¿Porqué molesta la nueva ley anti-tabaco?

P.D.

La primera respuesta a esta pregunta podría ser: la nueva ley molesta a los consumidores de tabaco porque los corretea, los expulsa de los bares, de los estadios y hasta de la televisión.

Estoy de acuerdo. Me parece muy molesto que ya no se pueda prender un inocente cigarrillo en el bar, mientras se conversa con un amigo sobre los asuntos importantes de la vida. Y que nadie pueda prender un humilde Belmont en el estadio nacional, durante una fría y lluviosa tarde de julio, cuando Chile va perdiendo 1-0 contra Argentina y al último minuto hay penal para Chile, es una barbaridad. Esta nueva ley anti-tabaco va a cambiar el concepto mismo de “bar” y de “estadio” como lo conocía cualquier chileno desde hace décadas (quizá siglos, en el caso del bar, club, salón, taberna,ley antitabaco ramada o el lugar de ocio que sea.). Y con respecto a la televisión, olvídense de ver al poeta Armando Uribe fumando en “horario para niños”, no vaya a ser que sus mentes inmaculadas, forjadas a punta de Yingo, realities, programas de farándula y cuanta idiotez hay en la tierra, se vayan a traumar viendo a un señor hablando de poesía y prendiendo un cigarrillo.

Es verdad que la salud es importante y que fumar en exceso puede producir problemas graves de salud. No estoy aquí para discutir un hecho difícilmente refutable. Está bien que haya campañas para disuadir a los ciudadanos de fumar en exceso, para evitar que los niños fumen; se podría incluso multar a quienes ensucien las calles o los parques con colillas. Pero todo eso se puede hacer de modo civilizado, no son necesarias las campañas con cadáveres o mandíbulas llenas de gusanos en las cajetillas. No sería sensato para combatir el alcoholismo estampar en las botellas de vino y cerveza la foto de un borracho arrollado por el tren o de un hígado en descomposición, ¿no?

Pero no sólo se trata de expulsar a los fumadores de los espacios públicos (o sea, de la pólis) en pro de la salud del resto. Lo molesto de esta ley anti-tabaco no es sólo que el fumador se condenado a disfrutar su cigarrillo lejos de la gente y en lugares ocultos, como si estuviese cometiendo un acto vergonzoso, sino sobre todo la idea (o ideología) que hay detrás. Hagamos un análisis del caso televisivo. Si hoy es más grave ante la ley mostrar a Armando Uribe prendiendo un cigarrillo que mostrar groserías, obscenidades y degradación humana (lo que hacen los famosos realities) entonces es que estamos ante una clara jerarquía de valores, en donde la salud de cuerpo está por sobre la salud mental y espiritual. Si es más grave entrevistar a un señora que prende un cigarrillo (Hannah Arendt) mientras habla de ética que entrevistar a una modelo que difama a alguien a garabato limpio o un “humorista” que se burla de la religión cristiana, queda claro a qué tipo de sociedad aspiramos. No hace poco un senador de pocas luces  dijo que las tabacaleras eran los “pedófilos del siglo XXI” (!). Esa triste metáfora vale más que mil explicaciones acerca de cuán trastocada la escala de valores de muchos paladines anti-tabaco.

Podríamos llamar a esta sociedad “la sociedad de la asepsia corporal” o “la sociedad del fitness”. Reconozcámoslo, la salud no es un mero asunto biológico, ha llegado a ser también un estilo de vida. No fumes, no comas tocino, no tomes café, sé delgado, sal a trotar, recicla la basura orgánica, haz yoga, esos son sus mandamientos. El guatón sabio, el Chesterton del barrio, el que prefiere pasar la tarde sentado conversando y ejercitando la mente con sus amigos fumándose un buen cigarro, ése está pasando a ser el gran paria. Quizá en el futuro se van a prohibir los arrollados de chancho y la leche entera.

