¿Concilio progre? A 50 años del Concilio Vaticano II

P.D.

Sería interesante hacer el siguiente experimento: tomar las siguientes proposiciones y dárselas a leer a católicos, que independiente de su estado (sacerdotal, religioso, laical), grados de erudición (teólogos, católicos informados, católicos no informados) suscriben una visión teológica “progresista”, y preguntarles qué opinan de ellas y de dónde podrían provenir:

“Ciertamente, la misión propia que Cristo confió su Iglesia no es de orden político, económico o social: el fin que le asignó es de orden religioso” . “No podrán salvarse los que, sabiendo que Dios fundó, por medio de Jesucristo, la Iglesia católica como necesaria para la salvación, sin embargo, no hubiesen querido entrar o perseverar en ella”. “La teología se apoya, como en cimiento perdurable, en la Sagrada Escritura unida a la Sagrada Tradición”. “El sacerdocio del fiel y del sacerdote difieren no sólo en grado, sino en esencia” . “Por lo tanto, desde el momento de su concepción, la vida debe ser protegida con el mayor cuidado: el aborto y el infanticidio son crímenes nefandos”. “Por su naturaleza, la institución del matrimonio y el amor conyugal se ordenan a la procreación y educación de la prole y encuentra en ellos su corona”.

No sería raro que la mayoría de los encuestados del mundo católico “progresista” respondiesen que se trata de fragmentos de la doctrina tradicional católica, pre-conciliar, conservadora o medieval, sacadas probablemente de algún catecismo viejo o de algún documento secreto, sólo accesible a miembros de sectas preconciliares . Que la Iglesia sea requisito necesario para la salvación, que la Iglesia sea ante todo una institución religiosa y no político-social, que la tradición recibe el nombre de “sagrada” y que ella sea base de la teología, que al laico no le compete ejercer las funciones del sacerdote, que el matrimonio se defina como una institución orientada a la procreación, etc. etc. parecen ser justamente aquellas cosas que ya no valen hoy como antes. ¿La causa? “El Concilio Vaticano II”. Sería interesante ver la reacción de los encuestados, cuando se les revelara que estos textos son citas textuales de dicho Concilio (cf. Gaudium et Spes 42, Lumen Gentium 14, Gaudium et Spes 51, Lumen Gentium 48, Lumen Gentium 10, Dei Verbum)

A veces me pregunto si los teólogos, blogistas, periodistas y cronistas que inundan la prensa con sus meditaciones sobre el Concilio Vaticano II se han tomado la molestia de leerlo. La Tercera, en su edición del sábado 3 de noviembre, pág. 12, nos regala una enjundiosa entrevista a Enrique Correa (ex ministro, consultor) sobre el Concilio. En ella Correa nos cuenta que el Papa Pablo VI (quien, por ejemplo, se opuso a la anticoncepción en su encíclica Humanae Vitae) fue el “hombre símbolo del progresismo” (!), y que el Concilio “toma distancia de las cruzadas, toma distancia de la cristiandad y toma un modo de ver la Iglesia más similar al de Lutero y menos similar al del Concilio de Trento”. Todas estas afirmaciones grandilocuentes (faltó nombrar a Galileo) pueden ser interesantes, si los que las defienden se tomen la molestia de hablar del Concilio en sí mismo y no de sus experiencias personales (“conocí a tal cura, me contaron esto, yo era monagillo”), o peor aún, del “espíritu del Concilio”. “El espíritu” del Concilio suele ser el último (o primer)  recurso para esbozar la interpretación más descabellada, muchas veces contradictoria, sin tener que darse el trabajo de hacer una lectura detallada y ponderada de los documentos que lo conforman. Esta pillería hermenéutica ha dado resultados: son muchos los que lamentablemente miran con malos ojos el Concilio, porque éste (o más bien, su “espíritu”) ha servido de excusa para cualquier disolución de la doctrina, la liturgia y la ética católicas. En nombre del Concilio se descuida la liturgia, cuando éste dice expresamente que ella es el acto sagrado más importante de la Iglesia (DS 4007; 4010) , se desprecia la vida monástica cuando el Concilio dice que la acción se subordina a la contemplación (DS 4002), en nombre del Concilio se discute la infalibilidad del Papa en materias de fe y costumbres, cuando el Concilio expresamente la reafirma, citando textualmente al Concilio Vaticano I (LG 25), y así un largo etcétera.

