“Se cierra facultad”. Lucro en la universidad.

por Patricio Domínguez V

Mi anterior posteo en este blog se trató sobre la Ciudad de Dios, de San Agustín. El rating estuvo bastante bajo. Cambio de estrategia: este artículo tratará sobre la ciudad de los hombres, y en concreto, sobre lo que pasa hoy en la turbulenta Santiago de Chile. Ayer, haciendo los mandados en el supermercado, me topé con Camila Vallejo en la portada del diario Die Zeit. Eso fue el acabóse. Pensaba mantenerme “distante” del problema (en este blog) pero el rostro de Camila me persigue hasta en la sopa. Entremos, pues, en tierra directa.

¿y Ud. lucrará también con su título universitario?

Uno de los conceptos centrales en esta maraña difícil de conceptualizar es el “lucro”. La ley vigente lo prohíbe en la universidad, pero la ley, por a, b, o c motivos, no se ha aplicado. El por qué no se ha aplicado la ley da para largo. En este post intentaré abordar el tema del lucro y justificar por qué creo que el factor “lucro”, sino es subordinado a otros fines, empobrece a la universidad.

Partiendo de la base de que lucrar no significa sin más “tener utilidades”, sino más bien adquirir ganancias monetarias que repercuten externamente a la universidad, los estudiantes de izquierda, que son quienes lideran el movimiento estudiantil, dicen que el lucro es nocivo para la calidad de la educación, y por tanto hay que eliminarlo (ya sea haciendo cumplir la ley existente o creando otro mecanismo más efectivo). Sin entrar a tocar el tema central de qué significa educación de calidad, y tomando la frase en su acepción más literal, creo que la frase es completamente verdadera. No se trata de “demonizar” el lucro o el negocio: se trata más bien de reconocer que la esfera de los negocios, el reino de la oferta y la demanda, del buen producto y del “emprendimiento”     no lo abarca todo en la vida. Yo mismo soy un gran admirador de algunos empresarios (sobre todo de los agrícolas) y me gustaría un día tener una empresita de, por ejemplo, huevos de codorniz (a los 12 años intenté hacerlo, sin buenos resultados). Se trata de reconocer los viejos límites de las cosas; de reconocer que la realidad humana es más compleja como para subsumirla toda ella en uno de sus subconjuntos.  Así como resultan majaderos los que hablan no sólo de sistema político democrático, sino que hablan de familia democrática, arte democrático, religión democrática, persona democrática etc. ¿no suenan simplones quienes intentan captar todas las esferas de la realidad desde los criterios del negocio: los que hablan del educando como del “consumidor” de educación, y de la educación como de un “producto”?

nemo potest duobus dominis servire...

Pero volvamos atrás: una de las consignas estudiantiles es “abajo con el lucro en la educación universitaria”. Esta consigna me parece, como dije, acertada. ¿Por qué? ¿Porqué algo -hacer un negocio-  que considerado en sí mismo no es malo es nefasto cuando es aplicado a la universidad? Por la siguiente razón: destruye una de las características propias de la universidad, que es ser un lugar de reflexión y estudio. Si la universidad es el lugar por excelencia para aprender y estudiar, no pueden faltar en ella las carreras teóricas, aquellas carreras que se caracterizan por orientarse a la reflexión, al estudio y a lo que los antiguos llamaban otium, y cuya conexión con el mundo de la producción fáctica o de la acción es más bien indirecto y mediado, aunque no por eso menos esencial. Dentro de estas carreras están, por ejemplo, la filosofía, la historia, la literatura y las filologías, entre otras. Por lo general, consideramos que una universidad es más completa o más “universitaria” si dentro de ella existe el lugar el cultivo de estas disciplinas, y más incompleta o pobre a una universidad que no tiene lugar para ellas. Pues bien, una universidad con fines de lucro tenderá siempre a ser de aquellas del segundo tipo. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que dado como es el mundo, estas carreras o disciplinas son elegidas y practicadas por poca gente, y por lo tanto estas disciplinas tenderán a concentrarse en carreras deficitarias desde el punto de vista netamente económico. Tener una facultad de filosofía, de literatura, de historia es potencialmente contradictorio con la idea del lucro como fin de la universidad; y no como se dice por ahí, compatible ( ver  carta a la  Tercera de Rodrigo López http://www.latercera.com/noticia/opinion/correos-de-los-lectores/2011/08/896-387200-9-lucro-en-educacion.shtml). Una universidad no puede querer ser buena (es decir, tener en sí facultades de historia del arte, filosofía y literatura, entre otras) y querer ser lucrativa al mismo tiempo, pues tarde o temprano ocurrirá que una de estas facultad haga aguas económicamente, y la se plantee la disyuntiva excluyente: o mantener la carrera y sacrificar el lucro, o cerrar la carrera y salvaguardar el lucro. Como dice la metáfora evangélica: no se puede servir a dos señores.

