Archivo mensual: septiembre 2013

A 40 años del 11 de septiembre de 1973. Entrevista al senador DC Francisco Javier Pérez-Larrañaga

DCpor Gianfranco Tirronis

GT: Senador Pérez-Larrañaga, ¿qué reflexión puede hacer usted después de 40 años del golpe militar que su partido apoyó?

FP: A ver, vamos por parte. Quiero decir una cosa categóricamente: la DC jamás, ¡jamás! Apoyó el golpe militar el año 73. Es más, lo que hicimos como partido siempre fue buscar una vía institucional para la crisis política de la UP.

GT: Senador, pero Ud. dijo el año 1974 en la revista Época: “Nosotros hemos apoyado a los militares en esta gesta patriótica”.

FP: Esa es una cita sacada fuera de contexto. La DC jamás apoyó el golpe militar.

GT: Le cito otra entrevista de Ramón Yáñez, presidente de la DC durante 1967-1977: “El golpe militar era inevitable. Nosotros apoyamos a los militares, porque si Allende continuaba en el poder, el país iba hacia una dictadura marxista”.

FP.: Esa cita de Ramón Yáñez, que es un prócer de nuestro partido, está sacada fuera de contexto. Él se refería con “golpe militar” a otra cosa, no al golpe de 1973, con aviones y militares en las calles. Nosotros en la DC somos un partido cristiano, siempre hemos creído en la paz, el amor y el diálogo. Monseñor Manríquez es testigo de ello.

GT: ¿Pero es posible acaso un golpe militar sin acción militar?

FP: Yo creo que la pregunta debería ser reformulada de otro modo: ¿es posible una acción militar que no sea golpista? Es decir, si damos vuelta la proposición: ‘Todo golpe militar conlleva acción militar’ tenemos ‘ toda acción militar conlleva un golpe’. Y ahí no estoy de acuerdo. Como ve, es un asunto de lógica.

GT: Pasemos a otro tema. ¿Porqué la DC se opuso tan férreamente a Allende?

FP: Nosotros siempre respetamos a la figura de Allende. Es más, la veneramos. Pero eso no quita que también la despreciemos profundamente, y es más, le confieso que Allende, como político, pero no como estadista, me resulta francamente odioso. Como partido siempre hemos sido claros al respecto, ¡siempre!

GT: Senador, pero ¿cómo distingue Ud. al político del estadista?

FP: En Chile se ha perdido la capacidad de reflexionar con sutileza. Allende era un demócrata cabal. Lamentablemente, su gobierno se encaminaba hacia una dictadura genocida. Siempre nos hemos opuesto al comunismo. Pero hay algo peor que el comunismo, y esto es oponerse a él. El comunismo es una fuerza poderosa, que intenta introducir la justicia en el mundo social. Nosotros tenemos grandes puntos en común, al igual que con el antiguo partido radical, los girondinos, el partido nazi, los movimientos de liberación homosexual y el lefevrismo.

GT: Senador, todos esos movimientos ideológicos que usted menciona son muy disímiles entre sí. ¿No cree usted que la crítica a la DC de ser ambigua tiene algo de cierto?

FP: Es que hay que distinguir entre ambigüedad y anfibología. Nuestro partido es demócrata, es decir, cree en el avance de la modernidad. Por otra parte, creemos en una modernidad cristiana, abierta, tolerante y muy culposa por ser anticuada. Entonces, de ahí nace nuestro partido: un nacimiento doloroso, del partido conservador, que siempre nos despreció. La derecha jamás ha entendido que la DC nunca será de derecha, porque, el futuro y el pasado son dos cosas que se juntan en el horizonte de  la acción política comprometida, comprometida con…. eeeeh se me olvidó lo que estaba diciendo.

GT: Mi pregunta era si acaso la DC no cae siempre en ambigüedades.

FP: Hay que ser muy cuidadosos con descalificar. Me parece muy agresiva su pregunta.

GT: Volvamos al tema del comienzo. ¿Qué piensa del rol que jugaron los diputados y senadores de la DC en declarar “inconstitucional” al gobierno de Allende?

FP: Mire, le voy a hacer una confidencia. En agosto de 1973 nos llamó a su casa monseñor Manríquez. Tomamos té con él. Un té sobrio, con pan duro. Así somos nosotros, gente sobria. Vamos a Cachagua, no a Zapallar. El Chile actual es consumista y egoísta, no es el Chile que quería monseñor Manríquez. Yo no iría jamás a un mall, prefiero una boutique,   pero eso no quita que estemos orgullosos como Concertación de haber construido más de mil malls a lo largo de Chile. No estoy de acuerdo con el consumo, pero daría mi vida por el derecho a vitrinear. La reforma agraria fue un paso humanista que dimos con monseñor. Nos opusimos a la esclavitud en 1818 y a la bomba atómica en 1945. Por las mismas razones nos opusimos a Allende. Así somos los DC, un partido de mucha trayectoria.  Bueno, monseñor nos dijo: Ud. tienen que echar a Allende del poder, con la ayuda de los militares, pero sin acciones militares. O sea, un golpe, un pronunciamento, pero en libertad. Lamentablemente los militares no apoyaron a monseñor en esta idea tan lúcida.

GT. ¿Cuál es la principal crítica que Ud. le hacen a Pinochet?

FP: Pinochet fue demasiado ambicioso. Nosotros le pedimos gentilmente que nos diera el poder en octubre de 1973, cuando el golpe había pasado y el país estaba ya listo para que volviéramos nosotros a reestablecer el orden y el estado de derecho. Pero se negó y se perpetuó en el poder, dirigiendo una de las dictaduras más crueles de la historia universal. Además, introdujo un sistema económico asqueroso. Aunque claro, es un sistema que nosotros, por prudencia, hemos tenido que defender los últimos 20 años.

GT: ¿Y porqué algunos militantes DC trabajaron para el gobierno militar?

FP: A la DC se le pueden hacer muchas críticas: seremos ingenuos, estúpidos, bondadosos, generosos, heroicos, pero jamás golpistas. Mire, de los 40.000 militantes, 13 se opusieron al golpe de 1973: es un gran signo, un signo litúrgico y profético yo diría, de la verdadera alma de mi partido. Los otros 39.987 militantes fueron engañados por la CIA.

GT: ¿Qué opina de la carta de Mandolfo Graz al presidente de la DC portuguesa, en la que le dice: “Hemos incitado a los militares a dar el golpe, y a mucha honra”.

FP: Ustedes los periodistas siempre citan esa carta. Pero no leen lo que dice más abajo. Dice: “Chile ha vivido una crisis enorme. Esperemos que esto se solucione.” Ahí está la clave: “solucionar” no es una palabra que le gustase a la dictadura. Esa carta es en realidad un vivo testimonio de oposición a Pinochet. Es en realidad un orgullo.

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