‘Matrimonio homosexual’ y retórica del progreso

por Patricio D.

Es un lugar clásico en la filosofía afirmar que justamente lo más evidente, lo que más damos por obvio, es lo más difícil de demostrar o explicar. Por siglos se ha considerado que el matrimonio -institución más vieja que el cristianismo, por si alguien se olvida- se da entre un hombre y una mujer. Hoy esta noción se discute. “Si las parejas heterosexuales pueden casarse, ¿porqué no las homosexuales? Vivimos en la sociedad del respeto y de la igualdad de derechos, etc.” Ante esta arremetida, quien daba por su supuesto que el matrimonio era una cosa reservada a un hombre y a una mujer tiene que sentarse a pensar el asunto, a buscar un porqué de lo que parece evidente. El porqué, luego de algunas cavilaciones,  aparece más o menos de esta manera: el matrimonio es un complemento corporal y espiritual sobre el cual se funda una familia: todo complemente supone una alteridad: la alteridad corpóreo-espiritual sólo se da entre el hombre y la mujer. Se retrucará con que todos estos conceptos son impositivos y violan la libertad de las personas. Habrá quienes decidan que ese complemente se da mejor entre personas del mismo sexo: “¿Acaso no tienen derecho a actuar según lo que ellos consideran correcto?” El argumento de los “derechos” parece no tener rival: si afirmo que no todos tenemos los mismos derechos o que el “derecho” a casarse se define por su posibilidad procreativa parece que quedo fuera de juego. Si digo que los homosexuales no tienen derecho a casarse porque no cumplen con el requisito básico para hacerlo, se me responderá con el epíteto de “homofóbico” (lo que equivale a decir: eres un matón incapaz de participar de la civilización) y a lo segundo el intelectual progresista me dirá que soy el último bastión de un “concepto ingenuo de naturaleza”, “del naturalismo lingüístico”, de ser un fanático religioso o defensor de algo “pre-moderno”. En resumen, si estoy en contra de la “moción del matrimonio gay” puede que yo sea (a) mala persona (b) falto de seso y (c) anticuado.

En este columna me gustaría examinar con más detalle la retórica que hay detrás de estas usuales réplicas.  Si nos fijamos bien, el progresista, tal como reza su nombre, habla de “progreso”: este es el hilo conductor de su propuesta. El mundo actual se dividiría en lo fundamental entre dos posiciones: la conservadora y la progresista. La postura conservadora quiere conservar, quiere dejar las cosas tal como las recibió (¿de la edad media?), mientras que la postura progresista quiere progresar y cambiarlas. Un bando está por el oscurantismo y el autoritarismo, el otro aboga por los derechos y la libertad. Esta caricatura simplona que encontramos en los defensores más toscos del ‘matrimonio homosexual’ (pero compartida en parte por sus defensores más sofisticados) es la que se expresa en frases como “antes había esclavitud y los conservadores se oponían a su abolición. ¿quieres oponerte también a que dos personas que se aman no sean injustamente discriminadas?” o “antes los conservadores se oponían a la teoría de la evolución, y hoy la aceptan; mañana pasará lo mismo con este tema”. Estas frases esconden una serie de supuestos extraños. Por de pronto, presuponen que el ‘matrimonio’ homosexual es un avance o un progreso hacia lo bueno, por el hecho de ser algo novedoso o “moderno”.  “¡Hay que ser absolutamente moderno!”, parecen repetir, junto al poeta. Ahora bien, erigir como criterio de bondad el que algo sea “moderno” ¿no deja bastante que desear? ¿No es una sandez decir que una cosa es mejor o más conveniente que otra por el mero hecho de ser la segunda más nueva? ¿No estamos transponiendo un criterio aplicable a la tecnología al ámbito ético-político? ¿Lo que puede servir para los artículos electrónicos o la medicina, sirve también para la sociedad y las personas? Concediendo que la humanidad haya progresado en muchos ámbitos, eso no quita que también haya habido retrocesos, retrocesos que pueden opacar al más brillante progreso. El siglo XX es un ejemplo vivo de cómo ciertas conquistas históricas pueden desaparecer en un tris de la mano del régimen político “moderno” que sea. Desde que la palabra ‘moderno’ es un mantra, una palabra mágica, ésta se ha invocado para propiciar todo tipo de barbaridades; desde asesinar masas, quemar libros (para reemplazarlos por libros ‘más actuales’) hasta botar barrios antiguos y destruir obras de arte.

