“Estudie derecho”

P.D.

 ¿Qué tienen en común Santiago Bernabéu, Franz Kafka, Karl Böhm y Henri Matisse? Que estudiaron derecho, pero que nunca lo ejercieron con gusto, y que cuando tuvieron la oportunidad, lo abandonaron para dedicarse a lo que realmente querían hacer.  Sería interesante investigar de dónde viene esa tendencia de tantos padres y preceptores a recomendar (u obligar a) estudiar derecho a cuantos anden por la vida resueltos a ser escritores, músicos, pintores o futbolistas, y asimismo, esa tendencia de muchos de seguir este consejo milenario.

¿Por qué resulta extraño que se recomiende tanto el derecho? En primer lugar, el derecho es una disciplina que exige ciertas aptitudes y gustos que no se encuentran en todo ser humano. Es una carrera árida que tiene un objeto bastante determinado: estudiar las relaciones jurídicas que regulan, ordenan y sancionan nuestros actos individuales y colectivos. Supone un cierto amor a la justicia expresada en un orden positivo, requiere de mucha memoria y de una capacidad para entender las conexiones e implicancias de muchos planos diferentes. En resumen: es una disciplina ardua y nada de “genérica”, como para que se le recomiende a todo el mundo pasar cinco años metido en ella. Por ser una disciplina ardua, el derecho tiene la capacidad de encantar, pero también de hastiar. A nadie se le debería recomendar pasar cinco años en hastío.

Otro cuento que da vueltas por ahí es el siguiente: para quienes quieren dedicarse a las “humanidades” (filosofía, historia, literatura, etc.), el derecho es una excelente llave de entrada, algo así como una ciencia madre que dota a quien la estudie de una “formación” privilegiada. Como todos los cuentos, éste también tiene su porción de verdad: mentes superiores, como Cicerón, Santo Tomás Moro,  Andrés Bello o  Theodor Mommsen fueron grandes juristas. Pero ahí se esconde una trampa: ¿qué estudiaron estos monstruos para descollar en las “letras”? ¿Se parece a lo que hoy se estudia en nuestras universidades bajo el nombre de Derecho? Derechamente no. En tiempos de Moro y de Bello (con varios siglos de distancia) el estudiante de derecho tenía que pasar por un currículum de lenguas clásicas, filosofía, y derecho romano que haría temblar a cualquier “letrado”. Hasta hace algunas décadas el latín era obligatorio para el derecho. Hoy hay facultades reputadas que han sacado el derecho romano de sus mallas. El derecho tal como se estudia hoy en Chile tiende a parecerse más a una técnica legislativa que a la antigua jurisprudencia. El modelo de abogado promovido por las escuelas de derecho se parece más al yuppie que defiende a una empresa que al amante de las bibliotecas y de la tertulia filosófica. Por eso es falso que el derecho sea una buena herramienta para las humanidades. ¿Cómo va a ser una buena formación humanística una carrera que le da más importancia al derecho minero que a la filosofía? No tengo nada en contra del derecho minero; lo que me parece dudoso es que conocer al dedillo el conjunto de principios y preceptos especiales que definen cuáles sustancias minerales son susceptibles de aprovechamiento por cualquier persona y regulan la constitución, naturaleza, ejercicio y extinción de las concesiones exclusivas para explorar o para explotar dichas sustancias etc. (definición soporífera de Ossa Bulnes) sea un buen punto de partida para entender y disfrutar la  literatura o la filosofía.

