Reseña: Una polémica intempestiva. Reedición de Viktor Ehrlich (1973) Die Krise der Philosophie.

El profesor Dr. Viktor Ehrlich poco antes de su muerte

Reseña de  Viktor Ehrlich (1973) Die Krise der Philosophie. Hoffnunglosigkeit Verlag, Tübingen-Münster-New York, 300 pp.

Por Pato D.

El profesor Ehrlich representaba,  antes de su repentina muerte en 1978 , uno de los pocos “outsiders” que quedaban en el mundo filosófico alemán. Luego de habilitarse con una tesis sobre la relación entre la realidad y el pensamiento  (Logos und Wirklichkeit. München 1935) y ejercer de catedrático de filosofía en muchas universidades, renunció antes de tiempo a la Universidad de Heidelberg, alegando que la universidad como tal había dejado de ser hace varios años un lugar adecuado para cultivar el genuino saber. Las palabras del profesor Erlich estremecieron en ese entonces al mundo académico. “Estos antiguos edificios” -señaló en su despedida en 1972- “que otrora albergaban a profesores y estudiantes enamorados del saber y ansiosos de buscarlo, se han convertido en oficinas de funcionarios grises (graue Beamte), de seres apocados que creen saber pero cuyo única actividad es el  aumentar la masa de escritos huecos y pseudofilosóficos, llenando anaqueles de revistas de “expertos” que poco o nada contribuyen al diálogo filosófico como tal, de modo que las verdaderas preguntas quedan incuestionadas (unbefragt)”. En las semanas siguientes, tales afirmaciones fueron puestas en tela de juicio  por otros profesores de la facultad, entre ellos el Dr. David Niedrigseele. El prof. Niedrigseele, experto en filosofía antigua y autor de numerosos artículos (entre ellos el famoso Functionalism of the soul in an unknwon fragment of Pseudo-Aristotle  in Bk 573-ba [Phronesis 1970]) señaló que “el profesor Ehrlich está profundamente equivocado. Nuestra facultad es de las mejores no sólo de Alemania, sino de Europa. Como cuerpo docente somos el que más ha publicado en las revistas indexadas más importantes del rubro”. A su vez, la dra. Gudrun Dämlichesten, catedrática de epistemología y filosofía de la percepción, tildó al dr. Ehrlich de pesimista. “Hemos avanzado bastante en nuestra comprensión de la naturaleza de las entidades teóricas que refieren a los estados mentales senso-perceptivos en los últimos 15 años, y esperamos seguir haciéndolo” agregó optimista. El prof. Richard Eifältigkeit, a cargo de la cátedra de Lógica, fue aún más tajante: “El profesor Ehrlich es de los que cree que la filosofía es un saber especial y no uno más dentro de la división del trabajo académico; eso se debe a que jamás comprendió que la filosofía no es más que la clarificación de relaciones entre cuantificadores y predicados, y no una especie de saber privilegiado, como él quiere” (Geschichte einer Polemik [1972], pp. 34 ss.)

El libro Die Krise…ahonda en las razones de la  polémica renuncia e intenta explicar el alcance de su famoso discurso. El libro consta de 3 partes. La primera consiste en un estudio histórico sobre la filosofía en su relación con el quehacer académico.  El núcleo central de la exposición lo conforman una serie de esbozos históricos en donde se analizan ciertas corrientes histórico-culturales de los últimos dos siglos en relación con el papel que han jugado las ciencias del espíritu (Geisteswissenschaften) en la configuración cultural de una sociedad. La segunda parte lo conforman una serie de diagnósticos que dan por muerta a la universidad y a la filosofía como quehacer académico. Según Ehrlich, la vulgaridad como modo imperante de la vida moderna-democrática, el descrédito de las humanidades ante las ciencias empíricas, el auge de la filosofía analítica de corte logi-empirista, la mala calidad de los alumnos y la exigencia compulsiva de publicaciones conforman un círculo vicioso (Teufelkreis) del cual es difícil escapar, según las palabras textuales del profesor (pp. 145-156). La tercera parte es una serie de ensayos inéditos sobre diversos temas que tocan de modo tangencial el tema expuesto en los capítulos anteriores. Entre ellos destacan “Die Musik und die Götter”,  “Analogie und Denken”, “Gott als Ziel des Philosophierens“. Un libro muy bien escrito, polémico y a ratos mordaz, que promete llamar la atención sobre un mundo que pierde paulatinamente su fuerza originaria y su rol, tal como lo hizo en su primera aparición en 1973.

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16 comentarios

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16 Respuestas a “Reseña: Una polémica intempestiva. Reedición de Viktor Ehrlich (1973) Die Krise der Philosophie.

  1. Se ve bastante mejor que el blogger que había antes. En breve, alguna opinión menos superficial. Un abrazo.

    (a.)

  2. Ofbiderzen

    Estimado Verfasser:

    Olvido también las interesantes intervenciones intempestivas del profesor Steinstirn, amigo cercano de Ehrlich, quien enardecía a los alumnos de la Karl-Ruprecht-Universität Heidelberg en diversos encuentros ocasionales en los café. El partido universitario ecologiste (“die junge Grüne”) convirtió estos encuentros en verdaderas Vorlesungen del Prof. Dr. Steinstirn, que abarrotaban la exigua cafetería de la Alte Bibliothek. La Federación de estudiantes levantó un oficio administrativo para protestar por los pocos espacios de encuentro y la imposibildad de obtener un café decente en la máquina del cuartucho.