¿Porqué entonces esa fe ciega en el progreso? “No se trata de fe -responderán- se trata de constatar que en los países más desarrollados estas cosas se están aprobando, mientras que aquí, en Chile, estamos a la época de las cavernas”. Nuevamente la retórica del progreso, ahora con criterios comprobables: los países desarrollados. Me temo que el argumento “ellos (españoles, estadounidenses, franceses) lo han hecho” sólo pueda tener cabida dentro de un país tan arribista como el nuestro. Esa cantinela se repite desde hace siglos en Chile como excusa para todo: a la élite se le ocurrió que era mejor ser  francés que hispano, y desmontaron el magnífico artesonado español de la catedral de Santiago para cambiarlo por un estuco afrancesado y mármol pintado (tal cual); hoy muchos pronuncian la palabra “Harvard” como si fuera un amuleto y se endeudan para aprender inglés sin haber ojeado el Quijote o poder escribir en un castellano correcto. Tendremos mucho que envidiarle al primer mundo, pero de ahí a concluir  que tenemos que imitar todo lo que salga es bastante pueril. ¿No es nos sonrojamos un poco cuando escuchamos hablar de la “Belle Époque santiaguina”? –¡ojalá no se entere un francés!- ¿no es un poco tonto que nos hablen de Harvard como un modelo a seguir en lo que sea? ¿No suena ingenuo que nos propongan como modelos a países donde la juventud es igual de alcohólica y desesperanzada que la nuestra? En suma, el que un país desarrollado haya hecho tal o cual cosa es un elemento retórico digno de ser mirado con menos entusiasmo, considerando también que el “copiar-pegar” es una fantasía.

Llegamos el núcleo del problema. Despejado el aderezo retórico del progreso y de los modelos a seguir, sólo queda defender la moción del ‘matrimonio homosexual’ desde premisas filosóficas y jurídicas que no vengan con una filosofía de la historia de contrabando (“si no te subes al carro del progreso eres un reaccionario”) o con clichés arribistas (“en Suecia las niñas pueden abortar sin la autorización de sus padres, qué desarrollados son”) que terminan por motejar de “retrógado”  a quien piensa como ha pensado parte no despreciable de la humanidad por siglos. No se trata de que no haya retórica -es inevitable y bueno que la haya- sino de transparentar los supuestos sobre los que se basa esa retórica y no partir de ellos para ganar el debate por secretaría. Se trata también de evitar el cliché retórico de que esto es una discusión aséptica y racionalmente neutral (que recuerda también el “progreso” de las ciencias), porque es algo mucho más complicado que eso, como lo son las cuestiones que atañen al hombre.  No sólo hay posturas argumentales en juego, sino también cosmovisiones, sensibilidades, presunciones y visiones epocales.  Creo que partir como si no existieran es partir en falso y ponerse en ocasión segura de repetir monsergas como las mencionadas. Sólo si nos hacemos cargo de estos “relatos” circundantes podemos entrar a tierra derecha, y dialogar en serio sobre qué es un derecho, qué es el matrimonio, qué es la homosexualidad, cuál es la relación entre ética y orden jurídico y por supuesto, qué significa progresar en la historia. Antes de eso, paja y humo.