Alguien podría replicar, siguiendo (quizá inconscientemente) el concepto “formalista” de educación (la educación es el cultivo de “habilidades formales” y no de “contenidos”), que el derecho, por ser arduo, sirve para “estructurar la cabeza” y en ese sentido sería un saber clave, una mathesis universalis, capaz de dotar a su posesor de un habilidad especial para comprender las “demás áreas”. Esta idea resiste poco análisis. Si la tomamos en serio, resulta que la química o la teoría musical también serían una estupenda introducción a las humanidades, o, porqué no, al derecho. Las teorías que caricaturizan a la memoria y ponen el énfasis en fomentar capacidades (“innovación”, “crítica”) pasan por alto que la comprensión de una idea filosófica o de un texto literario o un hecho histórico exige tomarse en serio la realidad material que estudia. Si nos tomamos en serio eso de que la comprensión de un texto o una obra de arte se hace posible desde la familiaridad con un plexo cultural que precede y procede al objeto estudiado (tradición), el derecho entendido como una técnica legislativa sencillamente no forma: no enseña historia, ni idiomas, ni hermenéutica. Simplemente enseña a operar con una ley ya dada en un caso particular. Por eso, si alguien siente pasión por el estudio de las “malditas cuestiones eternas”, debería tener en cuenta que el derecho de aguas puede ser el inicio de una lata no de cinco años, sino de toda una vida.

Y usted señor abogado, ¿qué opina?

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12 comentarios

Archivado bajo Educación, Vida cotidiana

12 Respuestas a ““Estudie derecho”

  1. Agustus

    Algo discrepo de tu ultimo párrafo. Sobre el contenido, derecho te ofrece revisar cualquiera de las actividades humanas -a excepción de las artes estéticas- aunque sea superficialmente, puesto que todas tienen algún grado de normativa, con razones, demostración, aplicabilidad, etc. (no sé como se define eso en el derecho). Esa forma de pensar hasta te serviría para estudiar disciplinas científicas. Si bien tienes que ver materias que quizás nunca quisiste, al final algunos optativos y la tesis permiten especializarte (pero yo estoy de acuerdo que no es suficiente aun, hay que crear especialidades con título en la carrera judicial). Por esto y por su disciplina de estudio yo creo que es una buena herramienta intelectual para entender otras cosas, así como licenciatura en matemáticas es la mejor para comprender las científicas en general. Al fin, derecho te ofrece algún estudio “sistemático” del contenido que ninguna carrera de tinte humanista (sicología, sociología, historia, excepto filosofía) logra. Un amigo me decía que derecho es un como un gym intelectual que te obliga a demarcar y memorizar contenidos para entenderlos mejor. El examen de grado vendría a ser como la prueba iron man.
    saludos men

    • Ese cuento de la gimnasia es dudoso… obviamente que estudiar los códigos puede ser una tarea muy formativa. Aprenderse La Ilíada en griego o estudiar la Suma teológica o tocar las sonatas de Beethoven también me parece ser muy formativo para la memoria, la imaginación y el entendimiento (para dividir la mente en ‘facultades’). Lo complicado es luego el “salto” a las otras disciplinas. A veces los abogados que “saltan” a filosofía tratan a Aristóteles como un código, o los filósofos que saltan al derecho se ponen a especular allí donde no corresponde. No afirmo que la mente humana sea una masa que se se seque, que pierda su plasticidad y se “fije”. Sólo digo que hay diferentes hábitos intelectuales en juego y que hay que ser un maestro para hacerlos sonar bien en conjunto, sin pasar a llevar lo propio de cada uno.

  2. Aníbal.

    Creo que la columna de Patricio protesta contra el sentido utilitario que se le da a la educación en general, y en particular al Derecho. También está en contra de una supuesta paternidad que se le ha dado al Derecho, como llave para poder entrar a otras áreas de las humanidades. También ayuda a los prejuicios la idea que un abogado se puede dedicar a las humanidades, no así un historiador o un periodista se pueden dedicar al derecho, dándole cierta superioridad a los ojos de los demás esta carrera.