A partir de lo anterior, podemos distinguir dos tipos de lucro negativo. El primero, el más craso, es el de aquellas universidades cuyo único fin es el lucro. Son aquellas universidades que tienen precio, que se pueden comprar al mejor postor (En sus propagandas realzan orgullosos el pertenecer a tal o cual conglomerado norteamericano). En ellas es altamente improbable, por decir imposible, que haya buena calidad. Un segundo tipo son aquellas universidades que, teniendo un proyecto universitario más profundo (levantan carreras menos lucrativas, invierten en biblioteca o investigación, contratan profesores a tiempo completo) están finalmente determinadas por la idea del lucro (o del “auto-financiamiento” que viene a ser como el eufemismo del lucro, si se aplica a cada facultad tomada aisladamente). Son la mayoría de las universidades privadas. En estas universidades subsisten el estudio de la filosofía o la literatura a pesar de sí mismas, a duras penas. Por ejemplo, hace unos años la  U. Adolfo Ibáñez cerró filosofía, y la Universidad del Desarrollo cerró letras (¡dos universidades que hoy se pavonean de ser “sin fines de lucro”!). Los exalumnos de esas carreras son hoy exalumnos de carreras que no existen. Alguien podría replicar que esas carreras murieron solas; que nadie se inscribía en ellas, etc. Pero, ¿no es acaso una buena universidad, justamente, aquella que mantiene vivas las carreras liberales, sin dejarse llevar por las modas económicas o por los números azules? ¿No es acaso la universidad el lugar del saber gratuito, no en sentido económico, sino en un sentido más profundo: el cultivo del saber por la pura satisfacción y belleza que éste da?

Schola negotiorum: contradictio in adiecto

En Chile, producto de la excesiva economización de las mentes a partir de los años 70, cualquier cosa que no se auto-financia se mira como sospechosa. Muchos creen que una casa de ópera tiene que auto-financiarse, por ejemplo. ¡Vivir de las entradas y abonos de ópera! Ni la ópera de Viena lo hace. Pongámonos en el caso de que se instalara una casa de ópera en Viña del Mar o Concepción. Probablemente contratarían a un administrador como mandamás del teatro, recién llegado con su flamante diploma de MBA.

izquierda y derecha unidas / jamás serán vencidas / en lograr la mala educación

Cuando este genial administrador del teatro vea los números en rojo después de unos semestres, exclamará eureka, esto hay que cambiarlo; subamos los precios de las entradas o cambiemos el programa musical. O una de las dos: o subimos los precios -limitando el acceso a la cultura a los que pueden pagar menos- o damos puro Verdi (repitamos la Traviata 20 veces), para que el teatro se llene siempre y se pueda autofinanciar. Desde la mentalidad economicista una ópera de calidad  es imposible,  ¿por qué sería posible entonces una buena universidad?

Post data:  Lástima que ni Camila ni Giorgio ni Jaime compartan estos argumentos. Para ellos, la buena calidad en la educación se reduce a una reivindicación del derecho que debería tener todo chileno a lucrar con su título, y no sólo unos pocos.

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8 comentarios

Archivado bajo Actualidad, Educación, Polémica al día, Universidad

8 Respuestas a ““Se cierra facultad”. Lucro en la universidad.

  1. Antonieta de los Dolores

    Estimado Pato:

    Concuerdo plenamente en que hay universidades que rasgan vestiduras con el lucro siendo las primeras en cerrar facultades de artes liberales..
    Cierran las artes liberales pero el adjetivo “liberal” que tanto les gusta, lo trasladan a los campos de la política pública: gobierno, educación y por qué no decirlo, a la administración de la billetera propia a costa de los recursos naturales…

    Pero yo quiero hablar del escollo siguiente …
    Desde la valoración del lucro, ya no en la educación, sino en la profesión.
    ¡NO AL LUCRO EN LA PROFESIÓN!
    jjajaj ¿Estaría bien escribirlo en una pancarta?

