría tener una muchísimo mejor educación y no la tiene debido a la falla en la filosofía educativa.
        Para la inmensa mayoría esto es secundario. Estamos hablando de niños/jóvenes de 12 años que no pueden entender el diario, ni Isabel Allende, ni nada. Lo leen (el analfabetismo es casi inexistente en Chile), pero no entienden nada. O, como ejemplifica Waissbluth, alumnos de ingeniería que no entienden lo que es un logaritmo.
        Todo eso no creo que pase porque el profesor sea blando (probablemente ni siquiera lo es, me parece que la educación “buena onda” es más de colegios donde hay cierta holgura ya), sino que por otras cosas más difíciles de solucionar.
        Salud!

  3. Santiago Baraona

    Uno de los problemas para llevar a cabo un colegio que abra más perspectivas es encontrar a los profesores adecuados. Otro: el sistema de admisión a las universidades pone una presión para que los directores sean “pragmáticos”. Los ranking no ayudan en nada…
    Un saludo desde Chile. Santiago B (ex director de colegio….)

    • patodom

      Estimado Santiago: muchas gracias por aportar en este blog; tú tienes una experiencia concreta en estas lides. Me imagino que llevar las riendas de un colegio debe ser agotador, sobre todo porque hay mucha presión: los alumnos quieren una cosa, los padres exigen otra, los profesores y los directivos, por su parte, también plantean su visión. Pero, ¿quién debería tener la última palabra sobre asuntos curriculares cuando hay disenso en temas de fondo? ¿Cómo lo hace un director, o una junta directiva? Uno podría pensar que, dado que los padres son los primeros educadores de sus hijos y que el colegio es algo así como una extensión de la casa en ese respecto, ellos deberían determinar eso. Por otra parte, los profesores tienen más experiencia enseñando y se han dedicado con más profundidad a sus propias materias. Propongo un caso ficticio: el director de un colegio decide que en 4º medio hay que enseñar más historia de Chile y quitarle peso a la PSU. Muchos padres están preocupados de la PSU, y probablemente la medida los va a inquietar, algunos incluso se van a rebelar contra la idea. Si el director es un convencido de que la historia es más fundamental para la formación de un alumno que la PSU, y está en lo correcto, ¿cómo podrá convencer a un apoderado que simplemente no le interesa la historia y quiere a toda costa que su hijo saque 700 puntos en la PSU? ¿Hay respuesta a este dilema?
      Un saludo,
      tu ex-alumno Pato D.

      • Antonio Gimenez

        No estoy de acuerdo contigo Chino sobre esa distinción entre el 15% y el 85%. Primero, porque si bien los ejemplos de Patricio pueden ser ‘sacados’ de su experiencia con cierto tipo de colegios, el espíritu de la crítica puede aplicarse a una realidad nacional. Al menos eso creo. De hecho, el ejemplo que citas de Waissbluth me parece que obedece al mismo espíritu, si bien toma como fuente del ejemplo lo que tu llamarías el 85%. Segundo, siguiendo con el caso de Waissbluth: este señor está preocupado de los ‘mínimos’. A mí me parece muy interesante incluir en esta discusión sobre ‘mínimos’ una discusión sobre ‘máximos’, para saber hacia dónde deberíamos apuntar. Hace un tiempo discutíamos en este blog sobre el ‘escándalo’ que le causaba a ese señor Bustamante de la Adolfo Ibañez el deficiente resultado de la prueba nacional de inglés en Chile. Patricio escribió entonces una carta al Merc. enfantizando sobre ese escándalo el ‘mucho más grave del castellano’. Si no me equivoco tú argumentaste del modo ‘una cosa no quita la otra’. Pues bien, este es un buen ejemplo para una discusión de mínimos y máximos: ¿el país quiere formar ‘efectivos’ buenos hablantes del español y ‘posibles’ buenos del inglés o ambos como ‘posibles’ o ambos como ‘efectivos’?

        Conocer los máximos para fijar los mínimos.

      • Estimado Patricio, efectivamente los directivos de los colegios se enfrentan a dilemas como el que tú planteas. Para sortearlos con éxito se requiere que ellos mismos tengan muy buena formación intelectual para que puedan discernir lo importante de lo accesorio; qué aspectos del currículum no son transables; cuáles son los límites para la influencia de la PSU en el colegio. Me parece un error ver disyuntivas insalvables. Hay que tener cierta mano izquierda y una dosis de pragmatismo para ir consiguiendo una educación de calidad sin transar en lo que has definido como fundamental; y a la vez, ayudar a los alumnos a sortear las pruebas de acceso a la universidad. No me parece realista no tener en cuenta la PSU. No siempre el camino más corto es la línea recta.

  4. Batman

    Muy bien PD. Ese es el problema, la vida consumista y vacía con la que están siendo criados nuestros niños. Pobres o ricos, crecerán admirando lo material y nunca lo espiritual, “la tele en la casa” en vez de salir de caza, y la desgracia de moda: ahora están en el colegio para “emprender” en vez de aprender.
    El rico se beneficiará de sus contactos y a que gracias a su medio ambiente con estímulos, vida saludable y de pocas perturbaciones, podrá entrenarse tranquilamente en la práctica de algún excel productivo.
    Como profesor en una universidad cota mil y alumno,ayudante y profesor en una tradicional (atravesando más de 4 carreras ya, de diferentes composiciones socioeconómicas), puedo notar que independiente de la clase social, es una vergüenza su manera de pensar. Muchos no saben escribir, en clases llegan a preguntar “¿esto lo escribo en el cuaderno” , quieren correr controles y no tienen idea de dónde están parados. Esto principalmente en una universidad cota mil, donde tenía al frente a jóvenes que provenían de los mejores colegios privados del país. Todo el mundo, y ésos sobre todos, son estafados. Aunque suene extraño, hay que partir interviniendo la sociedad del consumo que invade a los niños, inocente público objetivo del “mercado cruel”.

  5. Juan Luis

    Estimado PD:
    Estamos de acuerdo en que existe una crisis generalizada en el sistema escolar, una crisis que transversal que abarca a todo el sistema y que no es sólo un fenómeno acotado a la realidad más vulnerable del país, pero me parece, como bien señala C.D., que la solución no pasa por el hecho de poner más rojos, exigir más disciplina y atreverse a sacarles trote a los alumnos; al menos, no va sólo por ahí la cosa. De hecho, muchas prácticas a las cuales te refieres irónicamente, como los trabajos en grupo, actividades creativas, etc. apuntan justamente en la dirección correcta: es necesario y urgente recurrir a nuevas metodologías que permitan motivar a los alumnos hacia el aprendizaje, y eso necesariamente pasa por innovar, por usar los recursos que provee la tecnología, por darle dinamismo a las clases, por abrir espacios a la creatividad, al desarrollo de juicio crítico, por abrir espacios de debate, diálogo: en fin, por romper con el viejo esquema que ha imperado hasta ahora y por sacar al profesor de su posición asimétrica de autoridad que transmite los conocimientos.
    Lo que tú planteas se corresponde con la lógica conductista del premio y castigo o estímulo y respuesta. Esa lógica hoy día ya no da para más, está superada, ya que la autoridad del profesor ha sido duramente cuestionada también, muchas veces con justa razón. Los premios y castigos tiene que aprender a construirlos y dárselos el sujeto mismo, sin depender de lo que proporcione un medio externo. Lo único que hace esa lógica es a que los alumnos aprendan sólo por la nota o para pasar la prueba, y eso se refleja en que realmente no aprendan a leer ni a escribir ni a pensar bien. Todo el proceso de aprendizaje ha sido orientado hacia allá y los resultados los tenemos a la vista.
    Como bien sabes, la estructura de la sociedad ha cambiado radicalmente en las últimas décadas, lo que demanda una nueva funcionalidad del sistema educativo, que este no es capaz de proporcionar en el actual estado de cosas. La era de las comunicaciones, en donde los conocimientos cambian y se transmiten de una manera vertiginosa, ha afectado duramente a la escuela y está no ha sabido cómo enfrentar los desafíos que aquella le depara. El principal desafío es precisamente que la escuela le enseñe a pensar a los alumnos para que a dotarse de un cuerpo de conocimientos fijo. Es necesario contar con un mínimo de información, pero lo más importante es desarrollar un juicio crítico que permita a los estudiantes enfrentar la complejidad del mundo de hoy. No se saca nada con transmitir conocimientos que al salir de cuarto medio, ya estarán totalmente obsoletos.
    Entonces, hay que entender que debe darse un cambio radical de enfoque, en que se abandone definitivamente el esquema clásico de las clases lectivas en que el profesor habla y los alumnos escuchan. En ese sentido, el
    constructivismo piagetiano y vigotskiano apuntan un poco a eso. Lo que se ha hecho en el Cordillera y que se está comenzando a implementar en muchos colegios va en la dirección correcta, la cual es darle un involucramiento activo y participativo del alumno en su propio proceso de aprendizaje. No puede ser que el alumno se dedique durante 10 años a ser un sujeto pasivo que lo único que hace es escuchar como un señor le habla de un tema que ni le interesa ni lo ve como necesario aprender ahora y que su actividad se remita a tomar apuntes y levantar la mano de vez en cuando para hacer un comentario.
    Detrás de todo esto, el grave problema es que la mayoría de los profesores han sido educados con la lógica antigua y no conocen ni dominan las nuevas metodologías, entonces hay un problema grave en la formación de estos. Se requiere una gran humildad de parte de estos para que se den cuenta que tienen que cambiar, que sus metodologías no dan para más y que tienen que ser sencillos a la hora de enfrentar las dudas de sus alumnos. La imagen del profesor omnipotente, omnisciente que lo sabe todo de todo, es un ridiculez del porte de un buque: es sólo un mecanismo de defensa que esconde una gran inseguridad detrás. Es necesario dejar esa hipocresía y falta de honestidad intelectual y ser valientes y atreverse a reconocer que hay muchas cosas que no saben y que les queda por aprender.
    Todo lo anterior te lo digo con toda responsabilidad y conocimiento de causa.