Anuncios

18 comentarios

Archivado bajo Actualidad, Vida cotidiana

18 Respuestas a “‘Matrimonio homosexual’ y retórica del progreso

  1. Sandunga

    Creo que esto no se podría haber dicho mejor, Patricio. Cada vez estoy más convencido de que el acto de desideologizar un debate y el de inmunizarlo de recursos falaces es uno y el mismo.
    Particularmente, en lo que se refiera al reciente debate sobre el matrimonio homosexual en Chile, el aparato propagandístico de la Fundación Iguales ha recurrido a la célebre falacia llamada del ‘falso dilema’, mediante la sobrecogedora pregunta “y ahora ¿estás a favor del amor?”. (http://www.youtube.com/watch?v=MREAZRE0CaQ&feature=player_embedded) Ciertamente se encuentra formulado de manera sutil, pero el mensaje es claro: si estoy en contra del matrimonio gay, estoy en contra del amor”.
    Voy a decir algo políticamente incorrecto, así que tápense los ojos las personas demasiado sensibles. Sólo llevo este planeamiento al extremo, para probar su verosimilitud: “Yo amo a mi perro. Quiero casarme con él. Y ahora, ¿sigues a favor del amor?”.

  2. Sandunga, ese argumento ha sido utilizado innumerables veces, y claramente pasas por alto una cosa basica y primordial que hace la diferencia. Un perro no puede dar consentimiento legal ni firmar un contrato, por otro lado tampoco hay una forma de saber que el perro realmente entiende y quiere hacerlo, cosa que no ocurre entre 2 humanos adultos. Ahora si recurres a falacias como esa es que claramente no tienes idea de lo que hablas.
    Para el autor del articulo, hablas de vision caricaturesca de como los liberales ven el asunto de liberales versus cavernicolas, pero dejame de cirte que tu vision de los liberales es igualmente caricaturesca. NO se apoya el matrimonio gay solo por ser moderno. moderno no es una cosa buena por si misma.
    El matrimonio homosexual se aceptara porque es una desicion de 2 adultos que consienten y quieren legalizar su relacion por el estado y que les otorguen la misma proteccion y derechos que el estado otorga a una pareja.
    No es cierto que para casarse hay que engendrar hijos, porque sino los esteriles, ancianos e incluso las parejas que solo no desean tener hijos no se les permitiria casarse, y si se les permite, por lo que la decendencia no es ninguna condicion para un matrimonio.
    Por otro lado el pensar que la union hombre mujer es la unica que realmente da una “alteridad corporeo-espiritual” es una falacia sin fundamentos, lo mismo se puede dar entre una pareja del mismo sexo.

  3. Toño

    Tomás:

    dado que el fin de este blog es generar diálogo y no mero enfrentamiento, intentaré reconstruir la primera parte de tu postura, para que desde ahí pueda generarse una discusión provechosa.

    Sandunga sostiene que la última propaganda gay encierra la ‘falacia del falso dilema’. Su referencia al ‘amor por mi perro’ no agrega nada a su argumento, es sólo un ejemplo del absurdo al que se puede llegar con el ‘falso dilema’. Formalmente hablando, sin embargo, la última propaganda gay conserva la misma estructura que este ejemplo absurdo. Tú dices que la falacia de la que habla Sandunga es ‘archiconocida’ y que él haría uso de ‘otra falacia’ al sostener que existe en la propaganda gay tal falacia. Revisemos entonces nuevamente la falacia:

    El ‘falso dilema’ consiste en sostener como ‘disyunción exclusiva’ lo que en realidad es ‘disyunción inclusiva’. Que la disyunción sea exclusiva quiere decir que sólo una de las partes de la disyunción puede ser verdadera y no las dos partes a la vez; en la inclusiva en cambio las dos partes pueden ser verdaderas a la vez.

    Si decimos por ejemplo: ‘o se es ateo o teísta’ utilizamos una DEx, porque no se puede ser ateo y teísta a la vez. Si decimos en cambio que los postulantes a una beca deben ‘o tener buenas notas o tener necesidad económica’ ultilizamos una DIn, porque si se satisfacieran ambos requisitos, igualmente se obtendría la beca.

    La propaganda puede reconstruirse sin problemas de este modo:

    (o) estás a favor del amor (o) estás en contra del matrimonio gay

    Si estamos frente a una Dex no habría falacia, pero no es así: puedo ‘estar a favor del amor’ y a la vez ‘estar en contra del matrimonio gay’. No es difícil de aceptar que ‘estar a favor del amor’ no significa ‘estar a favor de que toda relación de amor pueda acceder a la institución del matrimonio’. Esa es una falacia diáfana.