    En uno de estos legendarios encuentros, se le registró al Prof. Dr. Steinstirn la siguiente declaración: “La Filosofía, amigas y amigos, ha muerto. Nosotros hemos tomado un puñal y la hemos asesinado, de la mano de la teología, las ciencias dura y la literatura beatnik. No nos queda más que hacer un profundo requiem y quizás rogar a Atenea Palas que nos envíe un nuevo Thales para comenzar diciendo que “todo está lleno de dioses”. O mejor aun, “que los dioses están del todo llenos”. Sólo un filósofo podría salvarnos, pero ¿quién podrá salvar algún filósofo?”

    Tras la ovación de los estudiantes, el líde de los junge Grüne, Jürgen Hochschullehrer conminó a sus compañero a marchar hacia el ministerio de Educación de Baden-Württemberg para exigir que el Prof. Dr. Steinstirn fuese designado Rektor de la Universidad. No obstante, su novia Ulla, lo convenció -de manera cuasi-silogística- de la irracionalidad de su propuesta. De todos modos, se procedió a una quema de journals analíticos en el frío Noviembre de aquel 1973, en la Bismarckplatz, hasta donde llegó la Polizei a detener tal barullo.

    En fin, me pareció importante recordar también al Prof. Dr. Steinstirn.

    Felicitaciones, un gran blog. Escriban algo sobre Agamben, que es más chori.

  3. Aquí hay mucho pan que rebanar, lo que nos pasa hoy en filosofía es realmente triste. Se ha anunciado tantas veces la muerte de la filosofía, de la cultura, del pensamiento; yo afirmo desde mi absoluta subjetividad que la crisis de hoy en día es de las más grandes de la historia. Con conciencia de que hablo desde la pasión (aunque pasión largamente asentada): La filosofía contemporánea, la que se jacta de ser sistemática y productiva, es absolutamente aburrida, insustancial y antifilosófica. Tan es así, que sus ejecutores suelen gozar muchísimo más con su trabajo que con el objeto de estudio; como leí de un scholar hace poco: ‘qué es el placer intelectual sino resolver problemas’. Como una pregunta de ingenio, como un ejercicio matemático: pero lamentablemente sin la posibilidad de construir puentes con esa información. Y el so scholar citaba a Sócrates para su propuesta: Sócrates no gozaría en la verdad, gozaría en el camino a ella. Pero hombre, claro que se goza en el camino, si la verdad no se posee! Pero el camino, el camino del pensar, la diánoia, el discurso, no es placentero porque nos tropezamos en el camino, el placer está en el comprender, en la completud, como diría Aristóteles, en el completarse, como diría Platón. Gozamos por lo de actual que tiene el camino, por lo de fin que encontramos en él. Es ridículo – ridículo! – decir que la filosofía es igual a cualquier otra ciencia: o destruimos la jerarquía de objetos o evaluamos a las ciencias como mero ejercicio intelectual. Yo, por mi parte, no pienso haber seguido este camino para aburrirme como imbécil o aprendiendo a la fuerza procedimientos contemporáneos, ‘avances’, ‘nuevos supuestos’, para poder hablar con el resto. Es necesario erigir revistas, círculos, nichos, de filósofos que vean la cuestión de un modo diferente.

    Toño

  4. José Tomás Alvarado

    Estimado señor blogista:

    Creo que la preocupación expresada por el difunto profesor Ehrlich es compartida hoy por muchos. Supongo que especialmente en lugares como Alemania, donde hay una tradición filosófica, puede existir -de una manera más marcada- la sensación de que se está traicionando lo auténticamente filosófico. Quisiera hacer dos acotaciones por las que creo que la situación no es tan catastrófica como se presenta:

    1. Siempre los interesados en la Filosofía han sido pocos. Es cierto que en algunos períodos de la historia la filosofia ha atraído a las mentes más brillantes, pero siempre de un porcentaje de la población total bien minoritario. Debemos suponer que hoy sigue siendo un porcentaje muy minoritario de gente la que está realmente interesada en trabajar en filosofía. Este porcentaje debe ser corregido, por supuesto, con el aumento dramático de las tasas de alfabetización y las facilidades de acceso a la información (quiero decir, en el siglo XIII, por poner un ejemplo, una persona con mucho interés y muchas condiciones intelectuales podría no tener ninguna oportunidad de destacar porque es un siervo de la gleba y no ha aprendido a leer). Pues bien, por bajo que sea ese porcentaje, hay 6.000 millones de personas. Nunca antes en la historia de la humanidad hemos tenido una ‘base’ tan grande para que surjan talentos. Esto explica por qué el año pasado se ha escrito más de Filosofía que todo lo que se había escrito hasta los años 40.

    Uno puede tener la sensación, entonces, de que hoy día no surgen ‘grandes’ filósofos. No hay un Platón del que todo el mundo esté pendiente como de un oráculo, pero esto no es porque súbitamente la humanidad se haya vuelto estúpida o superficial, sino porque hay muchos ‘platones’ produciendo filosofía -muy buena- al mismo tiempo. Esto no es bueno para el ego de los filósofos, naturalmente, pero me parece de lo más sano para la Filosofía.