    Saludos,
    Juan Luis Cordero
    Estudiante de Psicología Educacional y de Filosofía UC

    • Pato D.

      Estimado Juan Luis, te agradezco que hayas publicado tu opinión en este blog. Si entiendo bien lo que postulas, el hecho de que los alumnos salgan del colegio con un nivel muy pobre se debería a que los profesores están sujetos a un esquema, que tú llamas “tradicional” o “viejo” u “obsoleto”, que se caracterizaría por el hecho de que el profesor habla y habla, mientras los alumnos están pasivos frente a él, sin entender mucho. A este supuesto método lo llamas “lectivo”. A mi me parece que estás criticando una caricatura creada por ti mismo. Criticar un método educativo en donde el alumno necesariamente se comporta como un idiota y el profesor es un señor aburrido (cito: “durante 10 años a ser un sujeto pasivo que lo único que hace es escuchar como un señor le habla de un tema que ni le interesa ni lo ve como necesario aprender”) es intentar ganar la posición de antemano. Pero el asunto es más complicado que eso.

      1.En primer lugar, todo ese lenguaje de la “innovación” radical y de la crítica a “métodos tradicionales-obsoletos” esconde muy poca conciencia histórica. A través de la historia ha habido una pluralidad de enfoques sobre la educación. Es imposible reducir todo la praxis pedagógica de la historia a un sistema tan burdo como el que propones. Por de pronto, la reflexión pedagógica ha existido desde hace miles de años, y muchas han sido los esquemas propuestos desde entonces (en Atenas había visiones contrapuestas sobre el asunto, el caso más famoso es Platón vs. Isócrates). Por otra parte, si toda la historia hubiese estado dominada por un sistema tan burdo como el que planteas, hubiese sido imposible que hubiese salido gente más o menos razonable del colegio, lo cual está refutado por la experiencia. Queda, entonces, que matices un poco a qué te refieres históricamente con este sistema “obsoleto”.

      2.En segundo lugar, atribuir un fracaso o un logro simplemente a un método didáctico, o peor aún, al uso de las tecnologías, es ingenuo. Un método didáctico o una tecnología pueden ayudar o no ayudar, pero jamás constituir el fondo del acto educativo. ¿Porqué? Por la simple razón de que el aprendizaje es un proceso racional vivo, y no un mecanismo. Si la razón fuera algo mecanizable, la presencia del profesor sería innecesaria, el diálogo interpersonal podría ser sustituido por programas de computación. Por eso, un profesor puede cautivar a la sala de clases simplemente mediante su narración, sus preguntas, sus razonamientos. No hace falta que “innove” desde el punto de vista tecnológico o que introduzca variaciones metodológicas. La mayéutica socrática, hasta donde yo sé, no ha logrado ser superada desde el siglo IV. Más que métodos nuevos, necesitamos más Sócrates y Platones en nuestras aulas. Un buen profesor será un buen profesor en diversas partes del mundo y usando diferentes metodologías. Creer que en lo externo está el problema es esquivar el problema. Con esto no le resto importancia a las metodologías: por el contrario, las metodología es importante, pero siempre tiene que ser derivada de una reflexión sobre el acto educativo, y no al revés.

      3. Volviendo a las metodologías. No es lo mismo enseñar filosofía que arte, o música que inglés. O enseñarle a un niño de 8 que a un adolescente de 15 o a un joven de 24.
      Obviamente las metodologías tendrán que variar en cada caso. Como el aprendizaje es algo vivo, no hay “innovación” didáctica que sea infalible a priori. Como bien tú dices, muchas cosas se aprenden jugando en el caso de los niños (eso no lo inventó la innovación psicologista contemporánea; ya San Agustín en las ‘Confesiones’ observaba que los niños aprenden su idioma de modo espontáneo jugando y riendo). Sin embargo, hacer jugar a jóvenes de 24 años puede ser fuera de lugar. Una vez una practicante del Goethe Institut empezó a hacer juegos con pelotas en un curso avanzado de alemán. Los alumnos se aburrieron. Querían de vuelta al profesor que les hablaba de Goethe y de el uso del pluscuamperfecto. Por eso en mi columna destaqué ciertas cosas que hacen falta en nuestras escuelas, y que son transversales a las metodologías: la exigencia, el gusto por lo arduo, el afán de saber, etc. Establecer el “pasarlo bien” como condición necesaria del aprendizaje sí me parece conductista. La búsqueda de la verdad es un placer, pero no todo placer es “lúdico”. Te pongo un ejemplo. Leer a Hegel. Nada menos lúdico. Pero sí muy interesante y sano intelectualmente para quienes estudian filosofía.

      3. Por último. Tú sostienes que “el principal desafío es precisamente que la escuela le enseñe a pensar a los alumnos para que a dotarse de un cuerpo de conocimientos fijo. Es necesario contar con un mínimo de información, pero lo más importante es desarrollar un juicio crítico que permita a los estudiantes enfrentar la complejidad del mundo de hoy.” Me parece una tesis muy errónea. Nuevamente, separas el fondo de la forma. Como si las habilidades intelectuales y los conocimientos no fueran dos caras de la misma moneda. Pensar sin contenidos no es pensar, es meramente computar. Consideremos el caso de la historia. Para tener juicio “crítico” (es decir, juicio para discernir) histórico, hay que haber estudiado historia a fondo: conocer los diferentes procesos, las efemérides, las fechas, las implicancias, los trasfondos culturales, etc. Es decir, la habilidad para pensar bien la historia sólo se logra si se dispone de un cuerpo de información. La metáfora del “cuerpo” es interesante. Un cuerpo es algo orgánico, sólo quien posee un “cuerpo” de información podrá luego “enfrentar la realidad compleja de hoy” (toda realidad histórica es compleja… ¿la vamos a hacer más comprensible con más pantallas táctiles?)