    Tú señalas, en vez de atender a si tiene lugar o no tal falacia, que los perros no pueden amar ni firmar contratos ni acceder a derechos, mientras que los gays sí. Nada más claro. Pero esto no toca en un ápice la presencia de la ‘falacia’ que sostiene Sandunga encontrarse en la última propaganda gay. Lo que tendrías que mostrar y demostrar es que ‘amarse’ es la condición necesaria y suficiente para acceder al matrimonio. Pero tú mismo pareces no estar de acuerdo con esto, dado que le niegas a otros modos de amor (el amor por un animal) la posibilidad de acceder al matrimonio. Que el amor no es condición suficiente y necesaria para el matrimonio, a ti y a mí nos queda claro. Y en ese sentido el ‘estar a favor del amor’, no sirve para argumentar a favor del matrimonio gay.

  4. cd

    De acuerdo, Toño, el ‘falso dilema’ que plantea Andrés sigue siendo una falacia, pero el punto de Tomás acá -creo- es decir que ese no es ni de lejos el argumento más sólido a favor del matrimonio homosexual. Algunos lo ocupan, de acuerdo, pero eso no significa que tengamos que discutir con hombres de paja cuando hay argumentos más de peso dando vueltas.

    En todo caso, pasando al tema en sí, lo que se discute ahora es el AVC y no el matrimonio homosexual, ¿no? Los argumentos de Pato, a mi entender, son mucho más relevantes contra el matrimonio homosexual que contra el AVC. De hecho, podría imaginar a alguien con esos argumentos aceptando el AVC, pero no el matrimonio homosexual.
    Lo digo pa meterle un poco de contingencia a la cosa.
    Salud!

  5. David

    Me parece buena la columna. Finalmente yo concuerdo con la postura de que personas adultas, independientemente de su sexualidad, deben tener la posibilidad de unirse de una manera más formal que la mera convivencia. El hecho de decirle “matrimonio” o cualquier nombre que se le dé no lo considero relevante. Lo que me preocupa es precisamente lo que esta columna señala. La agresividad que muestra el progresista chileno contra todo aquel que piensa diferente. El infantilismo de argumentar que “los gringos hacen esto y esto otro” y por eso son mejores. Los insultos que surgen de gente como Sergio Mira o Tomás Leiva contra aquellos que profesan alguna religión o que creen en una familia formada por hombre y mujer. A ellos les digo que recuerden que su libertad termina donde comienza la mía.

  6. Nicolás

    Muy interesante la reseña. La noción de progreso es quizá el fundamento de toda la intolerancia liberal. Es el dogma que permite descalificar sin ninguna discusión a cualquiera que se desprenda del discurso imperante. Los liberales, bajo la noción de progreso, creen que el conservadurismo se basa en la superstición y la ignorancia, en el fanatismo y en la ceguera. Cuando se ha “progresado” hacia la mayoría de edad, cuando se ha emancipado de la superstición, cuando se ha avanzado a la ciencia y el conocimiento; los mitos, la religión, y la autoridad, ya no son necesarios, por lo que en el decurso del progreso histórico los conservadores serán superados. Pero los conservadores no viven bajo la ilusión del progreso, y por lo mismo son mas tolerantes. El conservadurismo no cree que los liberales vayan a desaparecer alguna vez en la historia, no cree que la posición del otro esté basada en la ignorancia y la supersitición, y tampoco se deja engañar con que sus contrincantes vayan a desaparecer cuando sus ojos sean abiertos por el milagro del conocimiento. Por eso los liberales, desde los más cultivados hasta los afiebrados revolucionarios que encabezan las tomas en universidades, descalifican a los conservadores bajo el estigma fácil de la ignorancia, la abulia, el conformismo, y el resto de los clichés que se difunden por los medios y que no se ajustan a lo políticamente correcto. Este empobrecimiento de la política es lo que llaman “progreso”.

  7. Nicolás

    aaaahh y sobre el matrimonio homo… es una pura aburguesación lo que quieren, lobby gay, o presencia dentro del establishment, nada más!

