La legalización de la droga. Sobre un pensamiento de Chesterton

por P.D.

Chesterton

Quiso la feliz fortuna que cayera en mis manos un libro de G.K. Chesterton. Allí encontré este pasaje lucidísimo que quiero compartir:

“Pero de todas las ideas modernas generadas por la pura riqueza, la peor es ésta: la noción de que la domesticidad es aburrida y sosa. Dentro del hogar (dicen) no hay más que decoro mortecino y rutina; fuera está la aventura y la variedad. Ésta es sin duda la opinión de un hombre rico. El hombre rico sabe que su propia casa se mueve sobre las anchas y silenciosas ruedas de la riqueza, la hacen avanzar regimientos de sirvientes gracias a un ritual rápido y callado. Por otra parte, todo tipo de vagabundeo romántico está abierto a él en el exterior, en las calles. Tiene mucho dinero y puede permitirse ser un vagabundo. Su más loca aventura terminará en un restaurante, mientras que la aventura más modesta de un gañán puede acabar en la comisaría. Si rompe una ventana, puede pagarla; si aplasta a un hombre, puede pasarle una pensión. Puede comprar (como el millonario de la historia) un hotel para conseguir un vaso de ginebra. Y como es él, el hombre de lujo, quien dicta el tono de casi todo el pensamiento “avanzado” y “progresista”, nosotros casi hemos olvidado lo que un hogar significa realmente para abrumados millones de seres humanos.” (Lo que anda mal en el mundo I, 8)

Se me viene a la cabeza el debate sobre la legalización de las drogas en nuestro país. Quizá llamarlo “debate” es demasiado, llamémoslo bullicio o graznido. Políticos auto-denominados “progresistas” y pensadores con tribuna en los cenáculos liberales de la república  se pronuncian a favor de legalizar la tenencia y auto-cultivo de marihuana u otras drogas. La razón que esgrimen es la siguiente: “el estado no tiene derecho de decidir cómo sus ciudadanos se entretienen, siempre que no dañen al resto. Además, con la legalización de la droga se acabaría el narcotráfico, que es un flagelo en las poblaciones, etc.” Muchos incluso añaden, como para reforzar la prueba, que fumar marihuana es en todo caso mejor que perder la conciencia en una borrachera (¡!). Es como decir: “robar no es tan malo, porque matar es peor”. Este tipo de argumentación lo que realmente hace es reforzar la teoría de que la marihuana afecta al cerebro.

Pero volvamos al razonamiento anterior. El problema de este razonamiento es que, además de ser falaz, es estúpidamente burgués. La imagen mental que opera detrás de este razonamiento es la de un “carrete” nocturno, en donde jóvenes con un cierto bienestar (por ejemplo, candidatos a alcalde, diputados, artistas visuales y ociosos en general) aprovechan de fumarse un pito de marihuana para aumentar el número de carcajadas, sentir otras cosas o perder la conciencia habitual. Entonces piensan: “¿le hacemos daño a la sociedad con esta inocente actividad? ¿Porqué recurrir al narcotráfico y exponerse a una sanción por algo completamente inocente? Esto hay que legalizarlo”.

Legalizar la droga significa para un burgués que lo dejen en paz con su pasatiempo y que además no lo jodan con tener que ir a la población, al barrio bajo, a buscar su pastilla de entretención. Pero para la gente de la población, la gente pobre de Chile, que legalicen la droga significa otra cosa. Para alguien que vive en la pobreza extrema y en la frustración, la droga puede ser más que un aliño del viernes por la noche: puede ser una escapatoria, una evasión total, de la cual no se sale, porque no hay plata para pegar una terapia de desintoxicación. Un pito de marihuana puede ser el primer paso para una vida desperdiciada, pues la droga afecta al cerebro de modo irreversible. Es literalmente tirar a la basura la única herramienta para salir adelante: la interrelación de inteligencia, memoria y voluntad que llamamos “mente”. Un joven semi analfabeto que cae en la droga probablemente no termine nunca de aprender a leer. Los drogadictos no son en su mayoría rockeros ingleses, niñitas flacas vestidas a la moda o abogados vanidosos, sino jóvenes pobres que terminan deambulando con la mirada idiotizada y un brillante futuro de criminalidad por delante.