      • Juan Luis

        Patricio:

        Respecto a 1), veo que tienes un vacío profundo en cuanto a la historia y proceso de desarrollo del sistema educativo. Tú supones que ha habido una continuidad desde la Academia platónica hasta hoy, de que existe una tradición casi milenaria al respecto: eso es falso. El sistema educativo, tal como lo conocemos hoy, vale decir, educación obligatoria para todos los ciudadanos, que asisten a un colegio donde hay gente que se ha preparado para enseñar (pedagogos), todo lo cual se da de forma masiva, en cursos de 30 o 40 alumnos, es un invento de la modernidad, producto de la Revolución Industrial, sin contar con los primeros antedecentes que ya estuvieron presentes en el Renacimiento, Ilustración y Revolución Francesa. La formación pedagógica formal surgió recién junto con ello, lo que no quita que el “arte de enseñar” haya existido desde mucho tiempo atrás. En consecuencia, lo que yo critico no es una tradición milenaria, que ha perdurado todo este tiempo con una continuidad histórica, sino que es algo relativamente nuevo, de no más de dos o tres siglos, creado en, por y para la R.I., con unos propósitos y fines determinados, objetivos que hoy no se ajustan a la realidad que enfrenta la sociedad actual y que es totalmente legítimo cuestionarlos, criticarlos e intentar cambiarlos. Aquí no estamos hablando del valor del conocimiento y del descubrimiento de la verdad; no me malentiendas. Creo y sostengo los mismos principios antropológicos clásicos que tú; el tema es otro. No estamos hablando del gozo de la contemplación de lo Bello, Bueno y Verdadero. Esto se trata de que cómo los niños de nuestro país, especialmente aquellos con escaso capital cultural, puedan recibir una buena educación y poder desarrollar sus facultades humanas para, si Dios lo permite, lleguen a descubrir la Verdad por sí mismos. La cuestión es que sin un mínimo desarrollo intelectual y volitivo, es difícil que lo logren.

        Relacionado a 2), me parece que tu visión es tremendamente idealista y elitista y, por tanto, pierden peso tus ideas al intentar plasmarlas en la realidad. Lo que tú propones es un sistema que, a fin de cuentas, esté centrado en educar a los mejores y que logre potenciar al máximo sus capacidades, dejando en el camino botados a miles de niños que, aún teniendo las mismas capacidades o potencialidades, no las han podido desarrollar porque no se les dio la oportunidad real para ello: un mínimo de justicia social exige que esos niños puedan acceder si quiera a la posibilidad de desarrollarse como seres humanos. Si bien concuerdo en que el método no es lo propiamente esencial, es un pilar que no puede dejarse de lado; yo, al menos, lo veo como la llave de entrada, como la clave de bóveda para poder motivar a los educandos, integrarlos en el proceso de aprendizaje y así poder abrirles la posibilidad de acceder a los contenidos que por cierto son necesarios. Por lo tanto, no puede ser que necesitemos más Sócrates o Platones, porque nuestros alumnos no son unos Fedones, Aristipos, Critones, Aristóteles u otros. Eso de que “un buen profesor será un buen profesor en diversas partes del mundo y usando diferentes metodologías” depende de la materia prima a la que se enfrente. Dile a un herr proffesor de la academia alemana que vaya a hacer clases a un liceo de La Pintana: me gustaría ver como le va. Con buenos alumnos, de buenos hogares, es posible hacer cualquier cosa: usando o no metodologías, enseñando bien o mal, igual esos niños aprenderán porque tienen un capital cultural que viene de la casa. Algo muy distinto es un niño que no ha recibido nada de eso. Entonces ahí está verdaderamente el desafío de la educación hoy día: enfrentarse a ese escenario adverso y lograr brindarle la oportunidad de surgir a los que más lo necesitan. Tus planteamientos no recogen la demanda por un mínimo de justicia social que debe procurar darse a través de la educación.

        Creo que en 3), nuevamente no apuntas al verdadero desafío que es lograr que los alumnos aprendan y además se entretengan. Nunca he dicho que el fin sea ir a pasarlo bien, sino que obviamente el objetivo es aprender, pero ojalá que esa sea una experiencia grata, alegre, motivante, desafiante. No veo por qué eso no se pueda replicar en la universidad, con jóvenes de 24 años, o acaso a esa edad ya todos son unos seriotes, tontos graves, que no pueden participar de un juego. Tu ejemplo del Goethe, refleja justamente lo que señalaba antes, en el sentido de que es una visión bastante elitista la tuya, o no? Los alumnos del Goethe Institut serán parte del 0,1 % de Chile, nada más que eso. El sistema educativo tiene que hacerse cargo 99,9 % restante.

        El punto 4) va incluidos en lo anterior, ya que está claro que los contenidos son y serán importantes, pero lo más fundamental es que se potencie el juicio crítico. En el campo de las ciencias, los conocimientos están quedando obsoletos rápidamente por los avances, entonces hay que desarrollar una capacidad más que transmitir información que ya no servirá de mucho en unos años más. Lógicamente que en otras asignaturas las materias son más estables se podría decir, pero aún así sigue siendo muy necesario que los alumnos las discutan, las sometan a la crítica en vez de recibirlas pasivamente.

        En fin, creo que tus ideas y exigencias se enmarcan dentro del ambiente de elite en que creciste y te educaste, realidad que está a años luz de lo que vive la gran mayoría del país. Basta leer “Caritas in veritate” de Benedicto XVI para darse cuenta de que esa visión es bastante mezquina y sesgada y de que la sociedad no puede seguir orientada a que los más fuertes subyuguen a los más débiles. Te podrá sonar socialista o marxista, pero es una visión sacada de esa encíclica…..da para pensarlo seriamente o no??

  6. Juan Luis

    En el fondo, hay que hacer que los alumnos lo pasen bien en el colegio y que aprendan, esas son las dos directrices generales que debiera tener todo colegio…¿cómo lo logramos? Transformando la educación en un juego, en una actividad entretenida, lúdica, en que todos participan, discuten, aprenden, sopesan distintos puntos de vista, a la par que desarrollan una serie de habilidades sociales como la tolerancia, la paciencia, la comprensión del otro, etc. La única manera es que los profesores aprendan literalmente a jugar con sus alumnos, en que dejen de creer que mientras más seriedad y silencio, mejor, ya que lo único que están haciendo es desmotivar a los alumnos a involucrarse y a participar. Está bien que hay ciertas normas y reglas que deben ser previamente dispuestas por el profesor, pero el resto es toda labor que tienen que hacer los mismos alumnos. ¿Qué se necesita para esto? Mucha, muchísima planificación previa, es decir, que el profesor tenga la misma cantidad de horas de clases para planificar estas con todo un equipo docente a cargo de un curso. Una de las claves de los sistemas exitosos es esta,:que los profesores cuentan con una gran disponibilidad de tiempo y ayuda para planificar sus clases.
    ¿Quién dijo que en una sala de clases no se puede conversar? ¿A quién se le ocurrió establecer tamaña estupidez? Todo lo que conocemos, todo, lo hacemos conversando, dialogando, incluso con nosotros mismos. La conversación es el mecanismo de conocimiento por antonomasia. Por lo mismo, las clases deben fomentar que los alumnos conversen, que hablen y dialoguen entre ellos, proceso en el cual el profesor sólo es un mediador o guía, pero nada más.
    Ojalá que incluso en la universidad se comenzará a apuntar hacia allá.
    Vuelvo a repetir: el método tradicional no da para más. Hay que atreverse a cambiar y a no tener miedo de los errores que se puedan cometer. A la larga, todos somos unos eternos aprendices durante toda nuestra vida. El que no reconoce esto, es que no tiene la más mínima noción de que es la educación, el aprendizaje y la enseñanza.

    Saludos,
    Juan Luis

    • Estimado Juan Luis,

      Voy a ser un poco violento con mis opiniones, pero lograste hacer lo que pocos han logrado hasta ahora en el tema educacional: sacarme de mis casillas.

      Me molesta profundamente esa monserga prefabricada llena de frases grandilocuentes vacías, falacias y peticiones de principio. Sinceramente no se en dónde has estado estos últimos siglos de historia, porque no en este planeta. No has entendido qué es un proceso de civilización ni has comprendido qué función social cumple la educación. Te has dejado embaucar, junto a tantos otros, por la monserga del “conductismo tradicional” en las escuelas. Además, agregas a la “ensalada” de pensamiento que expones, el sofisma de la participación activa en el conocimiento, añaganza retórica tan de moda por estos días.