  8. Daniel

    Aquí hay dos problemas fundamentales con respecto alo que dice el autor del artículo:

    Primero y más importante, en ningún momento se reflexiona acerca de qué es realmente el matrimonio, digo, como para empezar con la discusión de los progresistas v/s conservadores (cuestion en la que no me voy a meter porque la considero secundaria).
    Hay que decir es que el matrimonio es una institución judeocristiana (no es la único forma cultural de unir parejas, ni es las que más se ha usado en la historia de la humanidad) que se asoció al estado a través del código civil, asumiendo la tradición que se seguía por pertenecer al catolicismo, cosa que de ninguna manera detuvo dos cosas: la libre unión de personas (siempre han existido las uniones de hecho) y la formación de familias (considerando que, que una pareja no esté casada no implica que no sea una familia). De ahí en adelante, el matrimonio se tranformó en una institución legal que velaba, supuestamente, por la familia.
    Sin embargo, las leyes están diseñadas, sobre todo después de la segunda guerra mundial, sobre la base de la declaración de los Derechos HUMANOS (ojo, no animales), lo que implica que las leyes de los estados modernos no pueden estar por sobre esa declaración, si firmaron el acuerdo.
    De ahí se sigue que la institucion matrimonial, en cuanto ley, y considerando que en la formación del estado moderno la religión está separada del mismo, debe asegurar los mismos derechos para todas las personas. Se colige por tanto que cualquiera puede acogerse a este derecho, sobre todo, teniendo en cuenta, que quienes se acogen al mismo lo hacen teniendo legalmente capacidad de discernimiento. En adelante, el amor, la religión a la que se pertenezca (porque obviamente hablamos del matrimonio civil, para casarse por alguna religión hay que apegarse a las leyes de esa religión -es una paradoja que un gay crea ser católico… puede creer en dios y en el rito de esa iglesia, pero la ideología de la misma no lo puede aceptar… sería como si alguien que cree en el sistema económico socialista tratara de ser parte de la UDI-) y la procreación dan lo mismo, no son condición sine qua non para casarse, ni obligan luego del matrimonio.
    Sin embargo, el matrimonio, como ley del estado, es un contrato, como cualquier contrato económico o social (interesante en este aspecto volver a Rousseau para discutirlo), que protege a cada una de las partes envueltas en él.
    Y es a raíz de lo anterior que se exige que exista el matrimonio homosexual, ya que es una ley de estado, que no puede discriminar por condiciones sexuales, porque no es delito y solo requiere que dos personas estén de acuerdo en hacerlo. Así que el estado no permite el acceso a un derecho solo por la condición sexual, atenta contra el principio de la igualdad de derechos.
    Por lo tanto, y este es el segundo problema de quien escribió el artículo, no se es más progre o más conservador por aceptar o no el matrimonio homosexual, de hecho, esa discusión no tiene nada que ver con esas posiciones (se puede estar en contra del matrimonio liberal por ideología, pero no se puede, por lo mismo, estar en contra de el libre acceso a los derechos de las personas); de lo que se trata es de sostener que todos somos iguales en derechos y deberes en un estado democrático y laico, y que el estado debe velar por eso. Incluso, se puede ser progre e ir en contra de los derechos fundamentales (léase, el dilema moral y ético de las farmacéuticas)
    Finalmente, y como nota al margen, el meter animales a esta discusión, me parece un argumento poco sólido, además de gracioso, considerando que estamos hablando de instituciones sociales, religiosas y, por tanto, humanas. Por ende, para que la publicidad pueda ser criticada por falso dilema, sería necesario asumir que habla del amor en general (entre lo que se puede contar el amor por el dinero, por ejemplo -ya que se habla de animales-), y por contexto se entiende y se asume que se habla del amor de pareja humana ( y no por un hemano, por un amigo, etc) y su relación con el matrimonio.
    Espero una contraargumentación

  9. cd

    Perdón por repetirme, pero veo que los comentarios siguen en la misma línea…De acuerdo, hay gente que habla a favor del AVC solamente por ser “modernors”, pero discutir contra ellos o contra el falso dilema de Andrés es tomar el camino más fácil (y medio irrelevante).
    Es como si yo quisiera discutir con alguien que rechaza el AVC y dijera: bueno, ellos son nazis que odian a los homosexuales y salen a pegarles en las calles. Efectivamente, hay un grupo que se opone al AVC por tener una ideología nazi, pero discutir contra esos tipos no vale la pena.