    Es decir, no puede ser que los trabajos mejor pagados, tengan que ver en la mayoría de las veces, con la GESTIÓN, el cálculo numérico, la posibilidad de manejar presupuestos y todo lo relacionado.
    Simplificando: O eres bueno para la tabla excel o estás frito.
    ¿El valor del profesor, de la enseñanza?
    Mmm…

    Para financiar las artes liberales, o el saber gratuito … En Chile falta una cultura de mecenazgo, de donaciones… Sólo unos Fondos Concursables y como tú dices, la insistencia de la posibilidad de “autofinanciamiento” en todos los campos del ejercicio humano…

    Antonieta de los Dolores

  2. Ofbiderzen

    Estimado Patricio:

    Gracias, una vez más, por el lúcido respiro frente al “debate columnístico” que se adueña de la “reflexión” actualmente.

    Hay un concepto que siempre me ha sonado extremadamente dudoso, a saber, “empresario educacional”. Suele ir ligado a holdings internacionales de distintas “cadenas de universidades” (!!) y grupos de colegios, y por supuesto, a mucha plata. No SEK qué ejemplo podríamos citar para no herir sensibilidades…

    1) Comprendo y comparto mayoritariamente tu punto: cuando el lucro es el finis operantis, no hay caso: la universidad tiene que rentar, y por tanto, se segmenta el mercado, se afinan las carreras (no demasiado difíciles para que no se nos vaya la gente; esa sí, porque tiene demanda, esa no porque no sirve, etc.), se mete mucha plata en marketing y poca en investigación o docencia, etc. Me tocó vivir personalmente esa realidad en una universidad lucrifaciens, cuya carrera de Filosofía estaba sobreviviendo a duras penas: se me contrató por 4 horas para dictar un curso sobre un tema determinado (sin haber mostrado papeles, o haberme entrevistado con el decano), tuve 6 alumnos, de los cuales reprobé a 2 y los 3 mejores del curso terminaron cambiándose de universidad. No sé si Filosofía siga existiendo en aquella universidad, pero es factible que hoy por hoy sencillamente no tengan alumnos.

    2) Ahora bien, por otra parte, parece complicado esperar que las universidades estén todas en manos de filántropos o instituciones religiosas / laicas, sin que eso signifique una cierta sospecha de manipulación del saber universitario. Es decir, si es que sospechamos que el “empresario educacional” lo hace porque quiere $$, podemos también sospechar de las instituciones educacionales, porque quieren “lucro ideológico” (M. Olivia Monckeberg). 3) Restan, entonces, las universidades estatales. Allí podríamos encontrar una manera institucional y democrática de distribuir recursos adecuadamente para la docencia y la investigación, resguardando un espacio protegido del capitalismo, como de las luchas ideológicas (i.e. la universidad alemana). No obstante, como lo vemos en nuestra hermana Argentina, el problema de las universidades públicas es precisamente político: al volverse “democráticas”, se incorporan los elementos de deliberación política en el concurso académico, la misma universidad se vicia en su sentido. Me ha tocado escuchar cosas como “no, este profe de filosofía medieval es del grupo peronista dependiente del Dr. XXY, mientras que esta otra profesora es de los federalistas, así que cuando cambiaron el decano, la dejaron sólo con un curso introductorio”. Este tipo de dinámicas, propias de la administración pública, son indeseables en el despliegue de universidades, como espacios de reflexión y estudio. Considerando, además, que Chile es un lugar en el cual los aparatos estatales no brillan precisamente por su precisión, eficiencia y dinamismo, y considerando también que las universidades son instituciones súmamente complejas, tanto en el ámbito económico, organizacional, académico y sociológico, creo que el paradigma de “universidad estatal” tiene serias dificultades de implementación (no necesariamente de principio, quizás).

    ¿Qué hacer, entonces? ¿Pecar por 1, por 2 o por 3? ¿Cuál de los tres males es menos malo, por decirlo de algún modo?