    2. En parte por el hecho de que hay muchísima más gente haciendo filosofía hoy, existe una presión por ‘producir’. Esto tiene ventajas y desventajas. La desventaja principal es que se corre el riesgo de ‘poner la carreta delante de los bueyes’ y escribir para completar curricula y no porque exista algo que decir. Hay que destacar también, sin embargo, que el estilo tradicional de académicos vacas sagradas sin ninguna presión también tiene una desventaja igual de grande, y es que es bien fácil ser flojo cuando el sueldo está asegurado, trabaje uno o no. La ventaja que tiene la presión por ‘producir’, sin embargo, es obvia. No sirve tener a Hegel en un departamento de Filosofía si nuestro ‘hegel’ es flojo. Creo que si se examina la producción reciente sin apasionamiento se verá que, aun asumiendo una proporción importante de ‘basura’ que era mejor no publicar, hay una ganancia neta enorme.

    En resumen (para cerrar este, ya, larguísimo comentario), si uno quiere ser una estrella filosófica al que todos admiren, este no es buen momento para hacer filosofía. Si uno quiere trabajar poco, con poca presión y hartos privilegios, tampoco es un buen momento para hacer filosofía. Si uno tiene una actitud más modesta, sin embargo, si lo que interesa es simplemente comprender mejor ‘la cosa’ de que se trate, o contribuir a esa mejor comprensión, entonces -definitivamente- este es el mejor momento para hacer filosofía.

  5. Estimado José Tomás,

    Creo que la preocupación -o más bien la angustia, el clamor- del prof. Ehrlich no consiste en una pataleta por la poca gente que se dedica a la filosofía, ni por el hecho de que los filósofos hayan perdido el prestigio y la gloria de antaño. No; se trata de otra cosa. Quien ha tenido la experiencia de estudiar filosofía en la universidad, probablemente ha tenido dos experiencias contrapuestas: en primer lugar, el asombro y el intenso gozo de pensar filosóficamente, ya sea en clases, leyendo un clásico o tomándose una cerveza con amigos, y en segundo lugar, la sequedad y el aburrimiento que produce una inmensa parte de la “bibliografía secundaria” sobre un tema, las clases de muchos docentes o la llamada “filosofía sistemática” de la actualidad.

    Cuando un estudiante coge en sus manos un “Cambridge Companion to” o ojea una “Kant Studien” o “Mind”, y encuentra sólo un trabajo de citaciones (filosofía histórica) o una serie de problematizaciones, o más bien “acertijos” (filosofía “constructiva”), rápidamente huele, como Hamlet, que algo anda podrido.

    Lo que anda podrido, si entiendo bien a Ehrlich, es que la filosofía, con toda su fuerza de ponerse a pensar y a descubrir, con todo su vértigo, ha sido lentamente domesticada por la academia y encapsulada en anaqueles o en escritorios de tipos que hacen de una actividad socrática un mero oficio de tinterillo; obligado a publicar en las revistas ‘top’, obligado por ende a pensar que la filosofía se ‘despliega’ como tal en esas publicaciones.

    Si entendemos así a la filosofía, entonces un tipo que no publica nada -justamente porque nada digno de la filosofía se le ocurre- (pensemos en los años de silencio de Kant, en el silencio final de Aquino, en la desconfianza a la escritura de Sócrates) y que prefiere la pedagogía académica (¿nos suena raro, no?), es un paria del sistema, un loco; quizá un excéntrico o un cabal holgazán.

    La filosofía ha tenido que justificar su lugar en la academia, cuando justamente ella era lo “académico” por excelencia. El modo de justificarse es inventar un mundo borgiano de publicaciones infinitas, inventar “estados de la cuestión” y transformar a la reflexión histórica en una ciencia positiva dependiente de una filología cuasi-cuantitativa (no exagero: ¿no han visto los estudios estilográficos de Platón?), una ciencia positiva que busca datos desconocidos para impactar en el próximo número de la revista Phronesis. Triste me parece…

    Pato D.

  6. Pablo Follegati

    Con la pretención de inocencia preternatural, me permito este brevísimo comentario y larga cita.
    Comentario:
    Tesis 1:El agnosticismo está en la base del academicismo publicacionista acomplejado.
    Tesis 2: El acomplejamiento filosófico(institucionalizado el siglo XIX) es lo formalísimo del academicismo publicacionista.
    Tesis 3: El agnosticismo es una decisión personal.

    Cito ahora a San Pio X, en su prístina encíclica Pascendi.

