La profecía de Kurosawa: ¿técnica o naturaleza? Para una lectura del desastre atómico en Japón

por José Antonio Giménez

Con ocasión del desastre de la planta de energía nuclear post-terremoto que atañe a Japón en estos días, recuerdo brevemente algunos elementos del cine de Kurosawa que me parecen iluminar de alguna manera la situación y que pueden permitirnos discutir sobre la actualisíma cuestión de la justificación de la ‘ecología’. 

En ‘RAN’ (1985) (película que fue comentada en este blog hace unos meses) Kurosawa recompone el Japón del siglo XVI, que parece corresponder a algo así como al final del Medioevo japonés. En esta época aparece en Japón el ‘arcabuz’, una primitiva arma de fuego, que parece haber cambiado el ‘arte de la guerra’: la caballería se vuelve obsoleta y se mata más en menos tiempo. Kurosawa interpreta la ‘aparición del arcabuz’ en analogía con la aparición de la bomba atómica, una nueva revolución en el arte de matar, que vuelve a dejar obsoletos sistemas de combate tradicionales y que entrega resultados de muerte altamente prodigiosos.

Kurosawa sufría con nostalgia el olvido del Japón milenario, dejado a un lado por una sociedad absolutamente absorbida por la técnica moderna. En el sexto relato de ‘Sueños’ (1990) nos muestra proféticamente Kurosawa la explosión de una serie de plantas nucleares del Japón con razón de un desastre natural, en este caso, la erupción del Fukijama. El séptimo y el octavo sueño parecen ser variables del futuro: un mundo de demonios (humanos despojados de la naturaleza) y un mundo de orden con la naturaleza.

Para entender sin embargo el ‘ecologismo’ de Kurosawa, creo que es necesario relacionarlo antes con una vuelta al mundo pre-técnico que con el ecologismo contemporáneo. Para esto es clave su film de 1975 ‘Dersu Uzala’, que narra la vida de un cazador de la tribu Nanai en la Siberia rusa, quien logra comulgar en su vida la caza del magnífico tigre siberiano con una vida en absoluta armonía con la naturaleza. Es en la práctica insostenible y en teoría bastante difícil argumentar a favor de una relación puramente ‘contemplativa’ con la naturaleza. Hay que notar que el cazador de Kurosawa alcanza su mayor ‘integración’ con la naturaleza precisamente cuando caza al tigre. Pues el cazador primitivo parece ser una ‘suerte de animista’ y no alcanza a objetivar la naturaleza como distinta de sí.

Así, es fácil ver como Caos y Técnica parecen representar para Kurosawa una cierta identidad. La profecía de Kurosawa se ha vuelto real, las atrocidades de la historia contemporánea justifican su rechazo a la técnica. La imagen de Prometeo encadenado, sufriendo el castigo de los dioses (al costado)por haber robado el ‘fuego de los dioses’ para entregárselo a los hombres, nos habla de que desde la antigüedad la técnica se entendió como una ‘realidad ambivalente’: ocasión de progreso para los hombres (envidia de los dioses) y oposición peligrosa a las fuentes naturales que limitan a fin de cuentas las posibilidades de la técnica.

Dejo abierta la discusión sobre las posibilidades de la técnica y su relación con la naturaleza.

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2 comentarios

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2 Respuestas a “La profecía de Kurosawa: ¿técnica o naturaleza? Para una lectura del desastre atómico en Japón

  1. Pato D.

    Un pequeño aporte: hay un párrafo de Nietzsche muy bueno para expresar esa idea de naturaleza como lo “no-humano”, el reino de lo irracional, el mundo mineral-vegetal-animal, ese mundo al que se refiere el dicho “la naturaleza no perdona”:

    ¿Queréis vivir «según la naturaleza»?. ¡Oh nobles estoicos, qué embuste de palabras! Imaginaos un ser como la naturaleza, que es derrochadora sin medida, indiferente sin medida, que carece de intenciones y miramientos, de piedad y justicia, que es feroz y estéril e incierta al mismo tiempo, imaginaos la indiferencia misma como poder – ¿cómo podríais vivir vosotros según esa indiferencia? Vivir – ¿no es cabalmente un querer-ser-distinto de esa naturaleza? ¿Vivir no es evaluar, preferir, ser injusto, ser limitado, querer ser diferente? Más allá del bien y del mal, 9.


    De esta naturaleza es la que el hombre quiere protegerse, cuidando el fuego, construyendo canales o cobijándose bajo un techo que no sea un árbol vivo. Es la naturaleza que no captan los ecologistas extremos. No por nada, el reactor nuclear se averió a causa de un terremoto, producido por la “indiferencia misma como poder”.

  2. Toño

    La cita de Nietzsche es muy interesante, aunque a mí me hace pensar en la ambivalencia de sus dichos. La doctrina del eterno retorno se entiende bastante bien como un ‘sumergimiento en la naturaleza’ y la voluntad de poder como una ‘voluntad de indiferencia’. Aunque Nietzsche detestaba el ‘budismo’ (nihilismo pasivo), a mí me parece cercano a un cierto tipo de panteísmo en sus escritos tardíos. Pero más allá de estas discusiones, aprovecho la cita de Patricio para introducir dos conceptos nietzscheanos que pueden iluminar en algo la cuestión:

    Lo apolíneo y lo dionisiaco: lo primero aparece, lo segundo es; lo primero es belleza, los segundo es brutal. A lo apolíneo lo llama abiertamente N. ‘el principio de individualidad’, la voluntad de distinguirse del resto creando figuras; estas figuras (personalidades, ‘caracteres’) se rompen o se diluyen en lo dionisiaco, por ejemplo, tras una borrachera. En ese momento, somos ‘uno con la naturaleza’. Luego, al retornar la conciencia (conciencia es en N. siempre ‘conciencia moral’), reaparecen las figuras, las ‘apariencias’, los ‘phantasmas’.

    Ahora, nuestro mundo, nuestra cultura, en resumen, nuestra ‘técnica’, es el gran ‘phantasma’, la multiplicidad de apariencias que envuelven finalmente la única voluntad de poder. En este sentido, la ‘lógica de la técnica’ no se distingue de la ‘logica de la naturaleza’, con la única diferencia de que la técnica, como producto exclusivamente humano, le permite al hombre de alguna manera ‘crear’ figuras con ‘conciencia’. De este modo, toda figura técnica es fundamentalmente moral, lo que no significa otra cosa que el ‘ser un modo – máscara – de imposición de poder’.

    Ahora, tiene la técnica tal dimensión moral (en N. podríamos decir ‘in-moral’)? Para N. no es una crítica a la técnica, porque las categorías morales – apolíneas – suponen finalmente las categorías amorales o indiferentes – dionisiacas-.

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