El sol de los hiperbóreos

J. A. Giménez

La tierra es inhabitable y sin embargo está habitada. Los hiperbóreos salen cada mañana a vivir su invierno. Un invierno para cada cual. Los termómetros marcan temperaturas extrañas. Un benigno fenómeno del frío extremo es que bajo los 10 grados no queda ni un hálito de humedad: no nieva ni hay nubes, sólo un sol que no calienta, pero que da luz. Es el frío seco, ‘el frío en sí’. No el sol de los 0 grados, un epifenómeno entre las nubes bramantes, entre la acuosa densidad. Un disco de diamante, un sol de Antártida. Me contaban que tan brutal helada es causa del viento del Este, remembranzas del Ejército Rojo. Del Este viene el frío de los menos 10 – de los menos 20 – pero del Este viene también el sol de invierno; del Oeste en cambio, del Atlántico, se levantan nubes goteantes y nos inundan de lluvia y nieve. Así fue enero: frío, mojado y penetrante, lluvia y sol rasgado por nubes. Me dicen que todo se ha atrasado, que febrero era enero, que enero era diciembre, que la primavera vendrá en Semana Santa. Me prometen un mejor verano: es incómodo decir ‘aquí no sale el sol’.

Yo no lo creo.

Sé que el sol de invierno viene del Este, que para verle la cara tienen que encogerse las nubes de frío, tiene que de alguna manera morir todo para que pueda llenarse el espacio de luz inerte. La luz pasa sobre la piedra sin chispear el musgo, sobre los cuerpos sin darles calor. El sol cae rendido en medio de las plazas, lo vemos morir a nuestros pies.

Sé que la primavera será una constante promesa de la gran verdad y no su primera manifestación. Un constante signo de contradicción. Quisiera pensar que la primavera es juventud, cuando no es sino pubertad. Que mueve a la esperanza, cuando no mueve sino a la duda.

Sé que el sol de verano será un epifenómeno, porque ocurren siempre cosas raras con los vientos de acá. Cada mañana, abrir la persiana es un acto de fe. Pues, aunque sea duro de decir, el verano no trae consigo la gran verdad.

La gran verdad es el reinado de Febo Apolo. Es la presencia, segura y predecible, del calor y la luz sobre la tierra, sin temer que la ira de Zeus nos cubra de nubes y rayos. Son pocas las seguridades que el hombre puede tener sobre la tierra. Tal vez sólo las más fundamentales: que la historia tiene sentido, que el laberinto tiene salida.

Sin embargo, el sol de los hiperbóreos no deja de ser una y otra vez una promesa. El sol emerge, se le elevan oraciones, se le ofrecen sacrificios, un gran invierno de dolores le es depositado a sus pies; tras devorar las ofrendas vuelve sin embargo a su escondite. El capricho de este sol ha llevado a los hiperbóreos a mirarlo con recelo. Quienes continúan fieles a su promesa claman al verlo salir ‘¡milagro!’; los que han perdido ya tal fe no hacen sino hablar del ‘azar’. Pero ninguno es capaz de sentir lo que Ulises cuando volvió a pisar su Ítaca.

En mi tierra se cuentan los años por sus primaveras; aquí por sus inviernos.

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14 comentarios

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14 Respuestas a “El sol de los hiperbóreos

  1. Gaspar

    Y si se apagase el sol
    sólo es la noche
    la oscuridad tritura las existencias
    las almas de los vivientes se asfixian
    corre un viento frío invisible
    todo es igual
    silencio
    negro
    pedazo de madera que se pudre.

  2. shock-o'panda

    fue literalmente tremebundo el frío que pasó. ojalá no pase de nuevo. nunca había sentido que se me congelaran los dientes y el cerebro mientras esperaba el tranvía. cansado ya de tanta mentira sobre el clima de friburgo, se despide atte
    Schock O’ Panda

  3. Toño

    Es impresionante como el sol ennoblece el día. Lo difícil es estar a la altura de la felicidad: más nos amargamos amargándonos bajo un sol radiante que bajo el cielo tapado de nubes. Es la exigencia del sol: salir a jugar.

    Ahora, el clima en Alemania es muy duro. Pero parece que un latino lo padece más.

  4. Movimiento Panmediterráneo Unido (MPU)

    Me pregunto cuántos de los que acá estamos no habremos hecho la pregunta: ¿porqué Alemania y no Italia? Pregunta, a estas alturas, tan importante como la pregunta por el ser y la nada. ¿Porqué sufrir el frío, a estos bárbaros, su burocracia (“The insolence of office!”), sus gritos cerveceros, su dialecto inentendible, su fanatismo por la eficiencia, sus peroratas interminables? Pensar que en la península itálica uno puede hacerse un amigo tomando un café y viendo pasar a la gente por la calle, en un puro ocio contemplativo urbano, mientras en la radio tocan a Modugno.

  5. Toño

    Lo hablamos una vez, por qué Italia no es el centro del mundo? La muerte del italiano, la universidad pobre, demasiada nona y mucha mona.

    Pero por otro lado, el norte, como el bosque, atrae de alguna manera a las almas en penas. Si tan solo aquí hubiera una montaña!

  6. Toño

    Encontré unos bellos versos cantados por Hölderlin – un hiperbóreo – al sol del Mediterráneo (de ‘Der Archipelagus’):

    ‘Cuando, entonces, aparece el que lo transfigura todo, el sol del día,
    la criatura del Oriente, el milagroso,
    comienza para los vivientes el sueño dorado,
    que el Sol Creador cada mañana les prepara’.

    (Wenn die allverklärende dann, die Sonne des Tages,
    Sie, des Orients Kind, die Wundertätige, da ist,
    Dann die Lebenden all im goldnen Traume beginnen,
    Denn die Dichtende stets des Morgens ihnen bereitet).

    Un alcance: el sol en alemán es femenino (‘die Sonne’) y luna masculina (‘der Mond’). Por eso quizás aquí el sol es sólo una criatura y no ‘el primogénito de Oriente’. Quizás porque en Hiperbórea el sol se comporta como mujer y la luna como hombre.

  7. Che Toño que zaratrustiano te pusiste. En cuanto a lo de las “seguridades del hombre” no creo que todo el mundo comparta tu visión…es muy optimista. Seguiré esperando la epifanía del sol-caliente -y masculino…

  8. Francisca HB

    Der Winter ist ein rechter Mann,
    Kernfest und auf die Dauer;
    Sein Fleisch fühlt sich wie Eisen an,
    Und scheut nicht süß noch sauer.

    Buena reflexión, gracias!

  9. NO entiendo la reflexión de quien se hace llamar “Movimiento Panmediterráneo Unido”. Su nombre suena a “paneslavismo” o “pangermanismo”, conceptos dejados atrás, por fortuna. La atracción del norte hacia al sur es tan fuerte como la atracción del sur hacia el norte. Los sureños, cansados de tanto sol y días interminables, buscan la oscuridad y los bosques llenos de trasgos. Como canta el poeta Franz Ochsenfleisch(1978): ” doncella nacida del mar / bajo una mata de oliva / y del sol sureño / eres bella como un alazán / como un cántaro / como una ninfa de ojos nocturnos / pero prefiero a la valkiria / con sus trenzas rubias y ojos color mar-del-norte / la prefiero porque es más demónica / para resumirlo en breve: arriba la liv ullmann! abajo la sofia loren!

  10. Toño

    Arriba la Claudia Cardinale, abajo -muy abajo -la Marlene Dietrich!

  11. Pingback: El sol de los hiperbóreos 2 | ruletarusablog

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