    I. EXPOSICIÓN DE LAS DOCTRINAS MODERNISTAS
    Para mayor claridad en materia tan compleja, preciso es advertir ante todo que cada modernista presenta y reúne en sí mismo variedad de personajes, mezclando, por decirlo asi, al filósofo, al creyente, al apologista, al reformador; personajes todos que conviene distinguir singularmente si se quiere conocer a fondo su sistema y penetrar en los principios y consecuencias de sus doctrinas.
    4. Comencemos ya por el filósofo. Los modernistas establecen, como base de su filosofía religiosa, la doctrina comúnmente llamada agnosticismo. La razón humana, encerrada rigurosamente en el círculo de los fenómenos, es decir, de las cosas que aparecen, y tales ni más ni menos como aparecen, no posee facultad ni derecho de franquear los límítes de aquéllas. Por lo tanto, es incapaz de elevarse hasta Dios, ni aun para conocer su existencia, de algún modo, por medio de las criaturas: tal es su doctrina. De donde infieren dos cosas: que Dios no puede ser objeto directo de la ciencia; y, por lo que a la historia pertenece, que Dios de ningún modo puede ser sujeto de la historia.
    Después de esto, ¿que será de la teología natural, de los motivos de credibilidad, de la revelación externa? No es difícil comprenderlo. Suprimen pura y simplemente todo esto para reservarlo al intelectualismo, sistema que, según ellos, excita compasiva sonrisa y está sepultado hace largo tiempo.
    Nada les detiene, ni aun las condenaciones de la Iglesia contra errores tan monstruosos. Porque el concilio Vaticano decretó lo que sigue: «Si alguno dijere que la luz natural de la razón humana es incapaz de conocer con certeza, por medio de las cosas creadas, el único y verdadera Dios, nuestro Creador y Señor, sea excomulgado»(4). Igualmente: «Si alguno dijere no ser posible o conveniente que el hombre sea instruido, mediante la revelación divina, sobre Dios y sobre el culto a él debido, sea excomulgado»(5). Y por último: «Si alguno dijere que la revelación divina no puede hacerse creíble por signos exteriores, y que, en consecuencia, sólo por la experiencia individual o por una inspiración privada deben ser movidos los hombres a la fe, sea excomulgado»(6).
    Ahora, de qué manera los modernistas pasan del agnosticismo, que no es sino ignorancia, al ateísmo científico e histórico, cuyo carácter total es, por lo contrario, la negación; y, en consecuencia, por qué derecho de raciocinio, desde ignorar si Dios ha intervenido en la historia del género humano hacen el tránsito a explicar esa misma historia con independencia de Dios, de quien se juzga que no ha tenido, en efecto, parte en el proceso histórico de la humanidad, conózcalo quien pueda. Y es indudable que los modernistas tienen como ya establecida y fija una cosa, a saber: que la ciencia debe ser atea, y lo mismo la historia; en la esfera de una y otra no admiten sino fenómenos: Dios y lo divino quedan desterrados.

  7. Sandunga

    Antes que todo, felicito a Pato y Toño por el relanzamiento de nuestra entrañable Ruleta Rusa, una Ruleta sin duda más madura, ya no elaborada por licenciandos, sino por doctorandos ya entrados en canas y, eso espero, en sabiduría.
    Quisiera acotar algo de lo que decía Pato, especielmente con respecto a lo que dice en el tercer párrafo de su última intervención. La crítica al oficio del filósofo actual no es algo nuevo, y lo he escuchado de filósofos provenientes de las más diversas escuelas (los llamados ‘analíticos, ‘posmos’, ‘fenomenólogos, etc.). Creo que el único aspecto en el que discrepo de Pato -y que no es menor- es en su conclusión de que la vorágine propia de la vida académica actual, que se concreta fundamentalmente en la exigencias en términos de publicación, obligue al estudioso a pensar que la filosofía se despliega COMO TAL en esas publicaciones.
    Hace poco tiempo tuve la suerte de gozar de un almuerzo de camaradería con un connotado filósofo, conocido por muchos de ustedes y al cual supongo que no le gustaría ser nombrado. Se trata de un doctor que publica numerosos papers al año en recopilaciones y ‘revistas top’, y que últimamente ha publicado no pocos libros. Convresando justamente acerca de esta vorágine de obligaciones propias de la academia, me sorprendió cuando señaló que la ‘verdadera filosofía está aquí’ (no son textuales las palabras, naturalmente, pero es la idea). Se refería a la reunión que habíamos tenido poco antes, en la que un grupo de cuatro personas traducíamos y comentábamos a Platón sin ánimo de demostrale nada a nadie, y, sobre todo, al almuerzo del que disfrutábamos en las cercanías de la plaza Brasil. En definitiva, la idea, que desplegó a continuación, era que una cosa es el oficio del filósofo -cuyo ejercicio nos permite vivir- y otra cosa es la filosofía misma. Naturalmente es difícil distinguir las dos cosas, pero si se pierde este horizonte es fácil agobiarse. El consejo me pareció muy valioso, más cuando nos comentó que lo mismo había escuchado él de gente de la talla de E. Berti, Ch. Kahn, etc.
    Se me viene a la memoria también la entrevista que hizo C. Warnken a A. Vigo en el programa “La belleza del pensar”. Ahí abordan también este problema. Vigo dice por ahí algo así como que “son tantas las veces que se ha matado a la filosofía, que cabría pensar que en realidad es inmortal”. De más está explicar que Vigo viene de vuelta en lo que a publicaciones se refiere. Sin embargo, ante la pregunta de ‘dónde’ está la filosofía ahora, Vigo no duda en reconocer que ésta está muy viva en la relación profesor-alumno y, más especialmente, en la relación guía-tesista.
    En fin, puede que haya abusado aquí de ciertos ‘argumentos de autoridad’, pero lo cierto es que tengo el convencimiento de que existe bastante conciencia entre no pocas grandes cabezas de que no es tan así como que la filosofía se despliegue COMO TAL en publicaciones y esas cosas. Tanta publicación es, si se quiere, ¿un mal? necesario, y ciertamente involucra varios peligros, pero, aún reconociendo lo difícil que puede ser separar el oficio del saber filosófico (más aún cuando uno se encuentra en esa etapa de la vida en la que hay que hacerse un especio en el circuito), creo, sin embargo, que no es imposible establecer la distinción y, es más, me parece muy saludable. Espacios como este hacen crecer la esperanza de que no todo está perdido.

    par Sadunga

    • Estimado Andrés,

      Qué alegría verte dando vueltas por esta nueva Ruleta. Espero que seas un asiduo lector, propagandista y colaborador incendiario.