Como lúcidamente ha escrito chesterton cigarFederico García, el fumar no es meramente echarse “una sustancia al cuerpo”. El tabaco es también un posibilitador del ocio. Sin el ocio, sin aquella pausa dentro del ajetreo cotidiano (el neg-ocio), difícilmente el hombre puede “volver dentro de sí” – metáfora tan cara los amigos de la contemplación.  Sin ocio no hay amistad, ni música, ni filosofía. Prender un cigarrillo, una pipa o un cigarro implican muchas veces una pausa contemplativa, justamente lo contrario del “hombre-fitness”, el que no se puede quedar tranquilo en un sitio y tiene que inventarse maratones todo el tiempo. El hombre-fitness, como no cultiva su mente, puede tragar libros de auto-ayuda o best-sellers de mala calidad, pero no puede tolerar una inocente bocanada de humo de tabaco. Por eso, la sociedad de la asepsia corporal, la sociedad que rinde culto a la salud y que anatemiza el cigarrillo como si fuera un crimen, es en último término enemiga del ocio, y con ello, enemiga del hombre.

Eso debería molestar. ¿no?

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7 comentarios

Archivado bajo Actualidad, Signos de los tiempos

7 Respuestas a “¿Porqué molesta la nueva ley anti-tabaco?

  1. Jaime Maillet

    Muy bueno enfoque y ciertas palabras, pero iré más. Yo creo que el problema radica más en quienes sostienen la no intromisión del Estado en la vida privada, más coloquial el diario vivir o en el hogar. Pues de ese modo el Estado tiene derecho a prohibir toda manifestación de satisfacción por el cigarro, ya que este produce cáncer y suben los costos de salud (problema de estado). Mientras que Yingo, realities, farándula, etc se limitan a la educación libre del hogar. Como decía un gran profesor de una universidad, el Estado es sólo el que pone la murallas en el jardín para que los ciudadanos jueguen dentro en él.

  2. Lo más sorprendente es ver a la OMS impulsando programas anti tabaco y anti vida a la vez. Y en chilito les damos cuerda y les abrimos las puertas de par en par.

  3. Aníbal

    Parece que nuestra clase política, salvo excepciones -claro- , se dedica, entre otras cosas, a imitar sin pensar lo que ocurre en otros países. Es parte del pensamiento políticamente correcto; ese con el cual no se puede estar en desacuerdo, so pena de que te llege una gran cantidad de adjetivos en contra. ¿Como no somos capaces de pensar más y atajar las cosas malas que vienen de afuera?. Es por lo dicho anteriormente, creo que sólo los valientes son capaces de enfrentarlo. Lo que dice Aprendiz es completamente cierto, no puede ser que seamos tan copiones y serviles.

  4. Pablo Follegati

    Muchas gracias Pato por estas reflexiones. Adscribo plenamente a la tesis central, que la sistematizo así: el cigarro recuerda la muerte. El cáncer también recuerda la muerte, pero no se puede controlar del todo, pero el cigarro pareciera que sí. “El cigarro mata mucha gente, no podemos no hacer nada! Hagamos lo que más podamos”. El otro día vi en la tele una especie de campaña que se va a hacer en contra de la ingesta “excesiva” de carne. Era exactamente lo que yo solía decir como contraargumento ad absurdum, que al cigarro seguria la carne, las longas, la prieta y el tocino. Dicho y hecho, le dieron una vuelta y sacaron una conclusión más: empezar a prohibir todo lo que “hace mal”. Es extrema estulticia, pero es coherente.
    Yo veo también detrás lo siguiente: la muerte de la prudencia, del juicio personal sobre las cosas del mundo y sobre las circunstancias concretas. Se trata de una confusión total de praxis y poiesis. El juicio práctico se reemplaza por el oráculo de la ciencia, cuyas recomendaciones se constituyen automáticamente en lo prudente.
    Otro chiste mediático: se hicieron por estos días en Chile unas protestas en contra del uso de balines de pintura por parte de carabineros en las marchas y desmanes, porque lamentablemente le han llegado a varios disparos en los ojos y se los han dejado a maltraer. Entonces en la tele hacen un reportaje y entrevistan médicos: “no es bueno usarlos porque pueden dañar la córnea y etc etc”. Al día siguiente en el diario salió una breve carta que decía: “los médicos entonces deberían también sugerir prohibir el uso de bombas molotov”.
    Un último ejemplo: las madres completamente reemplazadas por la “ciencia” del médico. Y muy parecido: mamás de niños de 14 años diciéndole a profesoras jefes de 28 años y sin hijos: “dime lo que tengo que hacer con mi hijo y yo lo hago”.
    A mi me parece ver la muerte de la prudencia, o incluso de la sana imprudencia. Luego, “¿cigarro malo? Entonces no cigarro”. La ciencia lo dice, no podemos ir contra lo razonable, lo cual está bien, pero no así “la fuente de lo razonable”, que supone entre otras cosas: el olvido de Dios, el olvido de la Providencia, el olvido de la muerte “en serio”, el olvido del orden moral, y el olvido del deber de pensar antes de actuar.
    QUe esto se convierta en políticas públicas da muchas rabia. Pero la gente, la de a pie, que pone su confianza en “la ciencia” sin criterio de por medio, mueve más bien a la misericordia. hay que estar muy vacío para configurar una vida desde el fitness y la “vida sana”. Pero esta gente ya no debe dar rabia, sino que pena: viven son Dios y “como ovejas sin pastor”. La cultura que los envuelve les ha quitado a los padres, la educación humana que el colegio todavía podía dar y les ha dado mentiras en vez; Le ha regalado gratis miles de imágenes que los llenan de tonteras, y sobre todo, les ha quitado toda esperanza de ocupar su mente en buscar una verdad que les dé sentido. Con todo eso a cuestas, que piensen que trotar y tomar agua sin sodio (ayer las vi) les va a llenar sus corazones se puede entender fácilmente.

