“No te guardo rencor” de Robert Schumann, op. 48

por  P. D.

En este pequeño artículo quisiera llamar la atención sobre un Lied de Robert Schumann, llamado “Ich grolle nicht” (No te guardo rencor). Este Lied se encuentra en un ciclo llamado “El amor del poeta (Dichterliebe) de 1840, basado en poesías de Heinrich Heine. Propongo escuchar el Lied antes de seguir leyendo este articulillo (http://www.youtube.com/watch?v=6R6X_p_wgk8). La letra dice así:

No te guardo rencor, aunque se me parte el corazón,
¡Amor perdido para siempre!: no te guardo rencor.
Aunque brilles con esplendor de diamante,
Ni un solo rayo de luz toca tu corazón en tinieblas.

Hace tiempo que lo sé. Pero te he visto en sueños,
He visto cómo la noche inunda tu corazón,
y he visto a la serpiente que devora tu corazón.
Y he visto, amada, cuán miserable eres.

[Ich grolle nicht, und wenn das Herz auch bricht,
Ewig verlor’nes Lieb! ich grolle nicht.
Wie du auch strahlst in Diamantenpracht,
Es fällt kein Strahl in deines Herzens Nacht.

Das weiß ich längst. Ich sah dich ja im Traume,
Und sah die Nacht in deines Herzens Raume,
Und sah die Schlang’, die dir am Herzen frißt,
Ich sah, mein Lieb, wie sehr du elend bist.]

Si el arte del Lied consiste en la síntesis inseparable entre texto y música, estamos frente a una obra maestra. El piano comienza con cuatro acordes antes de que entre la voz de Fritz Wunderlich, que dice decididamente: “No te guardo rencor”. Suponemos que el poeta ha perdonado. “No te guardo rencor” equivale a decir: “Estoy en paz. Te perdoné”. ¿A quién se dirige el poeta? A un “amor perdido para siempre” repetido dos veces, la segunda más intensa que la primera (es decir, está perdido “para siempre”, no hay vuelta atrás), que le “ha roto el corazón”. Hazaña titánica del poeta: perdonar a un amor, que lo ha dejado destrozado. ¿Lo habrá hecho de veras? Este amada sigue atrayendo magnéticamente al poeta, que reconoce en ella al esplendor del diamante pero del diamante que brilla hacia afuera, y que es pura oscuridad adentro. O sea, el poeta ha perdonado, pero no se aguanta de decir que su amada es una especie de diamante hueco, una luz que permanece en tinieblas, una “bella senz’anima”, o si nos queremos poner bíblicos, un “sepulcro blanqueado”. Y por si fuera poco, el poeta nos revela que todo esto “ya lo sabía desde hace tiempo”. El poeta entreveía que este amor no tenía futuro, que era todo una farsa desde el comienzo. “Era todo ya previsto” canta el hit cebolla de Cocciante; “Mentira /Lo nuestro siempre fue una mentira” entona nuestro Buddy Richard. La profecía ex-post de un amor fallido parece ser un lugar común en estas lides.
Sigamos. El poeta vuelve a repetirle a su amor perdido, como si este no le creyese, que la ha perdonado. Y le cuenta una infidencia: soñó con ella, pero no fue un sueño de amor, sino una visión horrible. El Lied se pone cada vez más tensa. El cantante parece hablar, no hay melodía: el verso casi completo es un La que repiquetea como martillo: “Und-sah-die-Nacht-in-dei-nes-Her-zens-Rau-me”. La visión onírica del poeta revela la realidad íntima de la amada, lejos su esplendor de diamante, de su belleza magnética externa. Es la noche, la fealdad, la nada. En seguida,  el poeta sigue hablando (ahora es un Re que repiquetea) pero perdiendo todo estribo, para decir lo más macabro: dentro del corazón en tinieblas de la amada se anida una repugnante serpiente que se alimenta de su corazón mismo. La tensión musical es máxima, y explota en la palabra “corazón” (Herzen): “Und-sah-die Schlang’-die-dir-am-Her-zen-frisst”. Es la explosión de quien quería decir algo hace mucho tiempo y ha tenido las las agallas o la ocasión para hacerlo. Esta es la declaración total, el punto final para siempre: “no te guardo rencor, pero siempre supe que por dentro eres un pozo de fango, donde vive un animal demoníaco”. Acto seguido, ya más distendido, el poeta le dice a su amada que esa horrible visión la hace compadecerla: “Ví cuán miserable eres”. Es un Fa que definitivamente va bajando, hasta llegar a un más comedido Do (Fritz Wunderlich llega incluso más abajo (La) en una licencia interpretativa, dándole a la frase un carácter más distendido). La miseria interior de la amada parece tranquilizar al poeta: la miserable, a fin de cuentas, es ella. Él, más tranquilo y entero, le recuerda que toda esta declaración -lo que a esta altura ya no le creemos- es sin apasionamientos, sin odios. “No te guardo rencor”, es la última frase del Lied. El marco del poema (partida y final) es “el no te guardo rencor”; dentro de este marco de intenciones nobles se despliega la crudeza y el juicio del despechado, que Schumann cristaliza en melodías entrecortadas y jadeantes. La recreación de Schumann sugiere que el poeta se traiciona a sí mismo, o visto de otro modo, que su subconsciente aflora pese a la resolución de no guardar rencor. “Ich grolle nicht” no es sino el intento de un alma noble de ignorar la herida y aplacar la sed de revancha. Aunque pareciera que in medias partes el rencor va ganando la partida, el final insinúa que el exabrupto de despecho resulta terapéutico: el Lied termina con un acorde sólido en Do mayor, signo de resolución y de un nuevo comienzo.

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4 comentarios

Archivado bajo Literatura, Música, Uncategorized

4 Respuestas a ““No te guardo rencor” de Robert Schumann, op. 48

  1. Pablo F.

    Pato:
    Encontré más interesante el artículo que el Lied. ¿Tengo algún tipo de redención en este mundo o el otro?

  2. Gonzalo

    Patricio! Felicitaciones por el artículo. Super bueno! Me alegro además que haya gente que se interese en el maravilloso género del Lied. Lo que me parece genial del texto y la canción es que Heine, que siempre tenía un componente muy irónico en sus textos, describe una reacción muy corriente y humana: esa cuando uno le pregunta a la mujer o polola que se ha enojado por algún motivo: “¿Te pasa algo?; y te responde: “No, nada…”. Pero tu ya sabes lo que te espera… En innumerables ocasiones lo que decimos está completamente en contraposición a lo que en verdad sentimos-

  3. Sergio Santa Maria

    Excelente descripción de esta magnífica obra. Gracias por compartirnos este tipo de aportes. Saludos desde Perú.

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