Archivo mensual: noviembre 2014

Subsistir y existir: la última película de los hermanos Dardenne.

José Antonio Giménez Salinas

Deux jours, une nuit (Dos días, una noche) es la última película de los hermanos Dardenne. Si tienes la suerte de tener en tu ciudad un cine que la muestre, te recomiendo ir a verla.

Esta película me tocó profundo. Sentir y volver con el pensamiento son experiencias de exquisita reserva en la (aburrida) montaña rusa de la vida postmoderna. A veces, pesimista, he creído que esas películas ya no existen. Que cuando otrora sentí, yo tenía fiebre, que cuando otrora volví una y otra vez con el pensamiento, yo estaba loco.

‘Dos días, una noche’ (2D-1N), en cambio, me hizo sentir sin tener fiebre, volver con el pensamiento sin estar loco. Algo tan íntimo no se le puede prometer a los demás. Pero puedo intentar describir el fenómeno y así alivianar o adelantar la promesa.

Sandra (Marion Cotillard) está saliendo de una depresión. Quiere volver a su trabajo, pero sus compañeros han votado por 14 votos contra 2Featured image por su despido. A cambio recibirán un bono de mil euros. Sandra, desesperada, consigue que la votación del viernes se vuelva a hacer el lunes: tiene frente a sí tan sólo un fin de semana para buscar a sus compañeros de trabajo y pedirles que cambien de idea.

La historia de 2D-1N es simple, personal, realista y auténtica. El minimalismo de los Dardenne no se funda meramente en una estética: minimalismo es aquí ‘concentración en la persona’. La historia de una persona y su posibilidad de abrir el mundo de otras personas. Sandra sólo puede alcanzar su tarea si expone su persona. Tal exposición, cuando somos laxos, nos da vergüenza, cuando somos moralistas, la tenemos por una desvergüenza. Pero ella no puede resolver su problema si no se involucra, sin hacer a los trabajadores de la empresa sentir compasión por su situación. La complejidad psicológica de Sandra no nos es revelada ni por la discursividad del cine de Bergman o el desentrañamiento de un Haneke: no se trata de resolver el misterio de Sandra, sino de encontrarse con ella como uno más de sus compañeros a los que viene a importunar un domingo al mediodía.

La vida, la vida real,images la de un hombre o mujer común, es el encuentro más elemental con la posibilidad de existir. Sandra debe trabajar y, antes que eso, creer que puede volver a hacerlo. El trabajo significa para ella subsistir y existir. Es precisamente en esa vida tan real, donde la subsistencia material se encuentra con la del espíritu, pero donde a la vez se demuestra la superioridad del espíritu. Sandra quiere ante todo existir. La circundan sin embargo dos tentaciones: ella cree ‘no existir’, no poder ser ya reconocida como competente para la sociedad. En un estadio más profundo, cree no ser ya digna de ser amada. Por otra parte, ella no quiere existir de ese modo, en la materia, con la persistencia y gravedad de la materia. Prefiere ser un pájaro cantante que tiene como cobija el cielo. El reconocimiento (la existencia mundana) y la evasión (la existencia transmundana) son sin embargo superadas por un camino que se abre desde la materia hasta el espíritu, desde la subsistencia a la existencia. Contra la lógica del mundo, su debilidad será su fuerza, su heroísmo el mostrarse vulnerable. Sandra no exige justicia – ni acusa injusticiimages (1)a –, ella pide compasión y generosidad. Estos encuentros personales – distintos y únicos – posibilitan la liberación de la materia, cuando no vuelven la atadura una más difícil de desasir. El dilema moral no surge de un imperativo categórico, sino de un encuentro personal, de un grito de auxilio.

Quizás por eso me tocó 2D-1N, quizás me encontré con esa mujer, con esa ficción tan real. Y quizás por eso salí tambaleante del cine y sentí que la realidad, esa que me esperaba bajo el frío de una noche otoñal, era menos real y por eso más ficción. Quizás porque existimos sólo cuando somos personas y somos personas sólo cuando nos encontramos de verdad con otro.

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