      Con respecto al tema que nos atañe, veo en tu respuesta una distinción que me parece muy complicada y digna de cierta sospecha: la distinctio entre ‘oficio de filósofo’ y ‘filófoso’.

      Me parece que esa distinción (ya sea de iure o de facto) puede ser fatal. Si distinguimos ambas cosas entonces terminamos por expulsar paulatinamente a la filosofía de las carreras de filosofía, y las transformamos a éstas en algo así como ‘Escuelas de oficio filosófico’ (una especie de administración de empresas & servicios, pero de la filosofía).

      Yo estoy acostumbrado a esos dualismos grises en abogados o ingenieros, que dicen trabajar en una empresa fome para luego poder hacer lo que les gusta en realidad (literatura, historia); pero en un profesor de filosofía me parece extraño: ¿se dedica uno al oficio de filósofo para justificar de alguna manera su dedicación a lo ‘otro’? ¿qué sería lo ‘otro’? La filosofía, el quid del asunto, pasa a ser lo ‘otro’, lo extra-académico, lo que se encuentra en pequeños círculos herméticos, en bares de mala muerte, casi en ‘epifanías’, muy lejos de las universidades, muy lejos de los alumnos de pre-grado, aprendices del oficio.

      Yo creo que muchos académicos piensan que la filosofía como tal se despliega en la vorágine publicitaria, por la sencilla razón de que le dedican la mayoría de su tiempo y de su energía. Ubi thesaurus, ibi cor.

      No me parece algo malo publicar en sí, claro que no; estoy en contra de que la publicación -más encima la publicación revisteril, indexada, etc- sea la vara y medida para juzgar al docente, a las facultades, y al final, a la filosofía misma. Si Sócrates renaciera, ninguna facultad lo aceptaría como profesor. Eso es anormal, ¿no caro Andrés?

      Saludos desde la niebla en Tübingen

  8. José Tomás Alvarado

    Mucho me temo, mis estimados amigos, que Herr Doktor Ehrlich fue simplemente un perdedor. Me alegra que la re-edición de sus escritos haya generado esta interesante discusión (la que espero, se mantenga). He averiguado, sin embargo, en los archivos de la Bodleian Library -en donde me encuentro ahora- y también he podido conversar con gente que lo conoció personalmente en Oxford (me han pedido reserva, naturalmente).

    Ehrlich era un joven prometedor, muy agudo filosóficamente, pero -al parecer- un amor tormentoso con una bailarina exótica hungara hizo que cayera en el alcoholismo y la ludopatía. Perdió todos sus bienes familiares y jamás pudo producir nada decente. Decían de él que sería el sucesor de Gadamer, pero todo se arruinó por sus vicios. Una triste historia.

    Me parece saludable que las referencias a su interesante vida salgan nuevamente a la luz pública, pues -creo- trae lecciones útiles para las jóvenes generaciones de talentos filosóficos.

  9. Pablo Follegati

    Creo que don José Tomás, con quien tuve la oportunidad de compartir la excelente mayonesa de “Elkika” cuando Patodom se licenció, se deja llevar apresuradamente por la feroz campaña difamatoria que recibió el profesor Viktor (Vikky, como le decían sus cercanos) en vida y después de fallecido. Si se aplican un poco en Google, y sobretodo en el buscador Altavista, verán que Vikky tuvo algo de culpa en esta andanada de información denostatoria, porque nunca respondió ninguna crítica, ni en los pasillos de la universidad ni públicamente.
    La animadversión de algunos de sus colegas hizo que algunos entusiastas y venidos alumnos escribieran irónicos y muy poco cristianos artículos en el periódico de los alumnos de Heidelberg: se reían, más que nada de su “anticuada” inclinación a terminar hablando en algunas de sus clases acerca de la muerte.
    Es cierto que se enlazó sentimentalmente con Grozna, la bailarina húngara, pero se trató de un amor bastante más puro que el sugiere don José Tomás. Lo del alcoholismo es falso: tomaba como cualquier otro alemán, y si él era alcohólico lo son también todos los alemanes (tesis interesante).
    Lo de la ludopatía es cierto: el tema del azar (tyché) lo motivó durante muchos años, y no es gravedad pensar que la causa sicológica de este vicio haya sido una lectura deflacionaria de la Física aristotélica.

  10. Me parece excelente que Pablo Follegati defienda la memoria del profesor Ehrlich. Como Tomás Alvarado ha sido víctima, sin quererlo, de la campaña de difamación que comenzara en Inglaterra en los años 50, me siento en el deber de aclarar ciertos hitos de la vida de Ehrlich, complementando lo que ha escrito Pablo Follegati, un buen conocedor de la vida y obra del mentado profesor.