      En primer lugar, el colegio no está para que los alumnos vayan a pasarlo bien. Tampoco está para que lo vayan a pasar mal. Está para que vayan a aprender. Y aprender, ya que estudias filosofía, deberías saber, corresponde a la actividad más propia del ser humano, a la actividad del entendimiento; por lo tanto debe producir gozo, pero no en el orden físico, es decir, no debe ser “entretenido” sino que debe poner en contacto con aquél descanso del que hablan los estetas que produce la belleza, como toda auténtica manifestación espiritual (sin caer en el dualismo, porque este gozo parte en el espíritu y redunda en el cuerpo). El problema es que hay que salir corriendo incluso antes de que toque la campana. Hay que salir corriendo a comentar el reality de la noche anterior (no, no estoy hablando de alumnos de media solamente, sino también de básica). Y no estoy hablando de algo virtuoso como la puntualidad, estoy hablando de alumnos que cierran el cuaderno y guardan sus cosas mientras el profesor está hablando, que carecen del más mínimo compromiso por su formación y del más básico sentido del respeto. Y todo esto nace de la reducción de la concepción de inteligencia a la mera capacidad de resolver problemas, que nos convierte en poco más que un simio que hace edificios.

      En segundo lugar, es claro que el discente (por oposición a docente) es quién debe ejercer el acto por el cual se produce el aprendizaje. El acto intelectual es un acto personal, individual. Pero confundir esa realidad con un desordenado activismo y argumentar en contra de “la clase expositiva” (término ómnibus similar a los que utilizan ciertos manipuladores de la información de nuestra pléyade política) como si fuera opuesta a esto, es sacar las cosas de quicio. Es de una supina ignorancia querer asociar el “aprender haciendo” con la afirmación de que el acto por el cual el discente aprende es del propio discente. Fundamentalmente porque la educación no es un proceso de formación de piezas en la máquina productiva del estado: los alumnos no tienen que aprender a hacer, tienen que entender algo y eso no se logra haciendo, se logra pensando. En este activismo que tu tanto alabas se ven conceptos prefabricados y predigeridos como el de la concepción existencialista de libertad que sólo roza uno de los aspectos que tiene la libertad en sí misma. Ese concepto, además, mal entendido, porque finalmente conduce a la deformación moral del alumno. El juicio moral queda suspendido o en una especie de limbo en el que no se les puede decir que algo esté mal (no se vayan a frustrar, no les vayamos a generar un miedo o alguna culpa). Una vez más hemos sucumbido ante el la vieja pregunta retórica de “¿quién puede decir qué es bueno y qué es malo?” (¡vaya que ha cambiado la pregunta demoníaca!).

      Con ese modelo educativo no edificamos hombres libres, fabricamos operarios inconscientes, listos para que el fascineroso de turno se aproveche y se llene los bolsillos con dinero… literalmente mal habido. Mal habido porque proviene del abuso que genera esta esclavitud que tu propugnas con estos “métodos modernos” de educación.

      En tercer lugar, dejarse llevar por el igualitarismo galopante que hace estragos a todo nivel es abrirle la puerta a la desintegración más absoluta de toda la educación. A mi me impresiona ver cómo un escritor de tangos como Alfredo Lepera (“el arte salvará al mundo”) tenía una visión más clara de lo que sucede en la educación que nuestra elite intelectual, encerrada en sus elucubraciones acerca de la conceptualización de los conceptos del concepto de “A”. El profesor no es uno más en la sala de clases, no es un igual, no puede serlo, Si lo es, deja, automáticamente, de ser profesor. Pagarle tributo al Emilio, a estas alturas, con los desastrosos resultados que ha tenido ese angelismo a lo largo de la historia, es punto menos que una idiotez (en el pleno sentido griego del término). Si cualquiera puede enseñar, entonces nadie necesita aprender, lo que es manifiestamente falso.

      Finalmente, no está de más decir, a modo de última ironía, que el corrector ortográfico de Chrome ha puesto, sistemáticamante, la rayita roja de falta de ortografía bajo todos los conceptos clave que he escrito en este texto. Desolador panorama.

      (a.)

      • Juan Luis

        Estimado:
        Me alegra que te haya sacado de tus casillas: leyendo tu comentario, me doy cuenta de que aquellas son bastante estrechas, poco realistas y miopes. Por favor, es necesario que te muevas de ahí para entender mínimamente en qué consiste el problema de la educación actual y cuáles pueden las posibles soluciones, para que salgas un poco de tu ceguera.
        Antes que todo, déjame decirte algo: el que se mueve en el plano de los sofismas y entelequias eres tú, no yo. Ninguno de tus planteamientos se acerca un mínimo a la realidad -triste realidad- que enfrenta un profesor en la sala de clases, ni menos planteas alguna idea siquiera de cómo resolver ese desafío, especialmente dentro de un contexto de pobreza y carencias graves. Tu comentario es una diatriba generalizada contra el sistema, sin ninguna base empírica, basado en puras intuiciones, sin plantear ningún juicio meditado que le dé credibilidad e intelegibilidad a lo que dices. En tanto ignoras las causas de las crisis, ignoras por supuesto las soluciones.
        Te cuento que he estado con los pies bien puestos en la tierra, observando el sistema desde dentro, viendo personalmente qué es lo que sucede dentro de una sala de clases de un colegio con alumnos, en su mayoría, provenientes de contextos vulnerables. El que se quedó pegado en otra galaxia, en el Topós Uranós contemplando las ideas platónicas, gozando de la experiencia estética como señalas, eres justamente tú. El que quiere enseñar virtudes y exigir deberes a niños que no tienen noción alguna del bien y el mal, el que quiere dar ese salto cuántico sin pasar antes por el proceso de desarrollo real, eres tú, no yo. El que piensa que sabiendo o dominando la definición gnoseológica de conocimiento está en condiciones de opinar y de decir cómo diantres se debe llevar eso a la realidad práctica o qué implica o en qué consiste el proceso humano de aprender, ese eres tú, no yo. El que no quiere mirar más allá de su burbuja intelectual, colmada de prejuicios y consignas y que no quiere darse cuenta de que la sociedad -para bien o para mal- ha cambiado radicalmente en las últimas décadas, transformación que exige desempeñar una nueva función al sistema educativo, ese eres justamente tú.
        Estimado: te invito a dar un paseo con los queridos peripatéticos por el Liceo, en compañía del entrañable Aristóteles, figura insigne del realismo, quien solía enseñar (sesudas cuestiones por lo demás) a sus discípulos mientras caminaba o daba un paseo por el jardín, todo esto en contraposición al burdo idealismo que planteas. Sólo te sugiero que antes de opinar, te des la molestia de estudiar un poco más el tema, de leer algo acerca de cómo lo han hecho los sistemas más exitosos en el mundo para lograr los resultados que tienen. Te sugiero que leas algo acerca del caso de Finlandia, SIngapur, Nueva Zelanda, Dinamarca, Japón, etc. Después de eso, podemos recién empezar a discutir con argumentos, con un juicio crítico que recoja las investigaciones en el tema, en que se aborden cuestiones como la motivación de los alumnos, la preparación de los docentes, etc, los pilares sobre los que basarse cualquier discusión en este complejo tema.
        Por lo demás, en ninguna parte señalo que se deba abolir el rol del profesor, que se deba caer en una simetría radical de los roles ni que se deje todo en manos del educando: en ninguna parte. Sólo afirmo que se debe replantear la relación para darle más espacio a la labor activa que debe desempeñar el alumno. El sistema que está generando máquinas procesadoras de información pero sin dominio del sentido o significado, es justamente el sistema que tú propugnas, el clásico esquema lectivo en el profesor ordena y los alumnos obedecen, sin ningún tipo de iniciativa propia. Por si acaso ese es el conductismo clásico, esa es la lógica del estimulo y respuesta, del refuerzo positivo o negativo (la caja negra de Skinner), lógica a la que al parecer te adscribes, posición de la cual no pueda estar más en desacuerdo y que fue justamente lo que le critiqué Pato Domínguez.
        La verdad es que tu opinión no merece más observaciones, salvo decirte que tu visión de la educación, tu visión de qué es lo que implica el proceso de enseñar y aprender, se ajusta precisamente al mundo académico de elite que intentas criticar. Tu visión de la educación es, de suyo, elitista, selectiva, y no se hace cargo en lo más mínimo de un fin primario de la educación, que es que todos los alumnos (no sólo los más capaces, los mejor dispuestos o los más interesados), repito, TODOS los alumnos puedan aprender lo que se supone que deben aprender: a pensar, conocer, reflexionar y socializar. Si quieres mantener el status quo en que todo siga igual de mal, sigue al pie de la letra tus ideas. tus nociones acerca del rol del profesor, y te puedo asegurar que llegarás a los mismos resultados que se observan hoy en día en nuestro sistema.
        En definitiva, creo que la rabia te jugó una mala pasada esta vez y nubló por completo tu facultad intelectiva. Espero que para la próxima te encuentres en tu sano juicio y puedas proponer un debate constructivo y no destructivo, en que le hagas verdadero honor a tu pseudónimo.