    Personalmente, creo que debería buscarse un sistema que potencie 2 y 3, en desmedro de 1. Sencillamente porque 2 y 3 pueden, eventualmente, asegurar calidad y un espacio propiamente universitario. ¿Y qué pasa con 2? ¿Acaso no nos arriesgamos al adoctrinamiento? Por cierto, pero a Ud. nadie le obliga a entrar a una universidad determinada. En la medida que se conocen las alternativas, pueden buscarse y sopesarse los pro-cons. Además, no hay ninguna legislación que haga obligatoria la universidad. Por último, las distintas “doctrinas comprensivas”, al decir de Rawls, promovidas por las universidades 2, entran a disputarse estudiantes -en virtud de su calidad, esperablemente y gracias a un sistema de acreditación sensato- con las universidades estatales, que a su vez, por default también tenderán a reproducir los debates del país en su interior (aunque esto no es necesario: puede haber universidades estatales igualmente doctrinarias, como también universidades tipo 2 igualmente “pluralistas”).

    ¿Medidas concretas?
    a. Agencia de calidad universitaria AHORA, con potestad de cerrar facultades o carreras.
    b. Financiamiento a la demanda: ampliamento del sistema de becas y créditos, a todo tipo de universidades.
    c. Financiamiento a la oferta: ampliamento de recursos (con su respectivo monitoreo académico y de gestión) a las universidades estatales; ampliamento de recursos concursables a las privadas (Fondecyt, Fondef et al) para potenciar la investigación
    d. Fin al lucro, es decir, cumplimiento efectivo de la ley. Si la UDLA quiere lucrar, que lo haga vendiendo hot dogs a la salida, pero no subiendo aranceles y dando títulos chanta.

    Hay otra serie de problemas pendientes, para llegar a la universidad soñada de Patricio:

    – la supuesta identidad carrera universitaria = profesión lucrativa
    – la supuesta conexión necesaria entre carrera estudiada y profesión ejercida (i.e. si estudio historia, soy profesor de historia; si estudio economía, trabajo en el ministerio, etc.)
    – la inflación de las carreras “productivas” en desmedro de las “socialmente relevantes” (eufemismo para no decir no-productivas).

    …mas, este tipo de problemas ya ni siquiera son de orden institucional, sino más bien ideo-sociológicos, es decir, de las representaciones sociales que se manejan a nivel cultural. Por muchas leyes encima, no podríamos hacer nada, pues como decía Horacio “vanae leges sine moribus sunt” (Oda III).

    Cheers,

    • Muchas gracias Ofbiderzen por tu maciso aporte a esta discusión, desde el refrescante punto de vista de la realidad concreta. Como bien dices, los modelos no. 2 y no. 3 son los mejores modelos a fomentar. Universidades estatales y universidades no estatales, ambas sin fines de lucro y reguladas por una entidad académica que exija buena calidad. La medida (a) puchas que hace falta…!

  3. Colleen Shine Phillips

    Gracias por tu aporte equilibrado a un conflicto que nos tiene a todos chatos. Creo que el problema descansa en un concenso en la definicion de “lucro”. Algunos parecen pensar que las personas no tiene derecho a ganar un salario. Me pregunto como se estan ganando la vida en este momento los que estan liderando el movimiento. Ademas, me gustaria que saliera a luz las verdaderas motivaciones.

