La praxis del marxismo

por Jose Antonio Giménez Salinas

Hay algo del marxismo que lo hace fascinante para los espíritus revolucionarios: la posibilidad de ponerlo como doctrina rápidamente en práctica. Sin embargo, el marxismo carece de una reflexión teórica sobre la praxis o acción que subraye lo específico de ella.

Aristóteles realizó por primera vez la distinción explícita de teoría y praxis. Tal distinción, que puede ser reconocida tácitamente ya en Platón, subraya el hecho de que la razón humana opera de distinto modo ante objetos específicamente diferentes. Cuando nos concentramos en un problema matemático en busca de su resolución, nuestra razón no descansa hasta no reconocer la necesidad de ésta. No esperamos lo mismo de una decisión sobre el modo en que dirigimos nuestra vida. De hecho, la acción que sigue a la decisión no va acompañada nunca del reconocimiento de la necesidad, sino que se nos presenta como un ‘riesgo’, puesto que apreciamos que ‘pudimos haber actuado de otra manera’. Operar sobre el riesgo en el mundo de las posibilidades no quiere decir, sin embargo, que no se pueda calibrar con la razón el curso de la acción que se ha de seguir. La consideración de la mejor acción posible intenta disminuir el riesgo, mas no eliminarlo. La razón nunca alcanza una resolución ‘necesaria’ pues las posibilidades prácticas son infinitas: tendrá en algún momento que detenerse ante la situación particular y abordarla con las deliberaciones alcanzadas.

Existe sin embargo un tercer objeto del pensamiento que no se adecúa ni al pensar teórico ni al práctico: el pensar técnico. Éste tiene lugar cuando consideramos intelectualmente la producción de un cambio en el mundo. El pensar técnico tiene características del pensar práctico y del teórico: como el primero puede utilizar una pluralidad de medios, pues los cambios a producir en el mundo pueden llevarse a cabo de múltiples maneras y, como el segundo implica la prioridad de la idea, en cuanto que la ‘efectividad’ de la obra se da si el cambio se adecúa a lo previamente pensado. En este sentido, existe una cierta ‘necesidad’ de lo técnico, aunque sea una necesidad de tipo hipotética.

La historia de la filosofía mantiene en lo fundamental la distinción aristotélica. Sin embargo, la idea de un pensar práctico fue perdiendo fuerza con la hegemonía del racionalismo. Hegel desarrolla un sistema de pensamiento que subsume lo teórico y lo práctico bajo las leyes de la lógica. Lo que tradicionalmente había sido juzgado como territorio de la praxis (ética, política, derecho e historia) será ordenado bajo principios puramente lógicos y teóricos. Los post-hegelianos rechazan tan alta pretensión de un sistema filosófico poniendo esta vez el énfasis precisamente en el concepto de praxis.

En principio, para esta nueva escuela la praxis se define desde una oposición a la teoría. La ‘historia fáctica’ y el ‘tiempo presente’ no son materia de la teoría, sino de la praxis. Sin embargo, el pensamiento de Marx (el más grande de los post-hegelianos) y el de Hegel seguirán profundamente conectados. La teoría no es en este sentido anulada, sino delegada al mundo de los formas. Será la praxis la que le infundirá el fuego vital, la que materializará las formas de la teorías. Marx desarrolla por cierto una ‘praxis a partir de la teoría’, pero de ningún modo una ‘teoría de la praxis’.

La llamada de los post-hegelianos a la praxis – ‘a transformar el mundo’ – no implica una recuperación del ‘pensar práctico’ (lo que se entiende por ‘praxis’ en la tradición filosófica), sino una del ‘actuar’ mismo, al cual no se le atribuye un ‘modo de pensar propio’, sino que se constituye en sí mismo como la ‘metamorfosis del pensar’.

El concepto de ‘trabajo’ sirve para ilustrar esta mirada marxista de la praxis.  En la transformación de la materia – la conversión de los elementos naturales en productos humanos -, el hombre se vuelve consciente de sí mismo. Esto acontece porque por medio del trabajo el hombre se hace ‘señor’ de la naturaleza en sentido primario, liberándose por tanto de su adquirido ‘estado de esclavitud’. En este sentido por el trabajo el hombre retorna a su esencia.

La praxis marxista se entiende por tanto como una conjunción de teoría (conciencia) y técnica (obra), sin incluir la ‘praxis’ (la autodeterminación) un carácter específico. La praxis es por un lado teórica en la medida en que el hombre se realiza como tal precisamente cuando es más ‘consciente’ de sí mismo. La praxis es por otro lado técnica en la medida en que la autodeterminación se sigue directamente de la determinación del mundo.

Ahora bien, ¿qué importancia tiene esto si el marxismo sigue siendo más ‘práctico’ que toda filosofía de la praxis? Pues el señalar lo que se extraña en la ‘practicidad’ del marxismo filosófico.

El marxismo carece de una deliberación de posibilidades para la toma de una decisión, esto es, carece de un pensar específicamente práctico. El mundo de la praxis marxista es tan ‘necesario’ como el mundo de la teoría hegeliana. En este caso la deliberación no determina la decisión, sino más bien la segunda es derivada con necesidad de la primera. Por esta razón el marxismo es tan rápido para la praxis, puesto que dado un estado de cosas y presuponiendo el ideal de la historia y sus manifestaciones concretas, es capaz de concluir acciones que, como la teoría, vienen acompañadas de necesidad; ahora, si la acción emprendida se revela a posteriori como errónea, no se juzgará sino como una mala deliberación técnica, esto es, como una inadecuación entre el ideal – que precede a la acción – y la copia representada en el mundo.

Esta ‘rapidez para la praxis’ vuelve al marxismo atractivo para el revolucionario, pero inútil para el diálogo social, puesto que tal diálogo reproduce el modelo de la praxis clásica: las partes deliberantes aportan elementos para una decisión que no se concibe como necesaria, sino determinada por las circunstancias concretas que le dieron origen y sujeta por tanto a riesgo y error. Pues el diálogo social – el diálogo en medio de la polis – realmente ‘crea’ algo nuevo, en la medida en que la decisión determina efectivamente dicho tiempo y circunstancia como ‘histórico’ (humano y social).

Así se constituye el ‘carácter’ de una sociedad.

Anuncios

1 comentario

Archivado bajo Actualidad, Filosofía

Una respuesta a “La praxis del marxismo

  1. Federico García

    Excelente, Toño.
    Saludos desde la lluviosa Penco.
    -Federico García

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s