    Efectivamente, todo empezó en Cambridge, donde Ehrlich señaló en tono de broma y luego de algunas copas de brandy y en una comida privada, que la filosofía analítica le parecía un “hijo bastardo del pensamiento alemán” (ein Kegel des deutschen Denkens), refiriéndose a que los fundadores de dicha corriente, Frege y Wittgenstein, pertenecían al mundo germano y que los ingleses sólo se limitaban a copiarlos para sacarse a Hegel de encima, otro alemán. Esto cayó mal en ciertos estudiantes, que rápidamente empezaron a esparcir rumores sobre la vida de Ehrlich, que hoy ya son moneda común.

    Como bien dice Pablo, Ehrlich no fue jamás un borracho. Como buen bávaro, tomaba mucha cerveza, incluso al desayuno. Jamás dijo que no a una Hefe y se cuenta que su familia producía cerveza artesanal en un pueblo cercano a Dachau. Lo de la bailarina húngara es una copucha oxoniense más: Ehrlich enviudó en 1959 y luego de dos años le presentaron a la señorita Grozna Pétérne, que en ese entonces oficiaba de bailarina de ballet (no era una bailarina exótica ni de mala muerte, como insinúa José Tomás) de la compañía dirigida por Laszlo Pálínkó. Se dice que don Viktor se enamoró de ella cuando asistió a ver Cascanueces, pero creo que eso es parte de una leyenda romántica. Tuvieron un corta relación porque la cosa no prosperó. Grozna siempre lo recordó como un caballero y don Viktor le mandó flores para su cumpleaños hasta el día de su muerte.

    Lo de la ludopatía es un mito esparcido por los alumnos de Cambridge. El profesor Ehrlich una vez comparó a la filosofía analítica con un “jueguito de números” (Nummerspielchen), y dijo que si de eso se trataba, los filósofos analíticos deberían dedicarse a ganar plata en el casino, calculando las probabilidades de la ruleta. Entonces estos alumnos de intercambio lo desafiaron a que fuera con ellos a jugar al casino en Bade-Baden. El profesor accedió gustoso. Luego de tomarse una cerveza, se dirigió con ellos a la famosa Baden-Baden. Allí ganó en un par de jugadas mil marcos (hoy, 5 millones de peso), ante la atónita mirada de los alumnos ingleses. “Para que vean” les dijo “que yo soy mejor filósofo analítico que uds.” y regalándoles el dinero se marchó. “Para que tengan plata para tomar cerveza” le oyeron los jóvenes exclamar, y encendiendo su cigarrillo se alejó a paso tranquilo por las avenidas arboladas de la “joya de Suavia”.

    ___
    fuente: Der ruhe Geselle. Biographie von Viktor Ehrlich. Hoffnungslosigkeit Verlag, Regensburg 1974.

  11. Ofbiderzen

    ¿Es idea mía, o Hoffnunglosigkeit Verlag tiene posesión absoluta de los derechos de las obras de Ehrlich y de todo lo que refiera a él?

  12. Mario Molina M.

    Estimados amigos,
    me uno a las felicitaciones por haber hecho renacer a la Ruleta Rusa desde aquellos tiempos donde solo era un pasquín de mala muerte. A esta le faltaba casi todo, menos lo más importante: una idea, difusa, que manifestar para decir algo contra algo (quizás contra nosotros mismo). Hace unos días recordaba, luego de sacar entre el polvo los números que conservo de la ruleta rusa pasada, los viajes al metro Los Héroes para poder imprimir algunos ejemplares a precio módico y al alcance de universitarios. No cayeron lágrimas, pero sí hubo cierta emoción. Mis más sinceras felicitaciones a los editores por volver a promover un espacio de discusión filosófica.

    Tengo que decir que discrepo de las opiniones vertidas por los editores de esta revista, pero no por pensar que la filosofía no debiese estar referida únicamente a la publicación de artículos en revistas y todo eso. Discrepo en un punto menor, pero no por eso menos importante.

    De entre todas las alegrías y beneficios que nos ha traído la modernidad, también nos trajo una sociedad mucho más compleja de organizar en todos sus ámbitos. Hay varios factores que mencionar, pero téngase en cuenta solamente la explosión demográfica desde mediados del siglo XX, que mencionó José Tomás supra, y todas las complicaciones que esto trae. El sistema universitario en general, por importante que sea para la sociedad, no podía quedar ajeno a esta organización. Por ello, desde el punto de vista de la coordinación de la investigación universitaria, el sistema de publicación de artículos es realmente espectacular. Básicamente, porque genera la posibilidad de cuantificar el trabajo realizado por sus investigadores, de distribuir recursos según este ordenamiento a las distintas facultades y de poder seleccionar las mejores universidades en conformidad con este mismo criterio. Así, por ejemplo, si un gobierno quiere llevar a cabo una investigación de relevancia pública, puede saber con cierta precisión qué universidad escoger para ello dentro de toda la variedad existente. Se podría alegar, con razón, que este procedimiento no esclarece con exactitud cuál sea la mejor universidad, pero de cualquier modo este sistema es infinitamente mejor que la mera intuición o el azar.

