Universidad

P.D.

Aprovecho estas fechas luego de las elecciones presidenciales y parlamentarias en Chile, para tocar  un tema que sin duda será importante durante el próximo gobierno: la educación universitaria. No voy a dar cifras ni citar “estudios” sino simplemente intentar proponer una reflexión sobre qué es  (y no es) ‘universidad’.

1.- Comunidad estable de profesores y alumnos.

Las etimologías son buenos puntos de partida, y más en este caso, siendo la universidad una institución esencialmente histórica. La etimología de universitas es tentadora. Por ejemplo J. H. Newman en sus Discursos dice que la universalidad de los saberes tiene que ser la nota esencial de una institución que se jacte de ser tal. Mientras más disciplinas reúna, más universitaria, más “universal” será la universidad. Quienes defienden la idea de una universidad “pluralista” en el sentido más jaleoso del término tienden a decir que en la universidad tienen que caber todas las visiones y todos los puntos de vista, porque ella es “universal”. Mucho más interesante desde el punto de vista conceptual es conectar esa “universalidad” con la concepción aristotélica de la universalidad del saber (Met. I, 2). Ahí la metafísica como ciencia suprema sería el saber universitario por excelencia.

La etimología de universidad, sin embargo, parece ser más sencilla y más modesta que eso. Universitas significa en latín tardío “conjunto”, “sociedad”, “comunidad” ,“agrupación”. Una universitas es una agrupación . ¿Agrupación de qué? De profesores y alumnos. Así de sencillo. Para que haya universidad tiene que haber una comunidad de profesores y alumnos. Ese es justamente uno de los grandes problemas de muchas de nuestras universidades: no hay comunidades de maestros y discípulos, porque ellos no “están” en la universidad. Nos hemos acostumbrado a universidades sin profesores y sin alumnos. Profesores contratados por algunas horitas a la semana y alumnos que van a la universidad por un rato, como quien va a un supermercado o una farmacia: a pagar por un producto y llevárselo a casa lo más rápido posible. Son esas universidades de papel las que han proliferado desde los años 80, cuando se empezó a pensar que una universidad era una empresa más. La universidad dejó de ser el lugar de los maestros, ahora empezó también a ser el lugar de los emprendedores. Este concepto pobre de universidad como empresa de títulos tuvo su crisis mediática con el cierre de una universidad en la 5ª región, que no sólo era una estafa académica, sino que además era un fachada de negocios oscuros.

Una universidad animada por un espíritu “emprendedor” no puede ser universitaria, porque necesariamente intentará minimizar costos, es decir, no contratará profesores con jornada completa. Una universidad sin profesores que estén todo el día allí, estudiando, ojeando libros, dando clases, atendiendo alumnos y quebrándose la cabeza intentando comprender los clásicos no es más que un mero conjunto de edificios, un resort, un inmueble, una fábrica de tornillos o un taller mecánico: cualquier cosa menos una universitas. Y sólo donde hay profesores puede haber alumnos. Una universidad no puede pedir de sus alumnos “espíritu universitario” si ella en sí misma no posibilita lo universitario mediante el fomento de cuerpos docentes estables.  Si el estado quiere ponerse regular y a imponer su visión en este sentido, bienvenido sea.

2.- “Vida universitaria”