        Atentamente,
        Juan Luis

    • Luis Gonzalez V.

      Hola Juan Luis. Interesante tu comentario, aunque creo que caes en una caricatura muy gruesa sobre lo que según tú está ‘obsoleto’. Yo he tenido la experiencia concreta de haber asistido a clases geniales y a clases muy malas con profesores que usan lo que tú llamas ‘método tradicional’. Ergo, el problema no está en el método, sino más bien en la capacidad del profesor de despertar pasión y enseñar a sus alumnos a pensar y comprender. El problema no es que el profesor esté adelante y los alumnos estén callados al frente de él: el problema es que hay profesores motivados con su ramo y los hay desmotivados, hay profesores que logran cautivar con su saber y otros que no lo logran. Tecnologías más, tecnologías menos, el foco está en su capacidad de “encantar” al alumno.
      Luis González Vera
      Ingeniero Comercial

      • Juan Luis

        Luis:
        De acuerdo en que mucho depende del entusiasmo y la motivación del profesor, pero acá estamos hablando de apuntar a que todo un curso, en su totalidad, forme parte de un proceso de aprendizaje, se motive y participe. Para eso es necesario integrarlos a todos, haciéndolos participar y aportar con lo suyo. El sistema lectivo es cierto que puede funcionar, pero en el fondo apunta o está orientado a los alumnos más capaces, que demuestran más intereses o que simplemente cuentan con más conocimientos previos. El desafío es que se debe procurar que todos se motiven y no sólo unos pocos.
        Sinceramente reconozco que la capacidad del profesor influye, pero es imposible que todo pase por ahí. Si fuese así, entonces qué sacaríamos con formar al resto de profesores o con enseñar prácticas pedagógicas, si todo depende de la capacidad o talento innato de la persona para entusiasmar a su audiencia. El tema es que el curso justamente no debe ser una audiencia frente a la cual se expone una cátedra magistral, sino que forma parte de una comunidad en la cual hay distintos roles y funciones que se complementan para lograr un objetivo común. Y creo que, en razón de esto, la metodología que se ocupa es esencial o hace la diferencia, sin perjuicio de que el factor “capacidad personal” sea un plus importante, aunque no determinante.

        Saludos cordiales,
        Juan Luis Cordero

    • Antonio Gimenez

      Estimado Juan Luis,

      Antes que nada mis saludos desde Alemania. No puedo estar de acuerdo con tu respuesta a Patricio. Primero, por la forma. ¿Cómo hay que digerir oraciones como ‘veo que tienes un vacío profundo en cuanto a la historia y proceso de desarrollo del sistema educativo’ (A) o, más brutal, ‘En fin, creo que tus ideas y exigencias se enmarcan dentro del ambiente de elite en que creciste y te educaste, realidad que está a años luz de lo que vive la gran mayoría del país’ (B). No es que sea un amigo de los eufemismos y que evite el enfrentamiento, pero está a la vista que las cosas se pueden decir de una mejor manera, y no precisamente por razones estéticas, sino para ayudar a la argumentación y a que se pueda establecer un diálogo. En la oración A dices ‘ver un vacío profundo’, cuando lo que el curso de la argumentación te permite deducir, es bastante menos- lo que al momento se ha escrito en este post -. Seguramente lo que ves en la argumentación de Patricio es una diferencia de perspectiva respecto a la educación, y no los manotazos de un conservador ‘ignorante’ que no sabe que los colegios se fundaron en la revolución industrial (y esto, entre comillas), como si dicho conocimiento cambiara el ‘punto’ de su argumentación diametralmente. En la oración B haces ya un juicio complejísimo sobre la ‘genealogía’ de la argumentación de Patricio. Eso sí que es ad hominem. Yo podría entonces decirte: ‘mira, tú piensas así, porque los profesores te humillaron en el colegio’. No tiene sentido. Al menos no tiene sentido si lo que queremos es discutir e idealmente llegar a acuerdo. Me detengo en estos detalles de forma, porque el fin de este blog es precisamente huir del estilo ofensivo de postear que se encuentra, por ejemplo, en los posts del Mercurio y La Tercera. No quiero decir que no argumentes ni que ‘no tengas tu punto’: podrías de hecho quitar todos los ‘ad hominem’ y tu argumentación ganaría en claridad.

      Ahora, con respecto al fondo. Precisamente no has de temer que tu argumentación parezca socialista o comunista, sino todo lo contrario: me pareció tecnócrata de derecha. Estamos quizás hablando en diferentes niveles. Según me parece, Patricio escribió este post pensando en lo ‘comúnmente’ malo de la educación chilena. Algunas voces alegaron: los casos que Patricio cita no son comunes, sino que pertenecen a una clase social. A mí me pareció este alegato en un sentido correcto y en otro no. Patricio – mi interpretación – parece decir: la educación chilena está en crisis porque ‘los mejores’ – lo que por tales son reconocidos – son realmente mediocres. Ahora bien, si esto se dice de los mejores, también se dice de los demás: pues si el ideal educativo en Chile se plasma en su mejor manifestación de modo mediocre, todo el sistema está tendiendo hacia una educación mediocre.

      Otra manera muy distinta de hablar del ‘problema de la educación chilena’ es, antes de poner de manifiesto lo limitados que son los ‘máximos’, fijar los ‘mínimos’ y lograr que todos puedan acceder a ellos. En esa línea cabe el ‘ejemplo-escándalo’ de Waissbluth que cita Cristián Dagnino: ‘no puede ser que alguien entre a una carrera de ingeniería sin saber logaritmos’. Me temo que en la discusión sobre los ‘mínimos’ las últimas técnicas educativas y el uso de modernos medios audiovisuales no entran ni por si acaso. Te refieres al caso excepcional del Colegio Cordillera que implementó un sistema educativo hipermoderno. Pues precisamente, ese es un lujo que se puede dar ese colegio y no cualquiera (traer gente de Harvard, mandar a profesores a capacitarse, etc.). Eso entra en la discusión de los máximos, no de los mínimos. Si discutimos sobre ‘la mejor educación posible’ podemos hablar de técnicas modernas; si de la educación como derecho y garantía de ciertos mínimos, hablemos primero de tiza y borrador.

      Ahora, me parece tecnócrata poner tanto hincapié – con confianza mesiánica – en los medios y la forma de la educación. Es cierto que el ‘envase’ es importante, pero me rehuso a pensar que sea ‘el gran problema’ de la educación. Naturalmente tenemos que estar abiertos a que la psicología, ciencia tan joven y por eso tan cambiante, nos entregue información nueva sobre el proceso de educación. Si me demuestran que enseñar caligrafía crea un trauma irresoluble – que tendría la completa generación que nos precede -, deberé dejar de enseñar la caligrafía. Pero, te soy sincero, no creo que de los laboratorios venga la piedra filosofal de la educación.

