Archivo mensual: junio 2013

Tres meditaciones sobre el siglo XIX

por P.D.

El Holmes del futuro. La BBC sacó hace poco una serie llamada “Sherlock”, en donde el héroe de Baker Street vive en el Londres del siglo 21, maneja la tecnología al dedillo, combate su adicción al tabaco con parches de nicotina y publica sus teorías sobre la deducción en internet.  Su amigo Watson es un médico militar recién llegado de Afganistán que va a terapia psicológica y publica las aventuras detectivescas de su amigo en un blog también. La señora Hudson no es la casera que le trae la mermelada de naranja y el Daily Telegraph a Holmes y Watson, sino la arrendataria del piso, una confidente más del sabueso y su colega. Nos encontramos con un Holmes más democrático (invita a Mrs. Hudson y a Lestrade a pasar las navidades a 221b) y post-imperialista (no hay devoción a la monarquía, es decir, no hay un VR estampado en le muro, a punta de balazos, para “Regina Victoria”).sherlock benedict

Me parece una buena adaptación. Infinitamente superior a la basura de Guy Ritchie, por lo demás. Sin embargo, el afán aggiornista de los guionistas a veces puede escaparse con los tarros. Irene Adler, que en el original es una cantante de ópera enamoradiza, acá es una prostituta bisexual masoquista (!). Es obvio que los guionistas tienen la libertad crear lo que quieran. Pero aún así aparece una pregunta inquietante: Lo que era en la época victoriana una cantante con amantes aristócratas ¿equivale hoy a una prostituta con látigos? Mucho se habla en contra de la moral victoriana. Pero si la moral victoriana producía sopranos volubles en vez de engendros como la Adler de la serie, entonces prefiero la época victoriana. Todos con pipas, carruajes, vestidos largos y modales empaquetados, no estaría mal por un tiempo.

¿Vuelta a la edad de oro? Cristián Warnken, a quien todos les agradecemos su excelente programa de televisión y sus columnas, viene desde hace un tiempo fantaseando con la élite chilena del siglo XIX. Según Warnken, la élite del XIX se caracterizaba por su pasión por lo público. La élite de ahora sólo pensaría en su propio bienestar, su casita en La Parva y sus lujos de nuevo rico. Me parece una idea interesante. Pero cuidado: la élite del siglo XIX es bastante oscura. Para nombrar dos cosas: la élite chilena decimonónica fue la que, desde su complejo de inferioridad, intentó “afrancesarse”. Se destruyó lo poco que quedaba de arquitectura colonial y se prefirieron las columnas de mármol pintado. Los recios muebles coloniales fueron re-decorados. En segundo lugar: fue a la élite chilena la que introdujo la brillante idea de que el latín y el estudio de los clásicos eran cosa del pasado, y que había que “aprender lenguas modernas”. Ni siquiera hicieron caso a Andrés Bello, que afirmaba que el estudio de los clásicos era el fundamento de la educación.  Destruir artesonados y cambiar currícula: ¿Parecido mortal entre el intento decimonónico de afrancesarse y “modernizarse” y la obsesión actual de la élite por construir malls e imponer la tecnocracia en la educación? Es verdad que entre París y Silicon Valley hay una gran diferencia, pero de grado al fin y al cabo…

Newman y la edad media. John Henry Newman, en sus discursos sobre la Idea de Universidad, se declara aliviado de que finalmente en el siglo XIX lo cristiano y lo anti-cristiano se encuentren discerniblemente separados. O se es cristiano o se es laicista, no hay mezcla posible. Cuando existía la cristiandad medieval el error estaba entremezclado con la verdad y lo anti-cristiano crecía en el mismo seno de la iglesia. Nosotros no podemos decir lo mismo que Newman. En Chile todavía estamos en la Edad Media.

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