Archivo mensual: enero 2011

Reseña: Una polémica intempestiva. Reedición de Viktor Ehrlich (1973) Die Krise der Philosophie.

El profesor Dr. Viktor Ehrlich poco antes de su muerte

Reseña de  Viktor Ehrlich (1973) Die Krise der Philosophie. Hoffnunglosigkeit Verlag, Tübingen-Münster-New York, 300 pp.

Por Pato D.

El profesor Ehrlich representaba,  antes de su repentina muerte en 1978 , uno de los pocos “outsiders” que quedaban en el mundo filosófico alemán. Luego de habilitarse con una tesis sobre la relación entre la realidad y el pensamiento  (Logos und Wirklichkeit. München 1935) y ejercer de catedrático de filosofía en muchas universidades, renunció antes de tiempo a la Universidad de Heidelberg, alegando que la universidad como tal había dejado de ser hace varios años un lugar adecuado para cultivar el genuino saber. Las palabras del profesor Erlich estremecieron en ese entonces al mundo académico. “Estos antiguos edificios” -señaló en su despedida en 1972- “que otrora albergaban a profesores y estudiantes enamorados del saber y ansiosos de buscarlo, se han convertido en oficinas de funcionarios grises (graue Beamte), de seres apocados que creen saber pero cuyo única actividad es el  aumentar la masa de escritos huecos y pseudofilosóficos, llenando anaqueles de revistas de “expertos” que poco o nada contribuyen al diálogo filosófico como tal, de modo que las verdaderas preguntas quedan incuestionadas (unbefragt)”. En las semanas siguientes, tales afirmaciones fueron puestas en tela de juicio  por otros profesores de la facultad, entre ellos el Dr. David Niedrigseele. El prof. Niedrigseele, experto en filosofía antigua y autor de numerosos artículos (entre ellos el famoso Functionalism of the soul in an unknwon fragment of Pseudo-Aristotle  in Bk 573-ba [Phronesis 1970]) señaló que “el profesor Ehrlich está profundamente equivocado. Nuestra facultad es de las mejores no sólo de Alemania, sino de Europa. Como cuerpo docente somos el que más ha publicado en las revistas indexadas más importantes del rubro”. A su vez, la dra. Gudrun Dämlichesten, catedrática de epistemología y filosofía de la percepción, tildó al dr. Ehrlich de pesimista. “Hemos avanzado bastante en nuestra comprensión de la naturaleza de las entidades teóricas que refieren a los estados mentales senso-perceptivos en los últimos 15 años, y esperamos seguir haciéndolo” agregó optimista. El prof. Richard Eifältigkeit, a cargo de la cátedra de Lógica, fue aún más tajante: “El profesor Ehrlich es de los que cree que la filosofía es un saber especial y no uno más dentro de la división del trabajo académico; eso se debe a que jamás comprendió que la filosofía no es más que la clarificación de relaciones entre cuantificadores y predicados, y no una especie de saber privilegiado, como él quiere” (Geschichte einer Polemik [1972], pp. 34 ss.)

El libro Die Krise…ahonda en las razones de la  polémica renuncia e intenta explicar el alcance de su famoso discurso. El libro consta de 3 partes. La primera consiste en un estudio histórico sobre la filosofía en su relación con el quehacer académico.  El núcleo central de la exposición lo conforman una serie de esbozos históricos en donde se analizan ciertas corrientes histórico-culturales de los últimos dos siglos en relación con el papel que han jugado las ciencias del espíritu (Geisteswissenschaften) en la configuración cultural de una sociedad. La segunda parte lo conforman una serie de diagnósticos que dan por muerta a la universidad y a la filosofía como quehacer académico. Según Ehrlich, la vulgaridad como modo imperante de la vida moderna-democrática, el descrédito de las humanidades ante las ciencias empíricas, el auge de la filosofía analítica de corte logi-empirista, la mala calidad de los alumnos y la exigencia compulsiva de publicaciones conforman un círculo vicioso (Teufelkreis) del cual es difícil escapar, según las palabras textuales del profesor (pp. 145-156). La tercera parte es una serie de ensayos inéditos sobre diversos temas que tocan de modo tangencial el tema expuesto en los capítulos anteriores. Entre ellos destacan “Die Musik und die Götter”,  “Analogie und Denken”, “Gott als Ziel des Philosophierens“. Un libro muy bien escrito, polémico y a ratos mordaz, que promete llamar la atención sobre un mundo que pierde paulatinamente su fuerza originaria y su rol, tal como lo hizo en su primera aparición en 1973.

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Roßhalde de Hermann Hesse

Por Pato D.
Una vez le escuché a Ignacio Valente que la obra Hesse “envejecía mal”.  Que de joven se leía a Hesse con fervor, pero que a medida que pasaba el tiempo sus libros se iban quedando en los anaqueles de libros para “adolescentes”. El comentario me pareció en ese entonces verdadero. Habían pasado por mis manos algunas de sus novelas -quizá las más famosas- de corte iniciático, esas en que el joven protagonista se va descubriendo a sí mismo y a la realidad, y en donde el panteísmo orientalista  aparece como solución a las contradicciones internas a esta realidad, y me había dado también esa impresión. Hesse quedaba como un buen narrador, pero demasiado ampuloso y pretencioso. Los párrafos estéticos de “Narciso y Goldmundo” me parecían cargantes, al igual que la historia  del fatídico Demian o el descubrimiento sapiencial de Siddharta. Me sentía viejo leyendo ese tipo de cosas. Sin embargo, también por ese entonces leí una novela llamada Roßhalde y conocí a otro Hesse, un Hesse más reposado, más novelista y menos teosofista, y me gustó bastante. Hesse quedó entonces como un narrador de muchas facetas.

Algunos años después vuelvo a releer Roßhalde, y el resultado es aún mejor: me parece que esta novela es extraordinaria. Escrita en 1914, Roßhalde es una novela corta (170 páginas) que describe la vida de un pintor famoso, Johann Veraguth, que vive retirado en su quinta de recreo, llamada Roßhalde. Su amarga experiencia del matrimonio lo ha hecho recluirse en su taller, lejos de su mujer y su pequeño hijo Pierre, que constituye su única alegría y su única conexión con el mundo. Su vida transcurre así, lenta y en sordina, entre el mundo de la pintura, su hijo Pierre, y el entorno natural de la quinta. Este frágil equilibrio se rompe cuando de improviso llega a visitarlo su único amigo que vive en la India (¿cómo iba a faltar la mención a Oriente?). La visita del amigo viene a remover una serie de heridas latentes que hacen que el pintor encare con más entereza su propia vida y su propia historia. Todo sucede en Roßhalde, una quinta -todo parece indicar que en Suiza- llena de lugares melancólicos, jardines y bancales que Hesse sabe describir con mucha sensibilidad. (Roßhalde se me hace una de esas casas de campo de la zona central hoy abandonadas, cuyos antiguos parques descuidados esconden rincones que evocan a ratos sosiego y a ratos inquietud). Roßhalde es el escenario y a la vez el protagonista de esta novela sencilla, que nos inserta con maestría y sin pretensión en la ascesis del artista, el mundo irracional de los niños, los rincones invisibles de los jardines. Una faceta de Hesse que vale la pena conocer.

P.D.

P.S.  Un amigo me ha insistido con leer “El juego de abalorios”. Estoy en deuda entonces.

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