    De manera consciente, estoy dejando de lado los intereses creados en los rankings y otros vicios que un sistema de este tipo puede provocar. Sería ingenuo pensar que el modo de hacer investigación científica actual sea el mejor de los mundos posibles. Pero lo que sí sabemos es que ofrece una serie de ventajas dada la situación compleja del mundo por estos días.

    En el caso de la filosofía en particular, aun cuando sea verdad que este sistema puede opacar la verdadera tarea de la filosofía, que quizás podría ser caracterizada, de manera muy gruesa, como la necesidad de preguntarse por el significado de la humanidad del hombre, la obliga a insertarse en una específica modalidad de trabajo. ¿Por qué los filósofos debieran quedar aislados de la necesidad de ser observados en su trabajo a través de un sistema estandarizado, como es la publicación de artículos? ¿Cómo justificarán su sueldo los filósofos frente a las autoridades? ¿Acaso los encargados de distribuir los recursos en una universidad tienen que tener una fe ciega en los filósofos solamente porque estos mencionan la diferencia del oficio de un par de filósofos griegos en una Grecia cuya organización social era radicalmente diferente a la que existe ahora en todo el mundo? ¿Quién puede garantizar que el outsider de la filosofía realmente trabajará, y no se sentará a escribir meras estupideces?

    Mi opinión es que no se puede hacer un sistema universitario pensando en los Platones, los Aristóteles, los Tomás de Aquino, los Kants, en definitiva, pensando en las excepciones, cuando este sistema tiene que funcionar para millones de personas que no son genios. Por esta razón, para suplir las fallas de este sistema, me parece que la distinción que hacía Sandunga entre las dos labores del filósofo es fundamental. Todo lo que no pueda cubrir la publicación de papers debiera ser cubierto por el investigador en cuanto profesor o en cuanto guía de tesis o en cuanto colega universitario. En este sentido, creo que el dualismo, si se lo quiere llamar así a pesar de toda la carga histórica (negativa para algunos) que pueda tener esta palabra, está completamente justificado.

    Y por último, sería interesante que de toda esta discusión salieran propuestas de organización de facultades de filosofía que puedan hacerse cargo tanto de las fallas como de los beneficios del sistema actual. Hasta ahora, todos los alegatos parecen ser un grito desarraigado en medio de la cordillera, cuyos ecos durarán unos segundos, pero cuya fuerza desaparecerá con la misma violencia con que surgió.

    Y de nuevo, agradezco y felicito a los editores de este espacio por la oportunidad de discutir este tipo de cosas.

    Saludos a todos,
    Mario

  13. Gracias Mario por tus felicitaciones y qué gusto tener otra voz en este debate. Distingo eso sí, dentro de las voces de este blog la mía de la de Patricio: no tenemos oficialmente opinión de blog.

    Me parece muy bueno tu análisis y no puedo negar que me convence bastante tu precisión del contexto histórico y social en el que estamos hablando. Yo me acuso de nostálgico por añorar el filosofar de los griegos o la universidad alemana que juntó a Hegel, Hölderlin y Schelling en un mismo alquiler. No está necesariamente mal esa nostalgia histórica – es el principio de los ‘renacimientos’ -, pero perdido en el pasado se puede desfigurar el presente. Acepto que hay un estado de cosas desde el cual hay que empezar a hablar.

    ¿Es posible, sin embargo, no aceptar o criticar ciertos elementos del estado de cosas? Sí, claro, pues llegaron a ser a partir de decisiones libres y pueden ser de algún modo depuestos por decisiones tan libres como las primeras. No creo que sea muy fácil criticar a la ‘técnica planetaria’ (déjenme ocupar la expresión) en sí misma (habría que justificar el imperativo ético de vivir más cercano a la naturaleza), pero sí la hegemonía de la técnica, el absolutismo de la técnica que caracteriza a la sociedad actual.

    El arte, la filosofía y las humanidades en general siempre han mantenido cierta independencia frente a esa cuantificación. Naturalmente el progreso de la técnica le otorga enormes beneficios y posibilidades a estas áreas: el acceso a la información, a la publicación y también a una cierta evaluación que nos permita a la larga ‘discriminar’ entre el enorme universo de publicaciones. La pregunta es si los recursos técnicos restringen tanto como posibilitan la actividad de estas áreas históricamente independientes de tal nivel de tecnificación.

    Hay un nivel en el que la restricción es aceptable por la clara bondad de la posibilidad: por ejemplo, el profundo impulso del oficio filológico del XIX abrió la posibilidad de trabajar mucho más rigurosamente en ciencias del espíritu, progreso difícil de no reconocer; sin embargo, muchos nos quejamos de dicho oficio cuando vemos su aplicación a textos filosóficos ya no como ciencia auxiliar, sino como modo único de reflexión. Ahora, la hipérbole de la filología no es una consecuencia necesaria de la fundación de dicho oficio y no puede opacar la grandeza de las posibilidades que nos entrega para trabajar con rigurosidad los textos. Entiendo por la lógica algo similar, una técnica que abre posibilidades al ejercicio de la filosofía y que sólo en su hipertrofia la restringe.

