Archivo mensual: octubre 2013

Meditaciones sueltas sobre el 12 de Octubre, día de la raza.

P.D.colon

1.“¿Día de la Raza? ¿Día de la hispanidad?” –preguntará algún hispanoamericano extrañado. No señor, acá no celebramos sino el multicultural “día del respeto a la diversidad cultural” (Argentina) o el amistoso “día del Encuentro de dos mundos” (Chile) o mejor aún, el aguerrido  “día de la resistencia indígena” (Venezuela). ¿Qué pasó con Hispanoamérica, por qué tanto revisionismo anti-hispánico? ¿Ya no nos es lícito celebrar el hecho de que Colón haya descubierto América? -“La palabra ‘descubrir’ presupone ya un punto de vista eurocéntrico’, amigo” nos recuerdan los ideólogos revisionistas, no sin razón. De acuerdo. Entonces celebremos que los americanos descubrieron a los españoles, ¿le parece? El eurocentrismo vuelve de nuevo a la carga, porque ‘lo americano’ es un invento hispano. No hay América como concepto sin España. Los aborígenes de este largo continente jamás se entendieron a sí mismos como parte de un todo étnico-cultural. De hecho, los araucanos eran, antes de la llegada de Valdivia, anti-incas. El anti-hispanismo es un producto también muy europeo, sin la lucidez de reconocerlo.

2. “Es preciso ir a España. Es indispensable, no una sola vez, sino varias, estar en Madrid, en Burgos, en Segovia, viajar de Toledo a Sevilla, de Sevilla a Córdoba…para pronunciar esos nombres magníficos: Guadarrama, Guadalquivir. Sólo eso nos permitirá escapar de la Torre de Babel de los dialectos, salir de la prisión de los lunfardos. Sólo así nos podremos dar el lujo verdaderamente imperial de pasar de un mundo a otro, de uno a otro hemisferio…y en los climas y latitudes más diferentes, entender y darnos a entender en el mismo idioma”. Esto escribía Alone hace más de 50 años. Creo que la situación se ha tornado más dramática, al menos en Chile. Si los famosos estudios siguen confirmado lo que el sentido común percibe sin su necesidad, esto es, que la mayoría de nuestros compatriotas no entienden lo que leen, esto se debe a un paupérrimo uso del lenguaje. Este maltrato a la lengua tendrá como consecuencia que un chileno en algunos años más no logre entenderse con un sevillano o con un bogoteño. El exceso de muletillas y groserías y la escasez de léxico han destruido tanto nuestra lengua, que hoy es cada día más raro encontrar a un universitario que pueda escribir y hablar un buen castellano. Es preciso, como dice Alone, ir a España…es decir, que en nuestros colegios se empiece a leer en serio a los escritores que fundaron la lengua que hablamos.

3. Es realmente triste  que entre los españoles exista racismo contra los hispanoamericanos. Muchos ecuatorianos o peruanos que conocí en Madrid se quejaron amargamente de que nunca faltaba el insulto o el desprecio de parte de muchos españoles, que ven en ellos a una amenaza o que consideran los rasgos indígenas como algo digno de mofa u odio. El racismo anti-hispanoamericano es, sin embargo, una actitud muy poco española. Los españoles que conquistaron, guerrearon y poblaron el continente americano veían al indígena como un igual al que había que vencer, doblegar, evangelizar e hispanizar. Sin esa premisa no se explica el hecho de que los españoles hayan buscado, como algo naturalísimo, a las mujeres de las élites indígenas para casarse con ellas o que sus poetas hayan visto en el indio a un héroe épico  (“La Araucana”). Hasta Diarmaid MacCulloch, historiador no precisamente pro-hispano, lo reconoce sin embagues: “Los españoles estaban muy dispuestos a establecer alianzas matrimoniales con miembros de las elites locales, en un contraste notable con los colonizadores protestantes ingleses en América del norte. Quizá los españoles sencillamente estaban más seguros de su propia cultura que los ingleses de la era Tudor  o Estuardo, que eran productos de una de las monarquías más marginales y de segundo rango de Europa…”

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