“¿Qué esperas tú de la universidad?” podríamos preguntarles a nuestros alumnos de 4º medio. Probablemente muchos responderían: “vida social”  “vida universitaria” “acción social” “talleres”. Todas malas respuestas, pero  al fin y al cabo hijas de nuestra pobre educación escolar. Lo preocupante es que las universidades mismas son las que dan ese tipo de respuestas a la hora de definirse como una oferta interesante de estudio. Basta echar una mirada por las páginas web de muchas de nuestras universidades para darnos cuenta de que éstas se jactan de ganar campeonatos de fútbol, concursos de baile, de hacer asados multitudinarios o de construir millones de mediaguas, o invierten muchos recursos en espectáculos muy pobres (por ejemplo musicales estilo Broadway), como si todo eso fuese algo “universitario”, cuando no lo es. No lo es porque la universidad es una institución muy particular con fines particulares, no es el lugar para “crecer como persona” ni tampoco el lugar ideal para pasarlo bien, conocer gente, participar de talleres o ser solidario con los pobres: ese lugar se llama ‘vida’. La universidad tiene un objetivo más definido: ser el lugar en donde alumnos y profesores se encuentran para la investigación apasionada y sistemática de la verdad. Los griegos le dieron a ese tipo de vida el nombre de theoría, que tiene un matiz contemplativo, es decir, de algo esencialmente solemne y reverencial. Con esto no quiero decir que en la universidad no deba haber lugar para el jolgorio. Tiene que haber lugar para lo festivo, pero como dependiente de lo académico. Una borrachera medieval celebrando un torneo de retórica es algo muy universitario. Pero nuestros festivales o espectáculos universitarios no son universitarios, sino un mero recorte de “diversión” impuesta desde fuera a la universidad, simplemente para que los alumnos se diviertan, tal como lo harían fuera de ella. Los publicistas, los hombres del marketing y los directivos universitarios le han hecho mucho mal la estética universitaria, y con ello le han hecho mal a la universidad. Falta pensar bien qué tipo de estética es la que se corresponde con un lugar cuyo fin específico no es pasarlo bien o “desarrollar todos tus potenciales”, sino dedicarse afanosamente a la formación intelectual.  Las obras de teatro colegiales, el reguetón y las fiestas novatas son cosas ridículas que no deberían existir en la universidad. Las obras sociales y las actividades deportivas o recreativas deberían existir, pero sin ocupar el rol mediático preponderante que suelen tener. Este lugar deberían tomarlo, por ejemplo, el teatro clásico, los cursos obligatorios de lenguas, las ferias de libro usado  y los certámenes literarios.  De otro modo, nuestras universidades seguirán siendo, como decía Gómez Dávila,   lugares en donde la cultura se dedica a invernar.

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7 comentarios

Archivado bajo Actualidad, Educación

7 Respuestas a “Universidad

  1. Simeón el Estilita.

    Hace un par de días, me detuvieron en la universidad en la cuál estudio( según “rankings” la mejor), pidiéndome que dijera unas palabras para un video promocional, dirigido a los futuros novatos ¿ Qué tuve que decir ? ” En la universidad abundan las actividades extra-programáticas como el fútbol, el carrete, la Pastoral, y el guitarreo, etc”. Todo referido a “vida universitaria”. ¿Dónde queda la Academia?

    • Shong Ho Lao

      Así es Simeón, los publicistas, expertos en márketing y decanos ‘buena onda’ han hecho de la universidad un monstruo gelatinoso sin identidad, una mezcla de sala-cuna para adolescentes rebelditos o jovencitos con muchas dudas vocacionales (por ejemplo: entre jugar pin-pon o fumar pito) y pocas ganas de estudiar.
      Saludos por arriba de la columna,
      Shong-Ho

  2. Patricio:

    Excelente artículo. Como otras veces, ya me habría gustado escribirlo a mí.

    Habría que añadir -y esto no es un mal que tenga su origen en los 80- que la búsqueda de la verdad cede ante la capacitación profesional. La capacitación, ahora llamada “educación por competencias” es necesaria para la sociedad, y para la persona, y se beneficia, también, de la investigación teórica, pero en la universidad chilena (o napoleónica) el fin no es el conocimiento, sino la profesión.

    Algo más se podría decir sobre la universidad bajo modelo de Humboldt (universidad de investigación) donde sin duda hay una búsqueda del saber, pero con un modelo industrial: producción del saber. Esto también es algo útil y necesario, pero la contemplación de la verdad se ve menoscabada. Además, por ser necesaria para la producción, se produce la fragmentación del saber y se pierde la mirada de la totalidad, que es lo que distingue al sabio del erudito.

    En fin, no parece vislumbrarse una solución en el futuro cercano (sólo académicos de alma que vivan la universidad en la medida de sus posibilidades).