  3. José Antonio Giménez

    Brevemente, al menos en lo que respecta a la filosofía, pienso – a partir de la gente que conozco del ámbito – que quien estudia derecho y luego se dedica a la filosofía – el citado caso de los que se licencian en derecho y se doctoran luego en filosofía -, sólo per accidens puede tener una ventaja sobre el resto de filósofos que no estudiaron derecho. Que tenga una ventaja per accidens significa que, por ejemplo, al haber adquirido un buen ritmo de estudio en derecho, le es más fácil llevar este mismo ritmo en la filosofía. Pero es per accidens, porque lo mismo se podría decir de quien estudió la medicina o quien fue estudioso al licenciarse en filosofía.

    Un caso distinto es el de aquellos que se licencian en derecho y luego se dedican a la filosofía para tratar exclusivamente la ‘filosofía del derecho’. Estos sí tienen una ventaja significativa y per se frente a aquellos que se dedican a a la filosofía y no han estudiado derecho. Pero sólo para ese ámbito específico de la filosofía. Hay otras especialidades de la filosofía ‘parientes’ de la filosofía del derecho: la filosofía política y ética filosófica aplicada. Aquí puede que tengan los que estudiaron derecho también una cierta ventaja. Sin embargo, la ‘filosofía política’ y la ‘etica filosófica aplicada’ misma no requieren de la formación que da el derecho: puede ser útil, pero no es ni siquiera condición necesaria de su desarrollo. Si vamos más lejos, a otras áreas, metafísica, teoría del conocimiento o antropología, la formación del derecho es tan per accidens como la de la medicina. Más bien, el derecho requiere de estas disciplinas de la filosofía para hacerse más comprensible, mas no al revés.

  4. Francisco Balart

    Una cosa es el Derecho y otra las leyes. Los legisladores no son necesariamente juristas, como tampoco lo son los jueces. esde hace al menos medio siglo, buscando el camino más corto, dejamos de lado el Derecho, que es una creatura cultural, para centrar el esfuerzo en las leyes, que son una creatura técnica. Los resultados están a la vista: parlamentarios que obedecen mecánicamente la orden de partido y yuna judicatura encuadrada en el sistema burócratico del Estado, elegidos y comandados desde el poder político.
    Sin embargo, todos los cuentos pienen su cuota de verdad. Este artículo describe una realidad -la abuelita imagina que su nietecito será abogado porque alega todo el día-, pero no nos dice en qué se sustenta la extendida creencia que denuncia. Quizá el fenómeno camine de la mano con los cientos de ingenieros que se deducan a otra cosa por gusto, o los sociologos que lo hacen por necesidad.

  5. María

    Me acuerdo cuando estaba en IV° Medio y decía que quería estudiar Historia (que al final hice) era frecuente oir comentarios de este estilo: “¿Y por qué no estudia Derecho?” En fin, agradezco no haber hecho caso tan amables sugerencias…
    saludos,

  6. Esta columna se me ocurrió leyendo la autobiografía del director de orquesta Karl Böhm. El padre de Böhm, aun sabiendo que su hijo iba a ser músico, le recomendó tener el título de derecho, por si las moscas. En ese tiempo no había asistencia obligatoria, de modo que Böhm jamás fue a clases. Se dedicó esos años estudiando piano, composión, y trabajando en la ópera. Pero rindió las pruebas finales (estudiaba de noche), y los profesores, ya conociendo su trayectoria musical, lo aprobaron de buena gana, con lo cual Böhm se tituló de doctor en derecho. Es un caso bastante diferente al caso chileno, pero en algo se parece: en la valoración del título de abogado como de una “herramienta útil”. Conozco abogados en Chile que han estudiado con pasión la carrera, pero conozco más que lo han pasado mal, o que han sacado la carrera a empujones, o que finalmente la estudian pero rápidamente se cambian de rubro y quieren dejarla en el olvido. ¿Será porque el derecho se ve todavía como “herramienta” que sirve para todo? No dudo que el derecho sea una herramienta para cosas muy amplias, pero, ¿no se le quita su carácter específico si la vemos como una “introducción a las humanidades”,o una especie de “gimnasia universal”? Según lo que he visto, el derecho está hecho para determinado tipo de mentes, no para todas. Un estudiante puede ser genial para la historia o la sociología, pero fracasar en derecho. Y vice-versa. Y más aún hoy, cuando al derecho (en muchas universidades) se le despoja de toda su base filosófica e histórica.