    Claro que la ‘técnica planetaria’ no es del todo analogable a la filología o a la lógica como ciencias auxiliares de la filosofía. No es que los métodos de publicación y cuantificación nos permitan por sí mismos trabajar mejor en filosofía: es condición de la hermenéutica de textos el dominio filológico, es condición del análisis de argumentos el dominio lógico, pero no es condición de ninguna de las prácticas que auxilian a la filosofía (como lo es la hermenéutica de textos y el análisis de argumentos) el dominio por ejemplo de la ‘estructura paper’: es accidental a la reflexión filosófica como tal la fidelidad a dicha estructura. A lo que sí auxilian estas nuevas herramientas, la publicación y su cuantificación, es a la configuración de una ‘sociedad de filósofos como tal’. La estandarización, que es el resultado de la aplicación de estas herramientas técnicas, nos permite encontrarnos con una suerte de ‘ciencia en progreso’, frente a la cual como sugiere el profesor José Tomás Alvarado habría que adoptar la actitud humilde del ‘colaborador’.

    La pregunta es si es lo mismo posibilitar la reflexión filosófica y posibilitar la conformación de una ordenada sociedad de filósofos. (Con Cristián Dagnino hemos discutido más de una vez sobre la ‘racionalidad’ que se supone operar detrás del progreso de las sociedades científicas; en una ‘sociedad de filósofos’ creo que esta pregunta se agudiza: Cristián podría iluminarnos sobre el punto; no lo pondré en la balanza en esta ocasión). Creo sin duda que la reflexión filosófica puede verse estimulada – no condicionada – por tal estructura: el mejor acceso a la información, la mayor probabilidad de poder poner mis ideas en publicación y la garantía de estándares mínimos de calidad. Hasta aquí los beneficios o estímulos de la nueva sociedad de filósofos (posibilitada por la técnica planetaria) para la reflexión filosófica.

    Lamentablemente, hoy el sujeto, el verdadero sujeto de la filosofía, es dicha sociedad de filósofos. Hoy podemos decir ‘la Filosofía progresa’ como decimos ‘la Ciencia progresa’, los sujetos en abstracto. Pero el error está en que el sujeto de la filosofía es finalmente el hombre, el hombre que filosofa. Podemos decir ‘¡eureka, he aquí filosofía!’ cuando encontramos un hombre pensando, sólo ahí: claro que en la obra, paper o lo que sea, se abre una posibilidad para pensar, piensa el que escribe, piensa el que lee. Y en esto radica precisamente esa autonomía que han reclamado desde siempre la filosofía (y el arte y las humanidades) frente a las ciencias naturales: la imposibilidad de prescindir del hombre que piensa. Y como el hombre ha pensado siempre, no tenemos en filosofía que pensar en términos de progreso: Aristóteles, Santo Tomás o Kant pudieron haber pensado más profunda, unitaria y analíticamente que nosotros. Lo que existe, y eso es otra cosa, es una relación histórica y real con la tradición: Santo Tomás requirió a Aristóteles para pensar de su propio modo, Kant los requirió a ambos. Nosotros somos imposibles sin ellos y los requerimos para pensar desde el hoy.
    En conclusión, que la sociedad de filósofos me permita leer todas las obras de Kant, a rápido alcance, en pdf, todas las versiones, traducciones y manuscritos a la mano, acceso a cientos de artículos en Kantstudien y otras revistas, con la certeza de que accedo a estudios serios, que cumplieron con estándares de calidad, y que cuando yo quiera escribir se me exija dicha seriedad y sea estimulado a leer bien, a no pasar de largo, a no decir lo que el otro ya dijo (no habría problema en pensar lo mismo, pero sí en escribirlo) y otros mil beneficios de los que no me acuerdo… bendita sea!

    Pero el sujeto, el filósofo, el que pensó y busca la sabiduría, modestia delante, seguire siendo yo.

    Toño

  14. cd

    Estimad@s:

    En los comentarios se han discutido varias temas y están en juego dos intuiciones sobre el asunto. Creo que todos estamos de acuerdo que el sistema actual ha traído costos fuertes, pero también beneficios, y el asunto es intentar ver si sus beneficios son más esenciales que sus costos. Como el tema tiene muchos hilos y ya se ha dicho bastante, yo voy a tirar un par de comentarios medios al aire:

    1) Progreso de la filosofía: está buena la pregunta de Toño. Evidentemente no se trata de llegar y tener muchos papers espectaculares. Ya Platón en el Fedro hablaba en contra de analizar las cosas de esa manera (creo…espero que los platonistas no me odien). Supongo que la pregunta es si el sistema actual posibilita que los profesionales de la filosofía hagan filosofía de verdad y que la gente -de modo más o menos masivo- pueda participar de ella o no. Por supuesto, la pregunta también es qué sistema alternativo viable se propone, pues, como bien apunta Mario, las condiciones actuales pueden no dar para una vuelta al pasado ni siquiera en principio.

    2) Una manera de entender los costos: se medimos todos con la misma vara, con una sola dimensión, estamos incentivando cierto tipo de actividad en desmedro de otra. En particular, incentivar la publicación puede ir en desmedro de la enseñanza o de aquellos que ayudan en la divulgación de la filosofía de muchas maneras (aunque, ojo, puede haber una gran sinergia entre ambas). Mientras más esencial a la filosofía sea nuestra medida, menores serán los costos. Si se contratan y promueven profesores basándose en una regla mecánica, entonces los riesgos serán altos.

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