Archivo mensual: agosto 2012

“Estudie derecho”

P.D.

 ¿Qué tienen en común Santiago Bernabéu, Franz Kafka, Karl Böhm y Henri Matisse? Que estudiaron derecho, pero que nunca lo ejercieron con gusto, y que cuando tuvieron la oportunidad, lo abandonaron para dedicarse a lo que realmente querían hacer.  Sería interesante investigar de dónde viene esa tendencia de tantos padres y preceptores a recomendar (u obligar a) estudiar derecho a cuantos anden por la vida resueltos a ser escritores, músicos, pintores o futbolistas, y asimismo, esa tendencia de muchos de seguir este consejo milenario.

¿Por qué resulta extraño que se recomiende tanto el derecho? En primer lugar, el derecho es una disciplina que exige ciertas aptitudes y gustos que no se encuentran en todo ser humano. Es una carrera árida que tiene un objeto bastante determinado: estudiar las relaciones jurídicas que regulan, ordenan y sancionan nuestros actos individuales y colectivos. Supone un cierto amor a la justicia expresada en un orden positivo, requiere de mucha memoria y de una capacidad para entender las conexiones e implicancias de muchos planos diferentes. En resumen: es una disciplina ardua y nada de “genérica”, como para que se le recomiende a todo el mundo pasar cinco años metido en ella. Por ser una disciplina ardua, el derecho tiene la capacidad de encantar, pero también de hastiar. A nadie se le debería recomendar pasar cinco años en hastío.

Otro cuento que da vueltas por ahí es el siguiente: para quienes quieren dedicarse a las “humanidades” (filosofía, historia, literatura, etc.), el derecho es una excelente llave de entrada, algo así como una ciencia madre que dota a quien la estudie de una “formación” privilegiada. Como todos los cuentos, éste también tiene su porción de verdad: mentes superiores, como Cicerón, Santo Tomás Moro,  Andrés Bello o  Theodor Mommsen fueron grandes juristas. Pero ahí se esconde una trampa: ¿qué estudiaron estos monstruos para descollar en las “letras”? ¿Se parece a lo que hoy se estudia en nuestras universidades bajo el nombre de Derecho? Derechamente no. En tiempos de Moro y de Bello (con varios siglos de distancia) el estudiante de derecho tenía que pasar por un currículum de lenguas clásicas, filosofía, y derecho romano que haría temblar a cualquier “letrado”. Hasta hace algunas décadas el latín era obligatorio para el derecho. Hoy hay facultades reputadas que han sacado el derecho romano de sus mallas. El derecho tal como se estudia hoy en Chile tiende a parecerse más a una técnica legislativa que a la antigua jurisprudencia. El modelo de abogado promovido por las escuelas de derecho se parece más al yuppie que defiende a una empresa que al amante de las bibliotecas y de la tertulia filosófica. Por eso es falso que el derecho sea una buena herramienta para las humanidades. ¿Cómo va a ser una buena formación humanística una carrera que le da más importancia al derecho minero que a la filosofía? No tengo nada en contra del derecho minero; lo que me parece dudoso es que conocer al dedillo el conjunto de principios y preceptos especiales que definen cuáles sustancias minerales son susceptibles de aprovechamiento por cualquier persona y regulan la constitución, naturaleza, ejercicio y extinción de las concesiones exclusivas para explorar o para explotar dichas sustancias etc. (definición soporífera de Ossa Bulnes) sea un buen punto de partida para entender y disfrutar la  literatura o la filosofía.

Alguien podría replicar, siguiendo (quizá inconscientemente) el concepto “formalista” de educación (la educación es el cultivo de “habilidades formales” y no de “contenidos”), que el derecho, por ser arduo, sirve para “estructurar la cabeza” y en ese sentido sería un saber clave, una mathesis universalis, capaz de dotar a su posesor de un habilidad especial para comprender las “demás áreas”. Esta idea resiste poco análisis. Si la tomamos en serio, resulta que la química o la teoría musical también serían una estupenda introducción a las humanidades, o, porqué no, al derecho. Las teorías que caricaturizan a la memoria y ponen el énfasis en fomentar capacidades (“innovación”, “crítica”) pasan por alto que la comprensión de una idea filosófica o de un texto literario o un hecho histórico exige tomarse en serio la realidad material que estudia. Si nos tomamos en serio eso de que la comprensión de un texto o una obra de arte se hace posible desde la familiaridad con un plexo cultural que precede y procede al objeto estudiado (tradición), el derecho entendido como una técnica legislativa sencillamente no forma: no enseña historia, ni idiomas, ni hermenéutica. Simplemente enseña a operar con una ley ya dada en un caso particular. Por eso, si alguien siente pasión por el estudio de las “malditas cuestiones eternas”, debería tener en cuenta que el derecho de aguas puede ser el inicio de una lata no de cinco años, sino de toda una vida.

Y usted señor abogado, ¿qué opina?

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Archivado bajo Educación, Vida cotidiana