Archivo mensual: abril 2015

La sal de cada día

sal

por P.D.

Me he dado cuenta últimamente que ha aparecido un enemigo en las mentes de muchas personas: la sal. La sal es pésima para la salud; en Chile comemos demasiada sal; hay que cocinar sin sal porque vamos al desfiladero.

¿Hace cuánto que la sal comenzó a ser un enemigo de la salud y de la moral? ¿Desde que a un ministro se le ocurrió obligar mediante la ley el sacar saleros de restoranes y fuentes de soda?

El miedo a la sal es el miedo a la muerte. Si comemos mucha sal, nuestra salud empeorará, y si nuestra salud empeora, moriremos. No quiero reírme de la muerte ni despreciarla. Todos le tenemos miedo a la muerte. Pero “sublimar” nuestro miedo a la muerte mediante el miedo a la sal me parece, además de poco imaginativo, deprimente. ¿Qué logramos no comiendo sal? ¿No morir? ¿Muchos años más de próspera vida terrena, pero sin sazonar carnes y pescados, sin quesos y jamones? ¿Ese es nuestro último recurso ante el miedo a la muerte? ¿Dejar la sal, el cigarrillo, mantener la línea, hacer mucho deporte, y ser un pobre diablo preocupado todo el día de la salud?

Es espantoso ver con cuánta facilidad la palabra “malo” en sentido físico se las arregla para significar “malo” en sentido moral. La sal es mala, el cigarro es malo, la mayonesa es mala. Entonces, parece que al consumir estas cosas nos estamos haciendo malos, perversos. Muchas madres fuman a escondidas de sus hijos, como si sus hijos fueran sus padres severos y ellas tuviesen 15 años. “No quiero que me vean hacer esto” dicen.

¿Desde cuándo prender un cigarrillo se ha transformado en un acto vergonzoso? ¿Por qué saborear el humo del tabaco es una cosa no apta para que la vean los niños? Demás está decir que las películas de Disney no pueden incluir tabaco en sus personajes. Pobre Cruela de Vil…

Quizá no está lejos el día en que tendremos que avergonzarnos ante nuestros hijos de echarle sal a un pedazo de carne en la parrilla. Para qué decir el “pollo a la sal”. Quizá habrá locales clandestinos en donde se venda sal y los saleros sean equivalente a pipas para fumar opio. Hace poco supe de unas profesoras que le llamaron la atención a un apoderado por haberle mandado como colación unas galletas “Selz” a su hijo. ¿Qué monstruos estamos criando? ¿Niños que encuentran inmoral comer chocolates, berlines y “nachos”? Cuando sean adultos, ¿sentirán remordimiento por comer como la gente? ¿O se transformarán en profetas de una eterna cuaresma materialista, la terrible ascesis del apio?

“Somos un país de obesos” se nos dice. “Es un tema de salud pública”. Estoy de acuerdo. Chile es un país de guatones. Pero la manía contra la sal es una moda muy de clase alta, de gente delgada. Es una manía importada, al igual que la furia contra el cigarrillo; o el fanatismo por el “emprendimiento”.

Conclusión apurada: Poco a poco nos vamos dando cuenta de que cuando el estado se hace cargo de nuestro bienestar, le damos el derecho a meter las narices, como una madre aprensiva, en nuestros hábitos culinarios más triviales.

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