    • Ínclito Paulo, la pérdida de la prudencia o sabiduría en estas cosas resulta letal. Por una parte, la “ciencia” dictamina lo que hay que hacer y por otra parte la mentalidad legalista arrasa con todo razonamiento sobre el bien, el mal, lo conveniente, lo no conveniente. Nadie se pone a pensar si acaso fumar puede ser un acto virtuoso o vicioso en ciertas circunstancias, sino que todo se juega en “mi derecho” “tu derecho”. El tema del tabaco, que puede dar para una metafísica en sentido propio, es depachada con la cuestión de si acaso yo tengo derecho a fumar o si los otros tienen derecho de prohibirlo. Una verdadera lata. Fumarse un cigarrillo en un asado con amigos para echar a andar la conversación es ciertamente un acto virtuoso. Prender un belmont cuando Chile va a patear un penal en un día de lluvia también. Sócrates se hubiera fumado unos buenos cigarrillos en el ágora, no me cabe duda.
      Recomiendo las reflexiones del gordo Chesterton sobre tomar vino en “Herejes”. Ahí está la clave.
      P.

  5. Gastón R.

    Qué tiempo que no leía palabras tan sensatas sobre el vilipendiado tabaco, tanto en la columna como en sus comentarios. Especialmente destacable me parece el enfoque desde el cual se aborda el tema: que el debate sobre el tabaco tenga ante todo que ver con valores y sus posible relaciones jerárquicas y, con ello, con una concepción del hombre y la vida (en el sentido robusto sugerido en la columna) es algo que, sorprendentemente, ha tendido a quedar relegado a un plano secundario, si no del todo sepultado. Quizás parecerá a algunos indecoroso esto de empezar a establecer jerarquías valóricas y, sobre esa base, intentar determinar dónde queda, o si queda o no queda, eso que algunos tanto queremos y a otros tanto disgusta y escandaliza. Lo cierto es que, creo yo, esta perspectiva se presenta como una buena alternativa (o complemento, si se quiere) a aquella otra, más común en nuestros medios de discusión públicos, que aborda el asunto desde el clásico e interminable problema Estado versus libertad individual. De hecho, probablemente lo interminable de estos debates (los que se van por el lado de la relaciones estado-individuo) se deba justamente al hecho de que carecen de aquello que en esta columna abunda: ciertos contenidos robustos, ciertas ideas y convicciones bien rellenas. Porque, como un amigo en una ocasión se preguntaba, “entre una libertad vacía y otra libertad vacía, ¿quién gana?”.

    Como anillo al dedo las reflexiones sobre la prudencia.

  6. María

    Gracias, muy buena reflexión. (sobretodo me gusto la del “Hombre fitness”
    saludos!

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