  4. Rodrigo Lopez

    Estimado Patricio: muchas gracias por tu columna y por mencionar mi carta en ella.
    Antes de nada, creo que es importante aclarar que mi carta hablaba exclusivamente del lucro al nivel escolar, no universitario. Supuse que al hablar de escuelas, sostenedores y directores esto quedaba claro… Lo asumo como un error mío de claridad, pero el resultado es que en tu columna aparezco como diciendo cosas que no dije.
    Dicho esto, creo que tu columna está muy bien escrita, pero parte de una premisa falsa, o al menos débilmente argumentada. Esta premisa inicial se puede resumir en que una universidad, para ser realmente universidad o al menos universidad de calidad tiene que tener ciertas carreras humanistas. No me malinterpretes, soy un gran admirador de la filosofía y creo que hay una gran falta de pensamiento riguroso en las discusiones modernas, particularmente en el ámbito público.
    Sin embargo, esto asume una de dos cosas (o ambas): 1. Que existe un modelo único de lo que es una universidad y cualquier cosa que se desvíe de ello es por definición malo. 2. Que la existencia de esas facultades humanistas permea la fibra de una institución de tal manera de impactar a todas las actividades en ella, y particularmente a las otras carreras. Creo que ambas son falsas y parto por la segunda.
    En universidades norteamericanas (y me imagino que ocure lo mismo en al menos en algunas europeas) existe el modelo de college, donde una formación en las “Liberal Arts” es transversal a las carreras y majors. En ese caso, concuerdo que la existencia de una sólida escuela de filosofía -por ejemplo- traspasa la fibra de la institución. Este no es el caso chileno, donde las carreras son relativamente aisladas unas de otras y la existencia de la facultad de filosofía o teología la verdad no afectan en gran parte a carreras profesionales: Como estudiante de Ingeniería, la verdad nunca tuve mayor exposición a ninguna de las humanidades. Podemos argumentar si esto es bueno o malo, pero en la realidad actual del país, una escuela de ingeniería no se ve impactada en lo más mínimo por la existencia de la facultad de filosofía, lo que implica que una institución sin esa carrera puede entregar una educación en ingeniería igual de buena o mala que una que la tenga. Si en cambio nuestra educación universitaria cambiara a una que tome como requisito fundamental una formación en las humanidades para todas las carreras, entonces, para una institución con o sin fines de lucro esto sería un requisito necesario, implicando que el argumento de la falta de incentivos por la no rentabilidad de estas carreras desaparece, ya que todos necesitan tenerlas.
    Respecto al punto 1, ya lo toqué parcialmente en el párrafo anterior. Chile tiene un modelo de universidades muy distinto al de EEUU y/o Europa. Creo que no es evidente que sólo un modelo sea de calidad y todo el resto están profundamente equivocados. Distintos modelos de universidades pueden servir distintos propósitos y personalmente creo que es válido que existan instituciones cuyo foco sea más acotado y se dediquen a la formación de un número limitado de carreras profesionales. ¿Implica esto que todas las universidades debieran ser con fines de lucro? POR NINGÚN MOTIVO. Como bien dices, existen muchos elementos de la vida social que aunque no sean económicamente rentables son social y culturalmente valiosos. Parte de la belleza de un sistema bien diseñado es que permita la coexistencia de distintas aproximaciones. Sin embargo, cuidado con caer en el autoritarismo intelectual de decir que existe un solo modelo correcto de universidad y que es el que yo digo.

    • Pato D.

      Estimado Rodrigo,

      Antes que todo, perdón por citar tu carta sin haber especificado que ésta giraba en torno al lucro en los colegios, debí haberlo hecho. Yendo al punto: tú dices que yo parto de una premisa falsa o al menos débilmente argumentada. Esta premisa sería la siguiente: (i) una universidad, para ser realmente universidad o al menos universidad de calidad tiene que tener ciertas carreras humanistas. Esta premisa asumiría todas o alguna de estas cosas: (a) que existe un modelo único de lo que es una universidad y cualquier cosa que se desvíe de ello es por definición malo. (b) Que la existencia de esas facultades humanistas permea la fibra de una institución de tal manera de impactar a todas las actividades en ella, y particularmente a las otras carreras.

      Sobre (i). Si queremos debatir y pensar qué es y debe ser una buena universidad, tenemos que trascender el ámbito de lo meramente fáctico y lingüístico. En Chile muchas instituciones reciben el nombre de “universidad”, y lo que tienen en común es muy poco. Si nuestro objetivo es describir esta realidad fáctica (o como dices tú: “podemos argumentar si esto es bueno o malo, pero en la realidad actual del país”), llegaremos a un mero concepto vago y genérico de universidad, inútil a la hora de pensar qué cosas hacen que una universidad sea buena, cuál es su finalidad, qué es aquello que la perjudica, etc. En Chile, como dices, existen muchos tipos de cosas llamadas “universidad”. Pero, ¿qué tienen en común la Universidad de Chile con la Universidad Chileno Británica de Cultura (http://www.ubritanica.cl/), la PUC con la universidad adventista de Chile (http://www.unachile.cl/) y con la UTEM? Salvo el nombre, poco o nada tienen en común. Esto se debe a que en nuestro país el rótulo universidad es aplicable a cualquier actividad educativa que entregue un título. Teóricamente, en Chile podría existir la “Universidad del albañil”: una institución en donde se impartan clases sobre distintos aspectos de la albañilería y donde se den títulos como “licenciado en ciencias de la construcción urbana”. Ya me imagino la publicidad. “Universidad de albañilería Alfonso Ramírez. Tu futuro está en el estuco. Matrículas abiertas”.