      Dos cosas más: autoridad y juego. Que si la educación supone una relación vertical o no, no es una cuestión que tenga su origen en los colegios de la revolución industrial. La autoridad del docente se funda en una competencia intelectual. Cuando eres menor de edad son sus padres los que reconocen tal competencia: el respeto al profesor se funda derivadamente en el respeto por la autoridad del padre. Podemos discutir si existe algo así como una ‘autoridad’ en absoluto y sería una ardua y bonita tarea. Pero basta aquí con decir que la estructura que tú llamas tradicional de educar es más antigua que el diablo.

      Con respecto al juego. Si juego es ‘el proceso que se cierra en sí mismo’, es decir, que no se realiza en función de una cosa que está fuera del juego mismo, ‘conocer’ es el juego por excelencia. Así lo entendemos los que gozamos del estudio de una ciencia. Ahora, puesto que el ‘goce’ en la ciencia es un fruto tardío que se alcanza tras arduo trabajo, el goce y el juego ha de acompañar a la enseñanza de modo ‘externo y accidental’, para que la ciencia comience de a poco a ser querida por el gozo que se recibe al obtenerla, pero que en realidad no procede de ella. Enseñar a sumar con dulces y galletas no es realmente ‘hacer la matemática entretenida’, sino persuadir por lo sensible para comenzar lentamente a gustar de lo abstracto. Y en esto sigo a Piaget. Mi tesis: la educación corre del juego externo al juego interno, del goce accidental al goce sustancial.

      Saludos,
      Antonio

      • Pato D.

        Estimado Juan Luis: Intentaré reconducir el debate a ciertas tesis, para no perder de vista el asunto de fondo. Yo dije en mi columna que los alumnos chilenos -sin importar el trasfondo socioeconómico- llegan en general mal preparados a la universidad: sin hábitos de estudio, sin entuasiasmo por el saber, sin agudeza, sin cultura general, etc. Esto yo lo atribuía -provisionalmente: la columna tiene una parte 2- a la falta de visión del ‘sistema’ completo: profesores, apoderados y directores, donde no se valora el conocimiento en sí mismo, la búsqueda de la verdad, no se valora lo arduo, en suma, no se le saca partido a las capacidades (tanto del profesor como del alumno). Tú lo atribuyes a un sistema obsoleto “tradicional” (=de la revolución industrial) de didáctica, a la falta de innovación tecnológica y a la falta de espíritu lúdico. Hasta ahí, esto es una discusión sobre el concepto de pedagogía. Los argumentos más sólidos dados hasta ahora apuntan a que la metodología es importante, pero está subordinada a la reflexión de qué siginifca educar, es decir, a la cuestión de los contenidos, y que la magia de la “innovación” tecnológica, de nada sirve si el profesor no logra transmitir desde su persona el amor al saber.

        Mi columna no propone un sistema ‘elitista’ ni considera el problema educativo desde el prisma de una determinada clase social. Intenta reflexionar sobre el ‘hecho bruto’ de que alumnos de clase baja, media y alta lleguen a la universidad, como ha dicho el Otto Dörr, con un nivel de lenguaje de niño de 12 años. Si me dices que la opinión de Dörr no vale porque él viene de una elite y no conoce los problemas “reales de la gente”, OK. Pero contra ese tipo de argumentos pobres no voy a discutir, sencillamente porque me da lata.

        Por eso no tenemos que entrar en el esquema conceptual “techo para Chile”, donde toda meditación se reduce, como por necesidad intrínseca, a un problema de gestión político-social (ya sea social-cristiano o liberal o socialista o la mezcla de alguno de ellos). No porque no sea importante, sino porque simplemente no es la perspectiva que se intenta aquí. Justamente como el problema es “transversal” (afecta a los colegios con matrícula de 500 lucas al mes hasta los liceos donde no hay plata para pagar la cuenta de la luz), es necesario pensar el problema desde esa perspectiva, mediante la pregunta: qué es la educación, qué hay que aprender y para qué, etc. Desde esa perspectiva, un buen profesor es un buen profesor aquí y en la quebrada del ají, porque apunta a aquello propiamente humano, aquello que comparte el rico y el pobre.
        Saludos