  10. Toño

    Creo que Cristián escribió antes de Daniel, pues parece hacer referencia a los post anteriores.

    Es cierto que aferrarse a que hay una falacia en la propaganda es luchar con un mono de paja, hay argumentos más fuertes a favor del matrimonio homosexual. Sin embargo, puesto que estos monos de paja igualmente inducen a confusión, habrá que liarse con ellos antes de ir más lejos.

    Daniel dice que ‘tomar el argumento por falacia’ es fruto de no considerar el contexto. Estoy de acuerdo, pero eso no quita la persistencia de la falacia: de ‘estar a favor del amor entre personas’ no se sigue ‘estar a favor de darle institucionalidad a todo tipo de amor’. Pero vamos a los argumentos más sólidos.

    Daniel dice que la distinción conservadores/liberales no juega ningún rol en la discusión, pero sin embargo una parte importante de su argumentación es una genealogía histórica que culmina ‘heróicamente’ en la modernidad. Sostener que la Carta Magna que nos rige después de la II Guerra Mundial es la Declaración de Derechos Humanos es una ‘petición de principio’. No estamos – eso creo – discutiendo lo que ‘positivamente’ puede hacerse o no en un estado, sino si nos parece bien o mal que suceda tal cosa u otra. El principio ‘lo que se puede, se debe’, hay que justificarlo.

    Naturalmente la lectura histórica de Daniel puede ser puesta en duda. El fundador de la historiografía moderna, Giambattista Vico, considera al matrimonio – junto al entierro y a la religión – uno de los pilares con los que surgen la historia. Sus fuentes son los griegos, los romanos, los egipcios, lo que quieras. Leví Strauss en sus análisis antropológicos confirma esta posición. Conectar con tanta seguridad la institución matrimonial con la religión judeo-cristiana es arriesgado. De hecho, desde un punto de vista absolutamente teológico (católico), el ‘matrimonio’ es el único sacramento ‘no instituido’ por Cristo, sino sólo ‘renovado’. La institución del matrimonio está en el Genesis.

    El argumento sistemático de Daniel se funda en que el fin de la ley es promover la igualdad de derechos. Acogerse por otra parte al ‘derecho del matrimonio’ no exige prerrequisitos (ni amor ni procreación), salvo el libre discernimiento, osea, demostrar de alguna manera que se es sujeto de derechos.

    Creo que se pasa algo importante por alto con la mera ‘afirmación de la igualdad de derechos’, en la medida en que el ‘derecho’ se vuelve efectivo cuando existe la ‘competencia adecuada’. Quiero manejar un auto: necesito demostrar de alguna manera que domino esa competencia, no sólo mostrar mi carnet de mayor de edad. Tenemos derecho a hacer cosas que nunca llegaremos a hacer, porque simplemente no podemos por incompetencia. Bueno, así funciona el mundo de las leyes positivas, ‘tenemos permitido hacerlo todo’, pero al final podemos muy poco. No voy a ocultar que la negación del matrimonio al homosexual por ‘incompetente’, no consiste precisamente en un ley positiva, dado que las condiciones para la competencia del matrimonio son heredadas o naturales. Sin cristianismo ni teocracias los hombres han aceptado estas condiciones dadas: que el matrimonio sea entre un hombre y una mujer, en la medida en que hombre con mujer, conjuntamente, son competentes para la procreación y la educación de la prole. La sociedad no puede ser indiferente a lo que suceda en el matrimonio, porque es allí donde se gesta y se educa el ‘nuevo hombre’. Aristóteles dice en un pasaje del De Anima que nos reproducimos para, de alguna manera, eternizarnos en el tiempo. Esta visión animal, bruta quizás, del matrimonio, me parece necesaria para no perder la brújula sobre lo que estamos hablando. (Pero ojo, que el hijo nazca, que se lo busque o no, que no se quiera o que no se pueda, no es el tema: se trata de lo que tendencialmente es capaz el género femenino con el masculino en general cuando interactúan sexualmente). También está el aspecto mucho más elevado y espiritual de la ‘donación y alteridad propia del amor matrimonial’ de que habla Patricio en su artículo. Pero tal donación no tiene sentido sin la primera donación física de la sexualidad y la ‘tendencia al tercero’, el fruto de la donación. Y la alteridad espiritual tampoco tiene importancia si no se atiende a la obvia alteridad y complementación de los cuerpos.