Y entonces a un montón de burgueses iluminados se les ocurre abolir una de las ayudas que quedan para combatir a la drogadicción: el peso de la ley. Lo que los padres de familia en las poblaciones piden a gritos es que se acabe el flagelo de la droga y que a los narcotraficantes los metan presos de por vida. Piden a gritos que la ley los ayude a poder tener una familia sana, un hogar feliz en donde poder descansar como Dios manda el día domingo. No quieren tener un hijo preso por haber entrado a robar totalmente drogado o un nieto que no pueda aprenderse la tabla del 3 porque la marihuana le impida concentrarse en el colegio.

Pero no: como diría Chesterton, estos intelectuales burgueses están hartos de tener un hogar estable y de no vivir en una población llena de delincuentes. Consideran que la paz hogareña es algo incomparablemente más vil que la libertad garantizada por el estado de que ellos puedan pasarlo bien como se les antoje. Pero estos caras de palo justifican su postura aduciendo razones filantrópicas o “democráticas”: que la legalización de la droga traería el fin de narcotráfico, que según la última encuesta x una “creciente tendencia mayoritaria” estaría a favor de la legalización.  Si los demócratas se jactan de proteger los intereses de los débiles, podrían en primer lugar hacer un plebiscito entre las madres de las poblaciones más pobres. Probablemente sus teorías de avanzadas recibirían allí una paliza aplastante. Las verduleras o tejedoras de la población quizá  no entiendan de filosofía progresista, pero son expertas en la mejor de las “políticas públicas”: el bien de los hijos y del hogar.

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9 comentarios

Archivado bajo Actualidad, Educación, Política

9 Respuestas a “La legalización de la droga. Sobre un pensamiento de Chesterton

  1. Pastora

    Y después de legalizar la marihuana se acabará el problema del cartel de dicha hierva y comenzará el problema de la cocaína… y se legalizará dicho tráfico para acabar con dicho comercio y se pensará en legalizar la droga X, que también tiene propiedades curativas y mitológicas… y así, se legalizará todo y los burgueses podrán salir a divertirse pero nadie podrá asegurarles un seguro retorno a casa.. jajja

  2. Gastón R.

    Qué excelente columna Patricio. Felicitaciones

  3. Vicente Huneeus

    Alguien me comentó que el autor cae en contradicción peca de falta de objetividad, al defender la prohibición legal de la marihuana, y el de mantener la postura anti-gobierno en leyes antitabaco…
    La verdad es que no cae en contradicción, pues pienso el argumento que armoniza ambas aparentes oposiciones funcion así (corríjame el autor sino):

    – El objeto del acto en un caso, y en el otro, es de naturaleza radicalmente distinta:
    1. En el fumar marihuana el objeto/fin buscado es el placer, pero ojo que, siempre a costa de la inevitable suspensión del ejercicio de la razón (o a veces ya más neciamente tomando como objeto- fin, el aparente bien de “dejar de pensar” sin siquiera darse cuenta que el no-pensar ya es deficiencia de algo… y por lógica sabemos que lo que es siempre es más perfecto que lo que no es..), lo que entorpece y torna todo el acto en malo, pues el medio es intrínsecamente malo. Y es malo por que atenta directamente contra las potencias humanas más perfectas, a saber, el entendimiento. Además, porque necesariamente va acompañado de una voluntad que quiere deliberadamente suspender su juicio desde el principio, y aunque no siempre lo tome por expreso (aunque esto evidentemente se atenúa en el caso del vicioso y el ignorante), ya de por sí constituye una intención torcida.
    Este también será el caso del que desde un principio busca el emborracharse, aunque la evidencia muestre que en este caso el juicio se suspende de una manera mucho más gradual, y en este caso se comparte el mismo acto exterior del bebedor continente, que no degrada en borrachera. En este caso la ley no aplica por que lo bueno o lo malo lo decidirá sólo un acto puramente de conciencia, como cuando vemos a alguien rompiendo la chapa de un auto, sin saber si estamos ante la presencia de un ladrón o la desesperación de su dueño…
    Por criterio subsidiario, no es deber ni competencia del estado inmiscuirse en aquellas situaciones, si de las familias (o de la organización intermedia pertinente al caso)… De ahí que el autor de la columna vea enteramente justificado su rabia contra el sistema estatal.
    Lo típico es aludir al marihuanero “terapéutico/medicinal”, pero en estos casos cae igual consideración:
    O bien su objeto no es procurar placer, sino que, evitar un dolor físico proporcional, en cuyo caso su medio y su fin advienen en un plano físico, en este caso la búsqueda de la suspensión de juicio es accidental, y quizás no querida por si misma.
    Pero ojo que, de igual modo, el medio corrompe la integridad del acto, truncándolo como un todo malo. Pero en estos casos, considero la atenuante es grande, y el mal procurado poco (siempre y cuando no se trate de un gobernante que pretenda guiar a un pueblo esperanzado en su buen juicio…) y por ello el estado no deberá inmiscuirse (cómo vemos no lo hace)