      Por el contrario, si partimos de la base de que el saber teórico es, en cuanto saber, más admirable, más completo, o más cabal que otros saberes, ya sea por su objeto o por su rol, una institución educativa será ciertamente más completa si las acoge dentro de sí que si no. Estos argumentos pueden sonar muy abstractos (y se basan en una cierta ontología en donde la teoría tiene una cierta primacía por sobre la praxis, etc.), pero como en Chile no parece haber cabida para el peso de la tradición en estos asuntos… (la universitas medieval, la Universität alemana del XIX, el college inglés, con todas sus diferencias, estaban orientados al estudio de las disciplinas que implican un fuerte contenido teórico o especulativo como derecho, física, medicina, teología, filosofía, letras, etc. La Real Universidad de San Felipe, fundada por la corona en Chile en el siglo XVIII tenía las siguientes carreras: teología, filosofía, derecho, medicina y matemáticas. Todavía no habían llegado los Chicago boys a Chile y a nadie se le había ocurrido fundar una “Real Universidad del Emprendimiento para obradores y artesanos”).

      Si aceptamos que la universidad, como institución histórica, nació de la necesidad de institucionalizar el saber, y que el saber en su sentido más perfecto es el saber que enfrenta a preguntas de más relevancia para el género humano (las cuestiones sobre el fin de la persona y de la sociedad, la cuestión sobre las causas de lo existente, el origen del universo, sobre el devenir del género humano en las diferentes concretizaciones del espíritu, como las artes, las lenguas, las literaturas) y que por eso mismo su relación con la acción directa es indirecta, entonces una universidad que acoja a estas disciplinas será simplemente más completa que otra que se limite a tener pocas áreas, sobre todo si estas áreas se reducen a lo técnico-profesional.

      Esto no quiere decir que las carreras de universidades pequeñas sean malas; por el contrario, pueden ser muy buenas; puede que sus alumnos y profesores sean de excelente nivel. Sin embargo, como instituciones, son menos completas, en la medida en que NO ofrecen al alumno la oportunidad de adentrarse en campos más universales del saber.

      Con respecto a la ingeniería (b). Es verdad que en Chile, donde la ingeniería es una carrera importante, las mallas no permiten mucha conexión con otros saberes. Un ingeniero, un abogado, un químico, pueden pasar por la universidad sin haber leído 1 sólo libro de humanidades. Creo que eso es un problema del sistema chileno… pero también hay que preguntarse, ¿es ingeniería una carrera universitaria? ¿En qué medida? En muchas universidades clásicas del mundo germano parlante, como dice John Felton, no existe ingeniería (ésta se estudia en otras instituciones, llamadas “escuelas superiores”(Hochschule). Las hay de oficios, de arquitectura, de pedagogía, etc.). Es un tema complejísimo, pero vale la pena plantearse al menos la pregunta de si la educación “universitaria” debería tener algo así como un principio rector común, del cual todos los estudiantes participaran.

      Por último, no se trata de decir: “existe un solo modelo de universidad y es el que yo digo”. De hecho, yo creo que existen muchos modelos buenos, tanto en la historia como en la actualidad. El sistema inglés o el alemán o el francés, o la universidad de Chile en los años 50 para no ir más lejos, todos tienen cosas provechosas y son muy distintos entre sí. Pero lo que está claro, es que en estos sistemas, las carreras teóricas -que son las que le brindan “universalidad” al saber- juegan un rol importante en las universidades con más excelencia, prestigio y tradición.

  5. John Felton

    Pato:

    si tú te animas, yo también me animo. Aunque la verdad, no a escribir algo muy estructurado. Más bien intuiciones, pero no como las del Tractatus, sino como la de las Investigaciones o el Cuaderno Azul.
    1) La educación en general y particularmente la educación universitaria demanda muchos recursos. Muchos más recursos que los que incluso una institución si fines de lucro (esto es, que no se lleva *para la casa* las utilidades que genera) es capaz de generar, por ejemplo, por los aranceles que cobra. Se necesita financiamiento estatal o donaciones privadas o aporte del sector privado (ojo que la disyunción es inclusiva). Este tipo de fuentes de financiamiento permite luego tener profesores de filología eslava, los Heraclitea Mouraviev y colisionadores de hadrones. Por esta razón, el segundo tipo de lucro desenmascarado por Pato, el autofinanciamiento, es una pretensión vana (cf. también para estos efectos La Erótica del Lucro. Hacia una (De)construcción de la Sed por Lucrar). A no ser, por supuesto, que consideremeos que un profesor de papirología tenga el deber, además de investigar y hacer clases. de ir a convencer al mercachifle de la esquina a que le financie sus proyectos. Si queremos educación de *calidad*, hay que abrir la billetera. Una buena parte de las veces será el Estado, aunque no necesariamente siempre.
    2) Creo que es legítima la pluralidad de proyectos universitarios dentro de una sociedad. Mírese el caso de Universidad Santa María a nivel local o lo que representa Saint Andrews exactamente en el otro polo del espectro (artes & humanidades). Sin embargo, el que todos estos proyectos sean legítimos y no-malos no significa que sean igual de buenos. Sólo por mencionar un argumento frívolo, todas las universidades que lideran los rankings internacionales (y no precisamente por publicaciones en Filosofía o Literatura bajo-medieval germánica) tienen sólidas facultades de artes y humanidades (cf. casos como Caltech, Carnegie Mellon o MIT). Personalmente, creo que una buena educación universitaria debe tener un mínimo de exposición a la Filosofía, Literatura e Historia. Es decir, a cosas inútiles en el sentido más noble que puede este término. Garantizado un cierto estándar, una universidad que ofrezca este posibilidad será siempre superior a una que no lo haga. De hecho, no me parece del todo evidente que las ingenirías deban considerarse carreras universitarias (cf. situación en Francia, Suiza o Alemania)
    3) Como creo sugiere Pato, el entender la educación universitaria únicamente en términos de inversión con un cierto retorno futuro o como posibilidad para aumentar la capacidad de lucro es nefasto. Una de las razones por las que facultades de distintas disciplinas humanísticas están agobiadas con esto del auto-financiamiento (fin de lucro solopado) es porque, qua inversion lucrativa, son más malas que las traducciones de Porrúa. Con esto no estoy sugiriendo que, mediante medidas centralistas, se equipare por decretto el sueldo de un scholar en Geulincx y Gassendi con el de un gerente de Finanzas de un holding mega empresarial, de manera de atraer más gente al estudio de estas disciplinas por sus fantásticas oportunidades de lucro. No, a lo que yo apunto es a esa concepción netamente utilitaria de comprender los estudios universitarios, que ve estos años de estudio como un trámite más hacia la vida profesional y está casi completamente cerrada a cualquier otro tipo de saber que no sea el que le exigirá su futuro empleador. En Chile es muy poco frecuente y prácticamente impensable (ayudado también por el cómo se estructura la educación superior) que alguien que estudie alguna disciplina humanística (o que haya tenido una carga importante de ramos humanísticos) se mueva después en el mundo del derecho o en el de los negocios. Si no se logra derribar esta barrera o no se abre la billetera con decisión, más departamentos o facultades naufragarán y se quedarán en el camino. Por el contrario, si por no sé qué motivo la mentalidad comienza a cambiar, el panorama, al menos en lo que se refiere al número de gente interesada en entrar a este tipo de programas, debería ser algo más auspicioso.
    4) FUUAAAAHH!

  6. GR

    ¿Dónde habrán estudiado o estarán estudiando estos tan motivos estudiantes que con tanta fuerza reclaman calidad en la educación? Tan mala suerte tengo que en ninguna de las tres Universidades por las que he pasado me he topado con ellos. Me imagino que cuando a estos estudiantes, de procedencia al parecer indeterminada, el profesor les dice “Bueno jóvenes, leeremos El Quijote completo y en su versión original, esta gran obra, de indiscutible calidad, un auténtico e inmortal clásico”, todos responderán: “¡Excelente! ¿Y qué nos recomienda como lectura complementaria, Profesor? ¡Porque queremos una educación de calidad!”. O que cuando el profesor de Biología celular les dice que no estudiarán simplemente las generalidades necesarias para “pasar” el ramo, sino que, muy por el contrario y siempre orientados en vistas de la excelencia y la calidad educativas, estudiarán todos y cada uno de los organelos celulares, en sus detalladas dimensiones morfológica y fisiológica, entonces todos gritarán al unísono: “!Increíble, pero qué gran educación tenemos¡”.

    Alguien se refirió por ahí a su interés por conocer las motivaciones de este movimiento. Si hay una cosa clara es que el grito “no al lucro, sí a una educación gratis y de calidad” es una farsa y completamente convertible con este otro: “con o sin educación, lo que queremos todos es lucrar y poder tener las mismas comodidades que sólo unos pocos tienen”

    GR

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