Archivo mensual: abril 2012

Izquierda y derecha unidas….

por P.D.

Hace poco leí en el diario español El País una susinta descripción del mundo político, desde una visión de “izquierdas”. El artículo trataba sobre Nicanor Parra, y comenzaba citando esos conocidos versos de que “la izquierda y la derecha unidas / jamás serán vencidas”. En seguida arremetía contra la burla del anti-poeta, espetándole  a Parra, entre en serio y en broma: “¿no sabe usted que a un lado están los buitres capitalistas que quieren devorarlo todo para engordar y, al otro, una gente que padece sus excesos? […] ¿No sabía usted que la derecha siempre protege las cosas de los poderosos y que la izquierda anda como loca procurando defender a los desposeídos?” (El País, 24 Abril 2012). Si esto también habrá sido una burla del editorialista del diario socialista El País, ha logrado hacerlo de maravilla. Si no es broma, y se trata de la más solemne e indignada declamación del estado del mundo, me parece aún más interesante.

Interesante, porque expresa perfectamente el tono mesiánico y maniqueo que marca a la retórica de la izquierda, aquí y en la quebrada del ají. Según ésta, el mundo actual se divide entre dos fuerzas puras: por un lado los buenos, por otro los malos. Los malos son “la derecha”, que se identifica que la opresión económica, mientras que la izquierda quiere salvar al mundo de este monstruo. Siendo así las cosas, quien no vota por la izquierda o no simpatiza con ella, tiene altas probabilidades de ser un ser maléfico, partidario de que los ricos aplasten a los pobres. ¿Y si los pobres votan no votan por la izquierda? ¿Por qué ganó Piñera? Porque la gente es “fascista”, como dice la doumentalista Marcela Said (The Clinic, 31 Diciembre, 2009), o  “frívola”, como sentencia la filósofa Carla Cordua (íbidem). En resumen: quien no simpatiza con la izquierda es en realidad una mala persona, o en el mejor de los casos un idiota.

Llaman la atención varias cosas: en primer lugar, que quienes sean los primeros en defender el “pluralismo” y la “diversidad” como valores culturales, sean los primeros en aclarar que sólo ellos son la única posibilidad razonable dentro del espectro político. En segundo lugar, es interesante cómo lo político (en el sentido de partidismo ideológico) se hace omnipresente y no deja nada fuera de sí. Si la terea de la izquierda es nada menos que liberar al mundo, entonces “ser de izquierda” deja de ser un estilo de administrar el estado y pasa a ser un estilo de vida, una cosmovisión, una cruzada que incluye arte, cultura, una determinada estética para vestirse, un canon literario, fórmulas dogmáticas, en suma: una religión.

Ahí precisamente está el encanto y el peligro de la izquierda. Su estilo religioso le permite formular una misión, unos fines, un ideario que pueden entusiasmar. Cuando una coalición gobernante de derecha se jacta de que su ideario consiste en “mejorar la gestión”, a cualquiera le dan ganas de salir corriendo y refugiarse en cualquier opción política, que tenga ideas, aunque sean descabelladas. La eterna atracción de los intelectuales hacia la izquierda se explica porque la izquierda, como mesianismo, ofrece una mirada sistemática del mundo. Su miseria consiste en que como religión salvífica fracasa una y otra vez, aunque cambie de formas, mute de color y vaya corrijiendo algunos de sus defectos más políticamente incorrectos e incluya principios del capitalismo brutal que con tanto aspaviento critica.

Una matriz de pensamiento que le pueda hacer realmente el peso a la izquierda, creo, es el pensamiento inspirado en la tradición occidental cristiana (es decir, algo que no se venda ni a la economicismo ni al lacisimo, de partida), pero los partidos de derecha o “conservadores” hace mucho tiempo que dejaron de inspirarse en ideales y se dedicaron a mirar encuestas o avergonzarse ante la campaña cultural que demoniza todo lo se oponga al “progreso indefinido de la historia” (que es lo que en el fondo defienden los auto-denominados “progresistas”). Dejando el campo cultural desierto para que la intelligentsia de izquierda haga de las suyas (desde renovación de currícula en los colegios para enseñarle a los niños que la Edad Media es “oscura” hasta financiamiento de arte “transgresor” -el otrora arte comprometido) el derechismo se ha dedicado a insistir que la economía es la base de todo, y que desde ahí se puede estrucutrar un país. Hemos terminado por hacer de Chile un país económicamente capitalista (todo se compra y se vende), y espiritualmente progresista (donde la idea es tirarlo todo -cristianismo incluido- por la borda para “progresar”), es decir, la peor mezcla posible. Después de todo, Nicanor Parra no andaba muy equivocado con eso de la “derecha y la izquierda unidas…”

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“No te guardo rencor” de Robert Schumann, op. 48

por  P. D.

En este pequeño artículo quisiera llamar la atención sobre un Lied de Robert Schumann, llamado “Ich grolle nicht” (No te guardo rencor). Este Lied se encuentra en un ciclo llamado “El amor del poeta (Dichterliebe) de 1840, basado en poesías de Heinrich Heine. Propongo escuchar el Lied antes de seguir leyendo este articulillo (http://www.youtube.com/watch?v=6R6X_p_wgk8). La letra dice así:

No te guardo rencor, aunque se me parte el corazón,
¡Amor perdido para siempre!: no te guardo rencor.
Aunque brilles con esplendor de diamante,
Ni un solo rayo de luz toca tu corazón en tinieblas.