    Saludos desde amable Penco,
    Federico

  3. Batman

    Patrick.
    Discrepo. Aunque creo que es un problema de definición.
    En una columna anterior te referías al problema de liberalizar la marihuana: los que abogan por una liberalización estarían inconscientes, según tú, del daño que causa en las clases menos educadas y tendrían para sí una simple imagen de la droga como pasatiempo. Un pasatiempo que pueden dominar. Era una imagen elitista, alejada de la realidad, donde la Marihuana es para los menos educados una fuente de evasión que luego los lleva a la perdición. En tu columna ocurre lo mismo: tu visión de educación superior es elitista : bibliotecas, laboratorios y relación maestro-discípulo muy necesaria para quien quiera estudiar teología, filosofía, biología o cualquier carrera científica y seguir ese carril. El problema es que no todos quieren, ni – importante- tienen que seguir ese carril, y menos la gente que quiere ( o necesita) trabajar y no estudiar ( por lo general los con menos recursos educacionales o monetarios, o simplemente gente que odia los libros). En Chile, Universidades nuevas y antiguas, con y sin lucro, generan grandes científicos, no los mejores del mundo – a veces sí – pero bastante buenos y más buenos aún considerando lo chico que somos como país, con pocos habitantes y recursos y lo alejado que estamos del mundo que lleva miles de años de civilización ( Nosotros, apenas unos siglos). En Chile, Universidades nuevas y antiguas, con y sin lucro, se dedican a entrenar personas para que trabajen – y no para que sean científicos de la vida, religión u otra cosa – ya sea de abogados, administradores, profesores o técnico en electricista. Estos alumnos no van a buscar la verdad sino una oportunidad. Hacerles leer los clásicos en vez enseñarle leyes de manera que puedan trabajar, sea quizás la mejor manera de condenar. Finalmente,una lástima que creas que el Estado tenga que regular lo que es ¡según su visión! – la de Allende, Gomez Milla o Yasna Provoste – , o no es una Universidad. Si les quieres cambiar de nombre a las Universidades según su complejidad, bien, un lindo capricho. Si les quieres pasar, como Estado, recursos según “tu visión”, bien, bien por Bachelet.

  4. Fernando Ugarte Vial

    Pato: esta vez tengo un comentario crítico. Si bien concuerdo con muchas cosas, esta vez no cederé a la tentación de caer en el panegírico.
    En facultades como las de Derecho, los profesores de jornada completa debieran ser escasos, por no decir que debieran ser suprimidos. Todos los grandes maestros del Derecho, los que han hecho progresar la Ciencia Jurídica, han ejercido la abogacía, y es precisamente ese conocimiento práctico lo que les ha permitido desarrollar su sentido jurídico. Tal ha sucedido en nuestro país, desde don Andrés Bello (no era abogado de profesión, pero ejerció en el Ministerio de Relaciones Exteriores), pasando por Luis Claro Solar, Arturo Alessandri Rodríguez y Victorio Pescio, y hasta los juristas actuales. Cabe resaltar además el hecho de que los más grandes (Bello, por cierto, y también Claro Solar) dominaban el latín y poseían una considerable cultura humanista. Lo mismo se apica a los grandes juristas franceses (Pothier, quien ha sido llamado el Aristóteles del Derecho; distinguido magistrado desde temprana edad, y Domat, quien fue procurador del Rey).
    Creo que en Chile hay una sola excepción a esta regla, pero como dicen, una golondrina no hace invierno.
    Es entendible que las escuelas de Filosofía haya profesores de jornada completa; sin embargo, cabe preguntarse cómo podrá entender cabalmente el concepto por ejemplo de justicia, quien está encerrado entre 4 paredes y sólo va de su escritorio la sala de clases y vice versa.
    Huelga decir que no me operaría con un ratón de biblioteca, y que no contrataría para que construyera mi casa a quien sólo conoce la construcción por libros.
    Espero desde ya la siguiente columna. Un abrazo

    • Sí, muy cierto lo que dices. Hay disciplinas que son necesariamente teórico-prácticas, como el derecho y la medicina. En esos casos la “jornada completa” que uno esperaría es el hecho de que el profesor esté en la universidad un buen tiempo disponible para los alumnos, y que no sea meramente un abogado o un médico que se deja caer un par de horitas nada más y que es imposible encontrar para conversar o preguntar algo…

      • Pablo F.

        No se trata de que se esté más o menos tiempo en la universidad. Se trata de que lo universitario sea formalmente universitario, es decir, que aunque en último término la finalidad del estudio sea la práctica, como en medicina y en la mayoría de los casos derecho, la disciplina se enseñe teóricamente, como si lo práctico no fuera lo importante. Solo así, enseñando desde la primacía de la teoría, se puede sacar un buen profesional, porque o si no será un técnico. Ejemplo: la tendencia de hoy en las facultades de Derecho es a suprimir Derecho romano, porque “no sirve” para la práctica. Otro ejemplo: la desastrosa incapacidad de los médicos actuales de hacerse con una visión de conjunto de la medicina y del cuerpo humano.
        Dicho de otro modo: la universidad no es un lugar donde uno va a aprender una profesión u oficio, sino donde se te da la más alta reflexión teórica de una disciplina, por mucho que el 99% termine ejerciendo una profesión no “académica”, porque esa profesión no académica no se puede realizar si no se aprendió según el modo formalmente universitario, que es teórico.
        Esta es por si acaso, la tesis de Pieper en “El ocio y la vida intelectual”.

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