    A veces hace bien mirar ‘Animal Planet’.

  11. Pato D.

    Estimado Daniel,

    (1) El matrimonio en sentido amplio no es un invento o descubrimiento judeo-cristiano. De hecho, la palabra “matrimonium” es latina y designa el tipo de institución que hoy nosotros llamaríamos matrimonio: se da entre hombre y mujer, es monógamo, está orientado al tener hijos, y como mostró hace muchos años Fustel de Coulanges, al principio estaba regido por ceremonias religiosas. Obviamente no es igual a la institución judeo-cristiana, eso está claro; sin embargo, no hace falta que dos cosas sean idénticas para llamarlas con el mismo nombre y entenderlas bajo una cierta comunidad conceptual. Los demás pueblos indoeuropeos también conocían dicha institución, de modo que evangelizadores cristianos no tuvieron que explicarles la novedad de que un hombre y una mujer pueden unirse en contrato para fundar una familia, sino modificar las condiciones que existían de antemano.

    2) Si entiendo bien tu argumento: para que el Estado no atente contra el principio de la igualdad de derechos (el hecho de que este principio sea considerado evidente desde una concepción “moderna” del estado lo dejamos de lado para no caer en la ‘retórica del progreso’ que nada aporta a la discusión), debe garantizar las uniones homosexuales. Justamente, lo que se discute aquí es si acaso el sexo (además de otros requisitos) importa o no para este tipo de contrato. Según tu posición, lo relevante es que no sea delito y que estén ambas partes de acuerdo. Según esa descripción, algún día podrían casarse hermanos, nieto y abuela, madre e hija. Basta sólo cambiar la ley con respecto al ítem incesto y ya está. Es que el concepto de ‘derecho’ fundado en el propio acto libre es tan nebuloso que nadie puede explicar, al final, quién tiene derechos o no: ¿tienen derecho cuatro personas a contraer matrimonio? ¿tienen derecho padre e hija a contraer matrimonio?

    Pero más allá de los absurdos que se podrían seguir si no añadimos cualificaciones ulteriores, me concentro en tu punto. ¿De qué modo se entiende ‘derecho’ dentro de tu posición? ¿En qué se funda? Podrás decir, en su “dignidad”. ¿Dignidad de qué? “de ser persona”. Yo podría también decir que justamente por ser el hombre persona, no tiene derecho a legalizar algo que va en contra de su ser persona, a saber, de ser varón o mujer, seres corpóreos capaces de engendrar otra persona. Se repite hasta el hartazgo que el matrimonio no se trata de la procreación, aduciendo el argumento ad absurdum de que si fuese así, las personas que no quieren tener hijos no podrían casarse. Nuevamente, el tema de la procreación no se determina solamente desde lo libre y voluntario, sino desde lo pre-voluntario, en este caso, la dualidad sexual, la capacidad general de poder engendrar o no. Esta capacidad radical radica en la alteridad de sexo, en nada más. El que el cuerpo femenino y masculino se complementan sexualmente ( y que dos cuerpos del mismo sexo no) es algo tan evidente que hasta un intelectual progresista lo podría captar.

  12. Guillermo

    Excelente artículo y comentarios. Todo de alto nivél intelectual. Felicitaciones!!!

  13. Jorge Escobar

    No quiero patear este avispero… quizá despues me piquen.
    Con todo, quisiera decir una sola cosa a propósito de la falacia del falso dilema: “o eres cristiano o estás a favor del matrimonio homosexual”.
    Saludos.