Hace tiempo que lo sé. Pero te he visto en sueños,
He visto cómo la noche inunda tu corazón,
y he visto a la serpiente que devora tu corazón.
Y he visto, amada, cuán miserable eres.

[Ich grolle nicht, und wenn das Herz auch bricht,
Ewig verlor’nes Lieb! ich grolle nicht.
Wie du auch strahlst in Diamantenpracht,
Es fällt kein Strahl in deines Herzens Nacht.

Das weiß ich längst. Ich sah dich ja im Traume,
Und sah die Nacht in deines Herzens Raume,
Und sah die Schlang’, die dir am Herzen frißt,
Ich sah, mein Lieb, wie sehr du elend bist.]

Si el arte del Lied consiste en la síntesis inseparable entre texto y música, estamos frente a una obra maestra. El piano comienza con cuatro acordes antes de que entre la voz de Fritz Wunderlich, que dice decididamente: “No te guardo rencor”. Suponemos que el poeta ha perdonado. “No te guardo rencor” equivale a decir: “Estoy en paz. Te perdoné”. ¿A quién se dirige el poeta? A un “amor perdido para siempre” repetido dos veces, la segunda más intensa que la primera (es decir, está perdido “para siempre”, no hay vuelta atrás), que le “ha roto el corazón”. Hazaña titánica del poeta: perdonar a un amor, que lo ha dejado destrozado. ¿Lo habrá hecho de veras? Este amada sigue atrayendo magnéticamente al poeta, que reconoce en ella al esplendor del diamante pero del diamante que brilla hacia afuera, y que es pura oscuridad adentro. O sea, el poeta ha perdonado, pero no se aguanta de decir que su amada es una especie de diamante hueco, una luz que permanece en tinieblas, una “bella senz’anima”, o si nos queremos poner bíblicos, un “sepulcro blanqueado”. Y por si fuera poco, el poeta nos revela que todo esto “ya lo sabía desde hace tiempo”. El poeta entreveía que este amor no tenía futuro, que era todo una farsa desde el comienzo. “Era todo ya previsto” canta el hit cebolla de Cocciante; “Mentira /Lo nuestro siempre fue una mentira” entona nuestro Buddy Richard. La profecía ex-post de un amor fallido parece ser un lugar común en estas lides.
Sigamos. El poeta vuelve a repetirle a su amor perdido, como si este no le creyese, que la ha perdonado. Y le cuenta una infidencia: soñó con ella, pero no fue un sueño de amor, sino una visión horrible. El Lied se pone cada vez más tensa. El cantante parece hablar, no hay melodía: el verso casi completo es un La que repiquetea como martillo: “Und-sah-die-Nacht-in-dei-nes-Her-zens-Rau-me”. La visión onírica del poeta revela la realidad íntima de la amada, lejos su esplendor de diamante, de su belleza magnética externa. Es la noche, la fealdad, la nada. En seguida,  el poeta sigue hablando (ahora es un Re que repiquetea) pero perdiendo todo estribo, para decir lo más macabro: dentro del corazón en tinieblas de la amada se anida una repugnante serpiente que se alimenta de su corazón mismo. La tensión musical es máxima, y explota en la palabra “corazón” (Herzen): “Und-sah-die Schlang’-die-dir-am-Her-zen-frisst”. Es la explosión de quien quería decir algo hace mucho tiempo y ha tenido las las agallas o la ocasión para hacerlo. Esta es la declaración total, el punto final para siempre: “no te guardo rencor, pero siempre supe que por dentro eres un pozo de fango, donde vive un animal demoníaco”. Acto seguido, ya más distendido, el poeta le dice a su amada que esa horrible visión la hace compadecerla: “Ví cuán miserable eres”. Es un Fa que definitivamente va bajando, hasta llegar a un más comedido Do (Fritz Wunderlich llega incluso más abajo (La) en una licencia interpretativa, dándole a la frase un carácter más distendido). La miseria interior de la amada parece tranquilizar al poeta: la miserable, a fin de cuentas, es ella. Él, más tranquilo y entero, le recuerda que toda esta declaración -lo que a esta altura ya no le creemos- es sin apasionamientos, sin odios. “No te guardo rencor”, es la última frase del Lied. El marco del poema (partida y final) es “el no te guardo rencor”; dentro de este marco de intenciones nobles se despliega la crudeza y el juicio del despechado, que Schumann cristaliza en melodías entrecortadas y jadeantes. La recreación de Schumann sugiere que el poeta se traiciona a sí mismo, o visto de otro modo, que su subconsciente aflora pese a la resolución de no guardar rencor. “Ich grolle nicht” no es sino el intento de un alma noble de ignorar la herida y aplacar la sed de revancha. Aunque pareciera que in medias partes el rencor va ganando la partida, el final insinúa que el exabrupto de despecho resulta terapéutico: el Lied termina con un acorde sólido en Do mayor, signo de resolución y de un nuevo comienzo.

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