      • Juan Luis

        Estimados Toño y Pato:
        Respecto a la forma de los comentarios, quisiera aclararles que todo lo expuesto ha sido sin ánimo de ofender a nadie; si he pasado a llevar a alguno de ustedes, desde ya pido las disculpas del caso: lo único que pretendí fue criticar la visión de Pato, que considero elitista o selectiva, más de las causas u orígenes de aquella. Puede ser que entre dimes y diretes se me hayan escapado críticas ad hominem, pero claramente no ha sido el tenor general de los comentarios.
        Ahora, respecto al tema de fondo, si bien creo que comparto sus aspiraciones y los presupuestos antropológicos que hay detrás de sus acotaciones, lo que he intentado manifestar es que es necesario que aterricemos el debate, que le “pongamos patas a la filosofía” y que pensemos cómo se puede mejorar la educación en este país; y esto implica dejar un poco las disquisiones metafísicas y centrarse en la praxis. La mejora de la educación obedece a una cuestión prudencial, de racionalidad práctica, es decir, de qué es lo bueno o lo mejor que podemos hacer dadas las circunstancias en las que estamos y los recuros o elementos con los que contamos. Esto no quiere decir que dejemos de lado la teoría (razón teorética), ya que ambas se complementan adecuadamente, pero el tema es que nos centremos en lo prudencial. Me parece que esa es la forma de contribuir en algo al debate, con ideas razonadas pero que consideran la realidad que abordan o hacia la cual apuntan. Y esto, a mi parecer, no implica caer necesariamente en un enfoque tecnocrático de la cuestión; consiste en hacerse cargo del problema en TODA su magnitud.
        La educacíón tiene una característica que, para el caso nuestro, justifica ese énfasis práctico más que teórico y la distingue de otros asuntos contingentes: esta no es otra que la urgencia, en el sentido de que se necesita mejorar el sistema de modo urgente, puesto que los alumnos están siendo perjudicados ahora, cuestión que puede irreversible; por tanto, no es algo que pueda esperar los resultados de un debate anquilosado y pegado en las disposiciones del ser humano respecto al desarrollo de sus facultades superiores.
        Está más que claro, desde Aristóteles (Metafísica I, I), que “todos los hombres desean por naturaleza saber” y que existen determinados tipos de saberes, unos más nobles que otros, más exigentes y menos exigentes. Ahora, cómo llevamos eso a la realidad contemporánea, esa es la cuestión que debemos discutir. Me encantaría sentarme con ustedes un día a tomarnos un café y (bien)gastar una tarde entera discutiendo de lo verdaderamente humano, de las aspiración a la excelencia y la perfección y de cuáles pueden ser los ideales que guíen a nuestro sistema, de quién es un buen profesor o no, si esto depende del desempeño de sus alumnos o no: en fin, la cuestión es que antes veamos qué es lo que se puede hacer, en el corto plazo, por contribuir a un progreso o mejora. Es cierto que quizás esto obedezca en mi caso a mi formación de psicológo por sobre la de filósofo, pero créanme que lo digo porque he vivido de cerca las graves falencias que tiene el sistema y realmente me preocupa cómo esto pueda afectar a los jóvenes de nuestro país, especialmente a los más pobres y humildes. Hay que empezar desde ya a dar los primeros pasos que, sumados uno tras otro, permitan ir avanzando y progresando hacia una mejoría real de la calidad.
        Por lo demás, me parece que el primero que intentó aterrizar la ideas con ejemplos y caricaturas de casos fue Pato, de modo que yo sólo me agarré de lo que él había planteado. No me pareció que su columna apuntara hacia un ideal o máximo, sino que hacía presente una realidad concreta y transversal, a saber: la mala calidad de la educación. Ahora, sí era una visión elitista en cuanto despachaba el problema simplemente sugiriendo que se les exija más, que se les saque trote a los alumnos, que los profesores pongan malas notas, etc. El tema es que el problema es muchísimo más complejo que eso. Y si el diagnóstico, tal como tú lo interpretas, es de que el sistema está mal porque a los mejores se les exige poco, me parece que de todas formas está errado. ¿Quiénes son los mejores según tú? Me atrevo a decir que ese no es más que el selecto grupo del 1% de nuestra población en edad de asistir a la escuela: ¿qué ocurre con el 99% restante de los estudiantes? ¿No te parece que, por un mínimo de justicia social, le asignemos una mayor relevancia a esa dificultad y que intentemos solucionar primero los problemas que aquejan a esa mayoría? ¿Para qué seguir preocupándonos de los mejores? En la escala de prioridades, ellos son los últimos a los que hay que atender. De hecho, me parece que esa excesiva preocupación por lo que pasa en los mejores colegios ha sido una posible causa de que se haya desviado la atención de aquellos que necesitan ayuda, y la necesitan urgente; eso ha desviado la atención hacia los rankings y generando una vana autocomplacencia de aquellos que salen bien situados, cuando eso es algo totalemente relativo, dependiente del NSE. Como decía en otro posteo, da un poco lo mismo lo que tú hagas con ese 1%, ya que en general corresponde a alumnos que tienen todas sus necesidades básicas resueltas, además de que cuentan con un capital cultural alto en sus mismas familias, en donde sus padres tienen estudios de posgrado, el ingreso es cercano a x monto y etc, etc, etc,. Aunque les des una pésima educación, eso no será tan nocivo como para un alumno que no haya tenido las mismas condiciones. O sea, claramente el problema del SISTEMA, en su TOTALIDAD, no pasa por resolver la crisis de los mejores…¿o sí? Pato, te recomiendo que leas los estudios del doctor Monkeberg sobre los determinantes de la desnutrición en Chile, cómo eso ha afectado a miles de niños que no tuvieron la adecuada alimentación. Si bien hoy no es la realidad más apremiante -gracias a Dios- es para que te des cuenta que una parte importante de ese 99% con suerte tiene sus necesidades básicas resueltas…¿cómo le vas a exigir a ese niño lo mismo que al otro, que lo ha tenido todo? ¿Cómo educas bien a un niño que tiene la escoba en su casa, el nivel educacional de sus padres con suerte es enseñanza básica, vive con lo justo, su casa no supera y el nivel de hacinamiento es realmente terrible? A ese niño lo estamos obligando a que vaya a la escuela a aprender, ¿cómo lo hacemos para superar esas dificultades dadas desde el hogar? Es una tragedia que los supuestos mejores alumnos no sepan leer ni escribir bien según Dorr, pero infinitamente más trágica es la situación de los más pobres, por lo que un mínimo de justicia, caridad, exige que centremos (casi)toda nuestra atención en ellos. No se trata de abandonar a los ricos a su suerte, pero comprenderás que hay un enfermo mucho más grave que atender primero, ¿o no?
        Una útlima cosa. Está claro que, a priori, el método no es lo esencial o lo más importante, ya que siempre va a depender el uso (prudencial) que se le dé. Un profesor puede tener infinitos recursos tecnológicos, pero si no los sabe usar; es más,si no entiende para qué usarlos o cual es el sentido de su profesión, probablemente será lo más parecido a un mono con gillette. Ahora, si es un tema que se debe discutir seriamente, aunque ello implique poner en cuestión los métodos tradicionales que se han venido aplicando hasta el momento. La idea es llegar a un complemento; no se trata de suprimir la disciplina ni desdibujar la figura del docente, ni menos dedicarse a regalar dulces, sino integrar todas esas facetas pedagógicas a favor del aprendizaje de los alumnos. Si jugar y regalar dulces se ve que genera resultados positivos en un determinado contexto, no veo por qué no se lo pueda implementar. Lo que yo planteaba de fondo es que es necesario ABRIRSE a incorporar nuevas metodologías e implementar nuevas prácticas, sin que ello consista en borrar de un plumazo la Didáctica de Comenio, para que prudencialmente, caso a caso, vayamos viendo qué puede ser lo mejor. Y en ese sentido, el método tradicional, por sí sólo, ya no da para más: es necesario complementarlo con una nueva visión del aprendizaje y la enseñanza, tema en que por cierto puede aportar (y mucho) la Psicología Educacional y las ciencias de la educación. Les pongo un ejemplo para que les quede más claro. Hoy se ha comprobado en muchos casos que los niños pueden aprender a leer sin que previamente se les hagan clases de gramática, sintaxis ni fonética: simplemente imitando lo que hacen los adultos, es decir, escuchando los típicos cuentos que leen los padres a los hijos, los niños pueden ir asociando los grafemas con los fonemas y empezar a leer por su propia cuenta, con la guía mínima de un adulto: ¿significa esto que deberíamos suprimir el silabario matte (método tradicional) porque ha sido superado? NO, al menos no necesariamente. En algún punto, el niño necesita que se le enseñe el significado de las palabras, ya que eso es algo que él no puede deducir por sí sólo. La cuestión es que cuando se lleve a cabo esa enseñanza, el niño ya tendrá un registro amplio de letras, palabras, fonemos, lo que facilitaría el aprendizaje abstracto de gramático, sintaxis y semántica. Este ejemplo refleja que la lectura se podría enseñar al revés, es decir, dejando que el niño empiece a leer por su cuenta y recién ahí, cuando tenga ya una mínima cantidad de vocabulario, de “conciencia fonológica”, se puede empezar el proceso de deconstruir las palabras en sílabas y así sucesivamente; esto implicaría que la caligrafía pueda venir después y, en vez de latear por mucho tiempo al niño para que escriba una y otra vez una letra o palabra, sin entender para qué diantres sirve eso o cuál es le sentido, efectivamente lo haga después pero a partir de lo que ya ha adquirido previamente. ¿Interesante al menos o no? Y créanme que es un sistema que está dando muy buenos resultados.
        Bueno, quedo a la espera de la próxima columna sobre este tema, la que espero recoja parte de las reflexiones vertidas en el blog, que aterrice un poco sus juicios filosóficos centrándose en la prudencialidad de la cuestión y que, en definitiva, se haga cargo del sistema en su totalidad, considerando la composición de este y los cambios que se deben implementar a nivel sistémico, y no quedándose en las dificultades que enfrenta una porción muy menor del total. No se trata de dar la receta mágica, porque claramente en educación eso no existe, sino simplemente a trazar lineamientos o directrices que apunten a un debate sobre la calidad y cómo se puede avanzar en ella.

        Saludos cordiales,
        Juan Luis Cordero

      • Estimados Juan Luis,

        Guardé silencio hasta este momento esperando que el diálogo fluyera y tomara un curso ordenado. Ya puesta la moción de retirar los ad-hominem, la cual comparto, me referiré en forma general al problema de la educación y a cómo se me ha presentado en los 12 años de carrera docente que tengo a mi haber.

        1.- Desde el comienzo de mi carrera me he planteado la labor docente como una de las más importantes y más delicadas que se puedan llevar a cabo en un país. No necesito demostrarlo a nadie de los que lee acá. Sabemos que quien quiere dominar una nación, lo primero que hace es acaparar las escuelas de pedagogía y hemos visto en nuestro país cómo, con diversas intenciones, lo han hecho diversos movimientos a lo largo de la historia.

        2.- Es evidente, también, el notable deterioro que ha sufrido la educación en Chile desde los días en los que estudié en el colegio hasta ahora. De ello es testigo toda mi generación, que, cambiando algunos acentos, consideran que fueron privilegiados con la enseñanza que recibieron.

        Hasta aquí los supuestos comunes.

        3.- El deterioro en la calidad de la educación no sólo lo podemos percibir en los conocimientos que posee una persona que egresa del sistema de enseñanza primario y secundario, sino también en la calidad moral que detentan los mismos estudiantes.

        Hago hincapié en el último aspecto precisamente porque me parece el centro del problema y considero que es exactamente el tema medular de todo el asunto educacional.