Leyendo los documentos, vemos que ninguna consigna “progre” está en el Concilio ni se sigue de él. Lo que se hace es una interpretación voluntariosa, en base a un tono, una “atmósfera” progresista. No hay lugar a dudas que dentro del Concilio hubo posturas contrapuestas, luchas enconadas, tramas, trampas y cosas que siempre ha habido en los Concilios. Muchos de los padres conciliares estaban inspirados por aquel “modernismo” condenado por Pío X o por ideas protestantes (protestantes no en bloque, sino muchas veces pertenecientes al llamado “protestantismo liberal”) ajenas a la tradición católica, así como muchos obispos del Concilio de Nicea eran arrianos. Pero de ahí no se sigue que el Concilio en sí mismo haya acogido esas posturas. Por el contrario, si hacemos una hermenéutica seria -es decir, tomando en cuenta lo que se ha dicho antes y después del Concilio, sin esquivar textos incómodos- veremos que la mayoría de las interpretaciones en boga no son más que eslóganes sin fundamento. Como dijo Norbert Lüdecke recientemente en el periódico Die Zeit:  invocar al Vaticano II para introducir el reformismo en la Iglesia (democracia, sacerdocio femenino) es un disparate. “Muchos laicos quieren seguir viviendo en el mito de que el Concilio traería estas cosas. Pero los teólogos no deberían seguir fomentándolo.  Decir la verdad, aunque puede ser duro para un católico reformista, es parte del fair play” (Die Zeit, 11.10.2012).

Con esto no afirmo que el Concilio no tenga nada de innovador y que en él no haya nada de original. Por el contrario, en el Concilio hay muchos énfasis nuevos (para poner tres ejemplos: en cuestiones litúrgicas, el ecumenismo y la valoración de la libertad religiosa). Cuando estos nuevos énfasis son interpretados desde una hermenéutica voluntarista, sin ningún cuidado del contexto que procede y precede al Concilio, con un poco de histeria adolescente y complejo de inferioridad con respecto a lo “moderno”, probablemente se malentenderá todo. Pero si nos tomamos en serio la tarea hermenéutica (muchas veces trabajosa: ¿quién dijo que esto era fácil?) de comprender y analizar un Concilio, con todo lo que ello implica, podremos ver que éste es un texto esencialmente católico, en conexión orgánica con el magisterio anterior. Muchos querrían que la conexión entre el Vaticano II y otros concilios no fuera orgánica, sino literal, es decir, que allí se usara el mismo tono y las mismas palabras de Trento o del Sílabo. Como no es así, se frustran y anatemizan al Concilio Vaticano II. Pero al hacerlo caen en la misma trampa progresista, porque leen el Concilio desde el prejuicio de que éste representa un quiebre con todo anterior. A ellos hay que recordarles lo que decía San Agustín a quienes se escandalizaban por los cambios en las costumbres a lo largo de la historia sagrada: “¿Diremos por esto que la justicia es varia y mudable? No: lo que pasa es que los tiempos que aquella  rige no caminan iguales, porque son tiempos.” (conf. 3, 7, 13).

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8 comentarios

Archivado bajo Religión, Scientia quae inflat, Vida cotidiana

8 Respuestas a “¿Concilio progre? A 50 años del Concilio Vaticano II

  1. Patricio

    Qué mal no ver el nombre del autor, aunque aún peor es su forma de ver el Concilio. Hablar de progres u otra cosa, es signo de generar división. Creo que lo menos qie necesita la iglesia hoy, es estar dividida. El Concilio entre otras cosas era una invitación a crear iglesia, todos y cada uno desde su rol.
    Pero bueno… Mientras la iglesia siga dividida, seguiremos llenos de escándalos y lejos del seguimiento de Cristo, que lo que hizo fue: Pasar por el mundo haciendo el bien…
    Saludos

    • Tocayo, yo no quiero generar división, clasificando a católicos entre bandos o sectas. Sin embargo, me parece querer tapar el sol con un dedo el no constatar que de hecho hay dos visiones o interpretaciones del Concilio: la de continuidad y la del quiebre. Esta última es la defendida de modo entusiasta por personas como Enrique Correa, Mariana Aylwin o los padres Berríos, Costadoat, etc. En mi articulillo intento explicar que esa visión rupturista seguirá siendo un mero eslógan mientras no se haga cargo del Concilio mismo. Saludos, Patricio Domínguez