  14. Nicolás

    Daniel,

    El artículo que estamos comentando se titula “‘Matrimonio Homosexual’ y retórica del progreso”. Eso no quiere decir que el primero de los conyuntos, por ser el primero, sea el más importante. Creo que estás perfectamente equivocado en el comienzo de tu intervención: “Primero y más importante, en ningún momento se reflexiona acerca de qué es realmente el matrimonio, digo, como para empezar con la discusión de los progresistas v/s conservadores (cuestion en la que no me voy a meter porque la considero secundaria).” La concepción del matrimonio es una consecuencia y no una causa de lo que se entiende anticipadamente por “progresista” o “conservador”; y es esa cuestión, la de principios (que no se discute en los medios), y no la de sus consecuencias (que se discuten en los medios), la cuestión primaria, y no secundaria; ya que de eso se deriva posteriormente qué entiendes por matrimonio, qué argumentos aduces (sea antropolígicos, teológicos, filosóficos, o sencillamente jurídico-positivos, periodísticos, etc…), qué te propones defender, y bajo qué impronta discursiva lo harás.

  15. Nicolás

    De hecho, tu argumento se basa en la ideología de la neutralidad, que de alguna manera pretende absorver las concepciones de mundo que se enfrentan en el debate. Tales concepciones de mundo no tienen por qué ajustarse al estado democrático liberal para resolver una cuestión que no es meramente jurídica, sino de principios, ya que el principio de la igualdad, como el derecho al matrimonio, se ajustan a un derecho natural, y no a mero precedente jurídico. El argumento “neutral” diría: “no se es más progre o más conservador por aceptar o no el matrimonio homosexual, de hecho, esa discusión no tiene nada que ver con esas posiciones (se puede estar en contra del matrimonio liberal por ideología, pero no se puede, por lo mismo, estar en contra de el libre acceso a los derechos de las personas); de lo que se trata es de sostener que todos somos iguales en derechos y deberes en un estado democrático y laico”. El argumento busca establecer que, el que seamos todos iguales en derecho y deberes, es una verdad universal (el estado democrático y laico) que trasciende cualquier tipo de ideología, y que por lo tanto es incuestionable desde cualquier ideología. Todo lo que no sea el estado democrático y liberal, es ideología. Contra eso podría decirse, utilizando el mismo recurso retórico, que efectivamente somos todos iguales ante la ley, ya que todos nacemos, por naturaleza, o bien hombre, o bien mujer (no hay un tercero), y por lo tanto, cada hombre tiene derecho a casarse con una mujer, y cada mujer con un hombre. Como la disposición natural -heterosexual- es trascendente a cualquier ideología, entonces, de lo que se trata es de que seamos todos iguales ante la ley de acuerdo a un principio transideológico, y por lo tanto neutral (la naturaleza). Luego, y parafraseándote, “no se es mas progre o más conservador por aceptar o no el matrimonio homosexual, de hecho, esa discusión no tiene nada que ver con esas posiciones (se puede estar en contra del matrimonio conservador por ideología, pero no se puede, por lo mismo, estar en contra de la diposición natural de las personas); de lo que se trata es de sostener que todos somos iguales en derechos y deberes en un estado natural”.

  16. Fdo

    Muerte a la intolerencia de los shuper tolerantes

  17. Toño

    Al parecer la discusión se apagó: los que escribieron a favor del matrimonio homosexual no han acusado recibo de los últimos comentarios. No pasa nada, aunque hubiera sido grato seguir profundizando en la discusión.

    Jorge patea el avispero efectivamente al poner el dilema ‘o católico o a favor del matrimonio homosexual’ como criterio de la discusión previa. ¿Por qué? Porque la argumentación de Patricio, Nicolás y mía intentaban precisamente poner la discusión más allá de ese dilema, apelando a la existencia pre-cristiana del matrimonio, al derecho natural y al bien común de la sociedad. Con el dilema propuesto por Jorge, tendríamos que entender estas apelaciones o como sustentadas en el cristianismo o como ‘excusas’ y no argumentos. De una u otra manera, quedamos de ese modo fuera de la discusión los católicos, como ideológicamente sospechosos. Por esto cuesta recoger el guante cuando ya te han señalado con el dedo de la sospecha. Se ha ganado sin jugar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s