    En cambio, en el tabaco, el medio no implica nublar la razón, ni como principio/fin, ni como medio.
    De ahí que en este caso medio y fin compartan su dimensión exclusivamente “corpóreo”, infringiendo un mal proporcionalmente menor, como lo son los de la salud, sin directa e inmediata relación con la perfección moral, pues ese “quehacerse”, esa perfección “sobreañadida” no se ve ultrajada, y todavía más me atrevería a decirlo, se ve encandilada frente a la falencia del adecuado bien físico: Como cuando el pobre/discapacitado es capaz de lo bueno.
    Un ejemplo quizás ilustre:
    Un fumador en acto es capaz de hacer lo bueno.
    En cambio, en el marihuanero, en acto, sus potencias se ven ofuscadas, por lo tanto, el acto bueno no se suscribe enteramente, dado que puede ser la pura acción física de quien no entiende que hace, del mismo modo en que no suscribimos responsabilidad/mérito moral al animal, pues su ordenamiento y acto no es la confluencia entre un objeto bueno entendido, sino que llanamente al que se tiende por instinto.

  4. Lo escandaloso, Pato, es que argumentan los múltiples beneficios que produce la marihuana. Baja el nivel de estrés, aumenta la tolerancia al fracaso… en una palabra, te idiotiza lo suficiente como para que seas una máquina productora poco conflictiva (con poco o nulo uso de la conciencia, en caso de que el jefe quiera hacer algo que va en contra de la ley moral natural). Pero esa parte no te la dicen. Solo te convencen de unos supuestos derechos que tienen las personas a hacer imbecilidades sin que nadie les diga nada. O incluso felicitándolos por ello. Habría que hacer una especie de Tartufo, un degenerado que defiende la legalización de las drogas recreativas, las diversas opciones sexuales, la libertad de vientre, etc., para poder, al final, tranquilamente, dedicarse a seducir menores de edad amparado en la libertad de elección. Perfecto ¿No?

  5. Lucas Fontaine

    Me parece que el tema amerita cierto debate. En ese sentido, la aplicaicón del prinicipio de tolerancia resulta relevante. No se quién haya formulado primero este principio, pero al menos Santo Tómás los formula del siguiente modo: “es propio del sabio legislador permitir las transgresiones menores a fin de evitar las mayores”. (S.th. I-II. q. 101. a.3. ad.2.).

    En general, los moralistas clásicos sostienen que es lícito no sancionar ciertos males cuando de su represión se siguen males mayores que los de su tolerancia. El principio de tolerancia tiene dos matices importantes (i) no puede autorizar un acto intrínsicamente malo y (ii) la tolerancia no debe confundirse con una autorización positiva.

    Así las cosas parece necesario determinar la moralidad del consumo de marihuna y las consecuancias que acarrea su represión. A primera vista a soy de la opinión de que el consumo de marihuna es un acto intrínsicamente malo, pero de todos modos creo que es un aseveración que debe fundarse debidamente. En cuanto a los males que acarrea su represión, sabemos que existen muchos estudios -más no por ello necesariamente correctos y suficienes- para estimar que efectivamente acarrea muchos males. Para dimensionarlos debidamente es necesario estudiar dichos estudios.

    Muy buena la columna.

    Saludos.

    • Lucas Fontaine

      Pato, perdona la ortografía de mi comentario que en parte es debida a haber sido escrita en medio del sopor de la tarde. Saludos.

    • Confucio

      muy buen comentario, felicitaciones …
      me gusto mucho lo de santo tomas, este tema es como todo, ejemplo la prostitución, existe en esta sociedad y muchos de todos los niveles usan de ella, pero nadie quiere legislar o menos legalizar, se aplica “permitir las transgresiones menores a fin de evitar las mayores”.

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