    El tema de la $ es harina de otro costal. Un buen abogado de una buena universidad va a ganar más que un buen historiador de una buena universidad. Pero un mal abogado (o sea, uno que nunca se motivó con su carrera) ¿gana más plata que un buen historiador? Eso lo dudo. Además, no estará contento con su trabajo, y se la pasará fantaseando con estudiar letras y escribir la novela del siglo, o tocar clarinete, o dejarlo todo e irse en casa rodante a la Patagonia.

  7. John Felton

    Me parece que es importante hace notar también que la embestida de Patricio en cierta medida se explica por la manera en que se estudia y practica el derecho en Chile. De más está decir que esto en parte de debe al influjo preminente que el derecho continental tiene por acá.
    En cambio, en los países donde impera el “Common Law”, es mucho mas difícil que se presente esta distuntiva.
    Por ejemplo, en Albión no hay ningun requisito de pregrado para ser abogado, siempre y cuando se haga luego lo que ellos llaman un ‘conversion course’, un curso de dos años eminentemente práctico.. Así, he conocido personalmente tipos con pregrados en Filosofía, Literatura, Historia o Classics, que terminan trabajando como leguleyos. Ahora, si uno quiere estudiar derecho directamente, puede perfectamente emplear los tres años que dura el pregrado aquí y luego hacer un curso que sólo dura un año.
    En Estados Unidos la situacion tampoco es muy distinta: pregrado de cuatro años sin mucha restricción de materias y luego “Law School” de dos años.
    Es cierto que incluso sistemas de esta naturaleza no resolverían el problema del que, por ejemplo, está indeciso entre una carrera académica en Filosofía o una carrera académica en Derecho. Pero considerando que esta situación corresponde sólo a un porcentaje mínimo de leguleyos con vocación humanista, los beneficios de un sistema de este tipo son evidentes.

    • Es verdad lo que dice Johannes Felton. Hace un tiempo conocí un gringo que quería ser abogado y estudiaba historia y alemán en Ann Arbor. Yo le pregunté si acaso iba a estar ¡5 años más! en la universidad, y si no consideraba que eran muchos años, etc. Pero el gringo me dijo que había que hacer 2 años de cursos y listo. Algo así como un “máster”.
      Lamentablemente no conozco el sistema jurídico de los países anglosajones; no tengo idea de cómo se conecta ese sistema con que la carrera sea más corta. Por eso sería bueno que algún abogado nos ilustrara al respecto…

      • John Felton

        Yo creo que sobre todo porque se le da un enfoque practico no-dogmatico, lo cual se hace muy entendendible si se considera que el Common Law se contruye fundamentalemente a partir de la jurisprudencia. Por decirlo de una manera un poco simplona, el sistema juridico se contruye desde abajo hacia arriba. En el continente, en cambio, prima el aspecto dogmatico y doctrinal sobre los casos particulares. De ahi que uno vea tanto estudiante de derecho agobiado estudiando codigos interminables y una serie infinita de comentarios e interpretaciones de tales codigos. En Inglaterra, al menos, no hay siquiera una constitucion propaimente escrita.

  8. Benjamín

    Hay escuelas de derecho que sólo se dedican a formar abogados en el sentido más pragmático de la palabra; otras, (las menos), aún se dedican a formar “juristas”. Estas últimas no deberían sentirse aludidas con esta columna.

  9. Cristián

    A modo terriblemente anecdótico… el libro sobre Derecho de Aguas es de Alejandro Vergara, quien además de ser especialista en derecho eléctrico, es un apasionado lector y especialista en Tin Tín y la obra de Hervé.

    ¿Podría haber sido este señor un erudito en Hervé y no morir de hambre? Al menos en Chile, no.

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