        4.- El problema moral es radical por varias razones:
        a) para un ser personal corpóreo que se caracteriza por sus actos libres, entendidos estos como actos originados plenamente en el agente y no dependientes de la especie, el acto más elevado es el de entender; sin embargo, lo que hace de este individuo una mejor o peor persona son sus actos libres, que redundan en la conformación de la segunda naturaleza por medio de los hábitos.
        b) La educación, entendida en sentido estricto, visto lo anterior, es la conducción del hombre hacia su estado de perfección, que es el estado de virtud (In Sent, IV, d. 26, 1, 1; S. Th., Suppl, 41, 1).
        c) La educación, entonces, depende fundamentalmente de la visión del hombre que se tenga, visión que tiene connotación moral. Para quienes pertenecemos a la civilización occidental judeo-cristiana, es claro que una clave de la comprensión antropológica es el pecado original, que actúa desde la naturaleza humana dándole al hombre una doble inclinación al bien y al mal (división interna del hombre que es reconocida, también, en todas las culturas y civilizaciones a lo largo de la historia).
        d) Toda perfección que se logre en el orden intelectual está condicionada a la virtud moral puesto que la estudiosidad -la virtud por la cual nos movemos a la adquisición ordenada del conocimiento- es una virtud moral, aneja a la virtud de la fortaleza, porque la ciencia -entendida como posesión habitual de la verdad- es un bien arduo, es decir, que requiere un esfuerzo prolongado para ser alcanzada. en otras palabras, para ser un buen estudiante, es necesario ser una buena persona.

        5.- Visto lo anterior, la consideración del problema de la educación tiene que pasar por una consideración de tipo moral porque, de no hacerlo, se pierde de vista el sujeto de la educación, que es lo radical a la hora de plantearse la actividad educativa.

        6.- Producto de esta división interna del hombre citada anteriormente, resulta extremadamente difícil realizar el esfuerzo de alcanzar el conocimiento. Dice Aristóteles que el hombre desea por naturaleza saber, pero en el capítulo siguiente dice que lo más elevado, en el orden del conocimiento, es el universal, que es el conocimiento más difícil de alcanzar para el hombre siendo, al a vez, lo más cognoscible (Cf. Met, I, 2, BK 982 a 24ss). Por otra parte, el mismo Piaget reconoce que hay distintos momentos en los que se puede acceder a distintos conocimientos. Así, la actividad que por naturaleza desea realizar el hombre, el saber, es difícil de lograr y se prolonga a lo largo de toda la vida.

        7.- Para lograr vencer esta oposición al bien natural que es la poseción del conocimiento, es necesario, entonces, como ya se ha insinuado, formular un plan de formación moral en los alumnos por medio del cual se propenda al dominio de sí, necesario para eludir la distracción; a la disciplina, necesaria para eludir la dispersión; a la honradez, para eludir la falsedad, opuesta a la verdad; a la fortaleza, para enfrentar las dificultades del estudio; etc.

        8.- En este punto entra en juego la concepción del hombre que tengamos. Concepción que es teorética y que no carece en lo absoluto de importancia. No sólo porque lo propio del sabio es gobernar puesto que conoce el fin de todas las cosas, sino también porque dependiendo de la visión del hombre que se tenga, el programa educativo será más o menos adecuado a su sujeto y, por lo tanto, más o menos real.

        Así, una consideración del hombre en la que este aparezca como bueno por naturaleza, desechará todo aquello que conduzca a encausar sus acciones con un determinado orden puesto que es precisamente ese orden que se incorpora en la conducta humana lo que produce su perversión. Pero esto es manifiestamente falso.

        Por el contrario, si se considera, como hemos dicho, la división interna que sufre el hombre en su naturaleza, vemos con claridad la necesidad de reconducir los esfuerzos desordenados de las diversas potencias hacia su fin natural.

        9.- Pero como las personas son diferentes tanto en habilidad como en capacidad intelectual, es necesario reconocer dichas diferencias. Por lo mismo, a la hora de enseñar matemática o castellano, es necesario reconocerlas y obrar de acuerdo a dicho reconocimiento. Esto no se trata de ningún elitismo o de discriminación negativa. Es la simple atención al centro de la actividad educativa, que es el sujeto de la educación, es decir, el alumno.

        10.- Por lo mismo, si el alumno tiene un desempeño deficiente en alguna asignatura, hay que hacérselo saber. Y la forma de hacérselo saber es la calificación insuficiente que, en la escala de 1 a 7, es una nota inferior a 4, o sea, “un rojo”. Otra cosa es mentirle al alumno. Es mentirle a una persona acerca de su propio desempeño. Puedes acompañar o consolar al personaje en cuestión, pero no puedes mentirle diciendo que obtiene una mejor nota. Y desde la perspectiva psicológica, la experiencia del fracaso es importante en la vida de una persona tanto por experiencia como para el autoconocimiento.

        11.- Siguiendo con la necesidad de la formación moral, el profesor, lo sabemos, es modelo del alumno en cuanto que es un vicario del padre. Por lo mismo, así como el mismo profesor debe presentar una calara imagen de lo que debe ser el hombre, debe imponer normas y disciplina. No sólo en la sala de clases sino que en el patio y, en general, para la vida. Un profesor que haga callar a los alumnos, que no les indique que la postura en la silla debe ser tal o cual, que no mueva a sus alumnos a respetar los horarios de entrada a la sala de clases es un profesor que está destruyendo el futuro de esas personas porque, a la vuelta de la esquina, dichas personas no van a ser capaces de contenerse a sí mismas y reconducir las energías dispersas por la fractura antropológica entre el bien y el mal.

        12.- Asimismo, para lograr dilatar y expandir la capacidad de aprendizaje, es necesario acelerar el paso de los alumnos. No se trata de hacer correr a todos a la misma velocidad, sino de que los alumnos descubran que pueden hacer más de lo que creían. Es fundamental encontrarse con esa experiencia de autodescubrimiento: es el camino para consolidar la libertad del alumno, a lo que tiende toda la educación.

        Saludos.

        (a.)

  7. Lugeim Zdgoimenu

    Voy a hacer un breve comentario acerca de algo planteado por José Luis:
    a)”Es necesario y urgente recurrir a nuevas metodologías que permitan motivar a los alumnos hacia el aprendizaje, y eso necesariamente pasa por innovar, por usar los recursos que provee la tecnología, por darle dinamismo a las clases”
    Me parece que uno de los grandes problemas que se ha generado en la educación, es que los niños, simplemente, no “pescan”. Con o sin motivación.
    El profesor tiene la titánica tarea de superar el estímulo que genera la pantalla. Sí, la pantalla, esa que quieren usar para suplantar al profesor, es la gran responsable de que a los niños no tengan interés o que no realicen el esfuerzo necesario para seguir la clase. El gigantesco estímulo que generan las pantallas de todo tipo hace más difícil la labor del profesor, porque, al estar los niños acostumbrados al mínimo esfuerzo intelectual que se requiere para recibir la información de la pantalla, les es más costoso (en realidad requiere un poco de esfuerzo, pero la flojera abunda) seguir la clase.
    No soy teórico de la educación ni estudioso del tema, pero me parece que opinar desde la perspectiva de estudiante secundario me da cierto conocimiento acerca de lo que pasa realmente en la sala. (Por ejemplo: a ningún profesor se le ocurriría que hartos alumnos del curso hace uso del whatss app –especie de chat para celulares- para copiar en las pruebas.)
    También observo como una gran cantidad de mis compañeros están pendientes antes del celular de lo que está diciendo el profesor. Eso no es tiene nada que ver con que el método esté obsoleto. Eso es simplemente mediocridad de los alumnos (que como dice el autor del artículo, es transversal, no propio de un sector). Y por eso me parece importante tener claro que los alumnos son cómplices de la mala educación que existe hoy en día, como plantea P.D en el artículo.

  8. María

    Estimados:
    Creo que el problema de la Educación en Chile se debe, entre otros, al enfoque “contructivista” que tienen sus programas. Les recomiendo leer un libro escrito por la pedagoga sueca Inger Enkvist titulado “Repensar la Educación” publicado en 2006. (http://es.scribd.com/doc/25619390/Repensar-la-educacion-Inger-Enkvist)
    saludos,

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