  2. Godofredo De Bouillion

    ¡Cuánta certeza en estas palabras, Pato! Yo he sido parte de quienes, aún sin investigar mucho, he estado al borde de caer en pre-jucios respecto del concilio. Por la otra cara de la moneda, los lefebristas también han hecho lo suyo. En vez de defender el concilio y manifestarse contrarios a las diabólicas interpretaciones que de él se han hecho, lo han denostado y menospreciado, produciendo un quiebre en absoluto inevitable. Sin embargo, no creo que sean una amenza de larga duración, porque, bajo mi punto de vista, están llenos de odio y de excesiva intemperancia a la hora de dialogar. Lo que no está con Dios, está contra Él.

  3. Como decía cierto profesor, hay que hacer a este respecto una distinción fundamental entre: 1) lo que dijo el Concilio; 2) lo que se dijo en el Concilio; 3) lo que se dijo a propósito del Concilio. Obviamente lo primero es lo que importa, pues en el Concilio se dijeron muchas cosas que están reñidas con la tradición (aunque también mchas cosas muy valiosas)y a propósito del Concilio surgieron esas visiones “progres” de las que habla Pato.
    Como siempre my buena columna, ¡felicitaciones!

  4. Estimado Patricio,

    Desde hace tiempo sigo tu blog pero nunca había comentado nada. Esta vez lo hago porque creo que, aunque tengas razón en todo lo que dices sobre el Concilio, te estás quedando corto. Por supuesto que todo lo que dice Enrique Correa es simplemente absurdo. Pero hay un punto que se nos podría escapar: el Concilio sí tiene un fuerte llamado a la acción social, a la búsqueda de la justicia y el progreso de esta tierra como un deber del cristiano, de un modo como nunca antes se había dicho. Dice la Gaudium et Spes: “el mensaje cristiano no aparta a los hombres de la edificación del mundo si los lleva a despreocuparse del bien ajeno, sino que, al contrario, les impone como deber el hacerlo” “la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien aliviar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo.Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios”. Vale decir, el Concilio por supuesto que no es progresista en el sentido que tú lo dices, pero sí que es progresista en otro sentido: en el de aclarar como un deber cristiano el contribuir al progreso temporal, pues este tiene un sentido escatológico. La tierra nuevo y el cielo nueva no serán entonces otra tierra y otro cielo, sino que “se revestirá de incorruptibilidad, permaneciendo la caridad y sus obras” y los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados”. “El reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Señor, se consumará su perfección”.

    saludos,

    Roberto Marconi

    • Estimado Roberto, perdón por responderte tan tarde. Muchas gracias por tu posteo, muy bueno. Mi columna ha sido algo reduccionista, porque se ha lmitado a la polémica con la contraparte “progresista”. Efectivamente como tú dices, el Concilio V II llama a tomar en cuanta las realidades terrenas en cuanto éstas están ya permeadas por una escatología incoada. Por eso creo yo es mejor hablar de un Concilio escatológico y no “progresista”, porque el término ‘progreso’ lamentablemente puede insinuar la variante secularista de la escatología: el avance del hombre hacia un fin inmanente, el “Reino de Dios” de Kant en sus obras sobre religión. Por eso recordé, por ejemplo, aquel pasaje donde se habla de la contemplación como fin de la acción o en la centralidad de la liturgia. Ese tipo de pasajes ayudan a situar esta escatología y no perderse en el activismo a-litúrgico que tanto mal ha hecho. Muchos saludos

      • Sí, tienes razón. Yo sólo intentaba matizar este punto para tratar de decirlo mejor: El Concilio se opone al progresismo pero no por estas razones: 1. porque sólo continúa o repite todo lo anteriormente dicho en el Magisterio de modo “tradicionalista” ni 2. Porque desatienda o menosprecie el tema del progreso temporal. En realidad como dijo Juan Pablo II son los “umbrales de una NUEVA escatología” en la cual el progreso de este mundo sí está vinculado con el Reino de Dios ¿de qué manera es esto? es algo que valdría la pena estudiar.

  5. Alejandro Serrano Palacios

    Muy interesante… volveré a leerlo y comentaré en otro momento.

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